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El Inter tapia el Bernabéu

El Barça, incapaz de derribar la muralla levantada por Mourinho, se queda a un gol de la final de Madrid. Los italianos, que renunciaron a jugar, aguantaron más de una hora con diez

ENRIQUE MARÍN

El Bernabéu esperaba al Barça al otro lado de la tapia que levantó Mourinho, pero los de Guardiola fueron incapaces de saltarla y se quedaron a un gol de la final de Madrid, en la que sí estará el Inter. El tanto de Piqué a falta de seis minutos no fue suficiente y el miserable, pero efectivo, planteamiento del portugués obtuvo un premio excesivo para sus méritos, con un excelente rigor defensivo y nada más, pero tal vez no tan injusto por los deméritos del Barça, atascado en su línea de creación y sin apenas generar ocasiones de gol pese a jugar más de un ahora contra diez.

Guardiola dijo saber cómo ganar al Inter. Su receta, según avanzó, consistía en no fijarse en el equipo italiano y pedir a sus jugadores que fueran ellos mismos. Sin embargo, Pep varió su planteamiento habitual. Guardiola sabía que lo importante no era cómo planteara el partido Mourinho, sino cómo fuera capaz de jugar su equipo. El Barça no es un equipo reactivo; el Inter, sí. Pep alineó una defensa de tres, con cuatro en el centro para tener superioridad y tres arriba. No funcionó.

El gol de Piqué en el 84 sólo sirvió para dar emoción a un partido insulso

Si en Milán Mourinho le ganó a Guardiola en la pizarra con un Inter presionando todos a una, sin dejar espacios al Barçapara salir y maniobrar, pero sin renunciar a salir con peligro tras robo; anoche el luso varió su guión y no presionó la salida de los azulgrana, sino que se limitó a impedir que Xavi tuviera líneas de pase. Chivu, que reemplazó al lesionado Pandev, reforzó aún más el centro del campo. Mourinho jugaba en función del marcador, un riesgo asumido y del que sacó petróleo.

La renuncia absoluta del Inter, que cambió posesión por colocación, balón por posición, no supo contrarrestarla el Barça, incapaz de hincarle el diente. La baja de Iniesta, estruendosamente silenciada, se hacía notar. El juego de los azulgrana, demasiado previsible, tanto por fuera como por dentro, ya fuera colectiva como individualmente, facilitaba la tarea contemplativa de los italianos.

La expulsión de Motta, tan absurda como justa por propinarle un manotazo a Busquets cuando ya tenía una amarilla, condicionó aún más el planteamiento del Inter. Mourinho, que irónicamente aplaudió a la grada, tenía la coartada perfecta para atrincherarse sin remilgos. Sólo entonces llegó la primera ocasión del Barça, con un tiro ajustado de Messi al que Julio César respondió con una gran estirada. Con Ibra demasiado estático y facilitando la tarea de los centrales italianos, el argentino parecía el único argumento que le quedaba al Barça.

Con Ibra anclado, Messi varado y Xavi maniatado, el Barça añoró a Iniesta

El Inter seguía tan metido atrás que ya no tenía ni el recurso del balón largo a Diego Milito, convertido en un defensor más. El Barça estaba cada vez más cerca del área italiana, pero sin las ideas suficientes para superar las dos líneas de presión, auténticas trincheras levantadas por Mourinho. El 0-0 con el que se llegó al descanso era tan relajante para el Inter como inquietante para el Barça. El plan de Guardiola no había surtido el efecto buscado y en la reanudación Maxwell entró por Milito. El Barça jugaba contra el muro del Inter y contra las agujas del reloj. La excitación, como las prisas, nunca son buenas consejeras. Menos para el Barça, que necesita la pausa para desplegar su fútbol de toque, posesión y combinación.

Daba la sensación de que los culés estaban resignados. Sin precisión, pero también sin chispa. Bojan y Jeffren entraron por Ibra y Busquets para intentar dársela, pero el telón de acero del Inter, liderato por Lucio, se mantuvo sólido, y sólo una gran acción de Piqué dio esperanzas al Barça con un gol que sólo sirvió para ganar, pero no para remontar. Adiós, Bernabéu.