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Dos que improvisan

Atlético y Real Madrid carecen de rigor táctico, y tienen poco juego y mucha pegada

 

MARCOS LÓPEZ

Habitual perdedor en los últimos años, el Atlético llega el partido con el paso cambiado. Una final para los colchoneros, que verán cómo todas las ilusiones generadas en el arranque se pueden ir por los suelos si pierden. Los blancos tienen doble excusa: juegan fuera y Schuster ha puesto la venda antes que la herida. Su objetivo es la Champions, pero todos saben que el partido del Calderón es más importante que visitar Turín.

Veremos un Madrid diferente. La etapa de Schuster es la de un equipo triunfador en campo contrario con rivales de jerarquía. El secreto está en plantear el choque como un equipo pequeño: hacer muchos kilómetros de coberturas y permutas, esperando la calidad de los jugadores para marcar la diferencia. En fase defensiva, veremos un 1-4-5-1, resultante del repliegue del 1-4-3-3. Cinco blancos contra cuatro colchoneros, siempre uno del Madrid libre para hacer la transición tanto la ofensiva como la defensiva. En función del jugador que reciba tras recuperación, el Madrid atacará de diferente forma. Si recibe Guti o Van der Vaart: contraataque. Si los que reciben son Raúl o De la Red: tocará tener la posesión y aprovechar la superioridad. Con igualdad en el marcador, se buscará el contraataque. Si el Madrid se pone por delante, la idea es tirar de posesión para irritar al Calderón.

El doble pivote en fase defensiva parece garantizado. Diarra es indiscutible, pero no podrá jugar y los elegidos serán De la Red y Gago. En ataque, se rompe el doble pivote pasando a jugar Gago de vértice y De la Red de interior. Por delante, Van der Vaart en una banda, Sneijder en la otra, ambos a pierna cambiada, con Raúl y Van Nistelrooy en punta. Raúl ayuda en fase defensiva y al Atlético se le deja salir por banda jugando los cinco medios por dentro para obligar al Atlético a ir por fuera, tapando Raúl y Van Nistelrooy la salida de balón de Heitinga y Ujfalusi.

El Madrid es sencillez y pegada en lo ofensivo. Si el balón está en el costado derecho, verán cómo Raúl, Van Nistelrooy y un jugador de mediocampo atacan la posición del central más alejado de la pelota del adversario; en este caso, el central derecho. Hacer superioridad ahí provoca dudas y descolocación, dejando siempre a los madridistas en situación de ventaja. Un desmarque por delante del central, otro a su espalda, ese es el hábitat de Van Nistelrooy.

Alineación con interiores más que con extremos. Schuster gusta de ganar los partidos con 14 jugadores, pero no dispone de efectivos para cambiar el ritmo. Si Diarra hubiera sido de la partida, Guti habría sido el jugador para cambiar el ritmo con la pelota en los últimos 20 minutos. Otro cambio será Higuaín. Parece perfecto para darle velocidad cuando las fuerzas empiecen a decaer: una manera de ganar el partido sobre la bocina o de matarlo al contraataque.

No abandonar el 1-4-4-2 es una seña de identidad de Aguirre. Jugar el 2x2 contra los centrales es una de sus maneras de conseguir los triunfos, pero el Madrid opondrá dos centrales de jerarquía, Pepe y Cannavaro, más dos laterales que son centrales y que les gusta cerrar más que tapar la banda: Ramos y Heinze, más un doble pivote que cierre los caminos al Kun. La idea de Aguirre debe ser ganar el partido por fuera, pero escapando del juego de centros y remates. Desbordar para finalizar.

El funcionamiento de la línea de cuatro del Atlético suele pecar de individualismo, olvidando las ayudas, coberturas y las líneas de pase. Tiende a bascular en desorden, dejando espacio entre jugadores que posibilitan los pases interiores. Su concepto de defensa es presión al jugador en lugar de al balón y defensa de las líneas de pase. La presión al jugador conlleva desajustes fatales en el achique de espacios, dando al adversario muchas facilidades.