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María Ribera, una leona que reivindica ahora la paridad en el rugby desde la zona técnica

La entrenadora del equipo femenino Sanse Scrum denuncia la brecha salarial que existe entre hombres y mujeres en el deporte, al tiempo que defiende las ventajas de mantener equipos mixtos hasta alcanzar la categoría sub-16.  

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María Ribera, entrenadora del Sanse Scrum. Foto: Facebook

La selección española femenina de rugby 7 comienza este fin de semana en Glendale (EEUU) una temporada en la que el principal objetivo será la permanencia en las Series Mundiales. El sueño de competir en los los Juegos Olímpicos de Tokio quedó descartado en Kazán (Rusia), pero las leonas miran ahora hacia delante. Comienzan una nueva carrera de fondo.

María Ribera -o Maribí, con 'b'- ya no la disputará, pero conoce bien los sacrificios que exige este deporte. "Antes había muchas chicas que abandonaban el rugby porque les faltaba motivación", recuerda la que ha sido una de las jugadoras más carismáticas de la selección. "En los últimos años se está tomando cartas en el asunto y cada vez hay más competiciones para medirse", añade la extremeña.

La federación les ha dado espaldarazo un importante al anunciar que todos partidos de la máxima categoría serán transmitidos en directo. "Eso motiva. Dar visibilidad a nuestro trabajo también proporciona referentes para las nuevas generaciones que, con suerte, nos darán el relevo en este deporte", destaca.

Una élite deportiva mileurista

El rugby femenino crece a pasos agigantados en España, pero hubo un tiempo en el que ni siquiera había tallas adecuadas para vestir a las jugadoras y, en sus viajes para alcanzar la gloria con el combinado nacional, se alojaron en más de una ocasión en colegios mayores sin calefacción. "Me alegra ver como algunos diarios deportivos comienzan a reconocer la injusticia de que, en pleno auge del fútbol femenino, aún exista una brecha salarial abismal con los equipos masculinos", denuncia. Eso no quita que Ribera se solidarice con la lucha de estas jugadoras y reconoce los malos tragos que tienen que soportar las futbolistas durante los encuentros. "Nosotras no tenemos que soportar los insultos machistas que ellas reciben desde la grada", admite.

"Nosotras ni siquiera podemos soñar con los recursos de los que disponen las jugadoras de fútbol"

Maribí lo ha ganado prácticamente todo: anotó una liga con el Richmond en la Premier inglesa y, en su andadura con la Roja, sumó a su palmarés un cuarto puesto en el Mundial de Moscú de 2014, un bronce en el Campeonato de Europa de 2015 y fue campeona de la Copa de Bronce en IRB Canadá, entre otros triunfos. Sin embargo, nadie sospecharía que ha desarrollado una trayectoria fulgurante si echase un vistazo a su cuenta bancaria. 

"Los jugadores de clubes masculinos tienen muchas más posibilidades de hacerse profesionales y ganar dinero con esto", evidencia. "La mayoría de nosotras, en cambio, tenemos que conformarnos con verlo como una afición. El machismo es un lastre que llevamos toda una vida arrastrando y nos va a costar años acortar distancias", lamenta Ribera.

Desde que el Comité Olímpico Internacional (COI) ratificó en 2017 al rugby a siete como deporte olímpico, unas pocas elegidas pueden sobrevivir con las asignación mileurista de las becas ADO. "Las compañeras que compiten en la modalidad de rugby 15 tienen muy complicado conseguir una casa y un empleo por jugar profesionalmente a este deporte. En el mejor de los casos, no les da ni para una media jornada, a pesar a que le dedican mucho tiempo a entrenar", expone.

María Ribera, ante EEUU. Foto: EFE

La desigualdad no es solamente salarial

Estas deportistas ya han roto muchas barreras, pero aún queda un largo camino por hacer en el área técnica. En las mejores ligas femeninas todavía no hay paridad en los banquillos. La Liga Iberdrola sólo cuenta con dos entrenadoras de rugby femenino para esta temporada: Elena Roca -Helen- comanda el conjunto coruñés CRAT y Ribera, el club madrileño Sanse Scrum.

Maribí decidió colgar las botas después tras la Copa del Mundo de San Francisco, cuando todavía estaba en la élite de este deporte. "Fuimos quintas y sentí que ya había conseguido todo lo que el cuerpo me pedía. Hay muchas formas de retirarse y lo más satisfactorio es poder decidirlo tú", aclara.

Llevaba años muy duros a las espaldas. Siete meses antes de disputar en Rusia el Mundial del Seven, le detectaron una hernia de disco cervical y tuvo que pasar por el quirófano para que le unieran la C6 y la C7 porque perdía fuerza, pero la recompensa acabó llegando. Alcanzaron el cuarto puesto

La Federación de Rugby de Madrid, por ejemplo, ha elaborado un plan a cinco temporadas para conseguir una liga femenina Sub 18

Su estreno como técnica fue meteórico. "Siempre tuve en mente que el siguiente paso fuese entrenar profesionalmente y, cuando decido hacer una cosa, voy hasta el final. No podía desaprovechar la oportunidad", relata.

Logró el subcampeonato de la Liga Iberdrola para su equipo, el INEF L’Hospitalet. "Escogí ese club porque era mi raíz, donde empecé", cuenta con orgullo. "Fue una temporada muy dura: no teníamos suficientes jugadoras, se nos sumaron varias lesiones y en alguna ocasión me tocó saltar al campo para cubrir las bajas, pero conseguimos tocar la campana y dar la sorpresa de meternos en la final de la división de honor sin fichajes ni grandes recursos", relata. Una vez cosechados los frutos, afronta el reto de la nueva temporada con otro conjunto: el femenino de San Sebastián de los Reyes (Madrid).

Su nuevo rol le ha permitido observar este deporte desde otra perspectiva. "Intento proponer a las jugadoras objetivos que pueden conseguir. Ellas saben que me gusta el trabajo duro e invisible, priorizar el equipo", matiza.

Como jugadora, Ribera demostró esa filosofía en innumerables ocasiones: "Mi tipo de juego no luce tanto. Sé que me toca hacer el trabajo sucio: avanzar metros poquito a poco, conservar la pelota, placar y seguir empujando. Eso no se valora tanto, pero siempre tuve claro que era cómo más podía ayudar a mis compañeras".

María Ribera, entrenadora del Sanse Scrum. Foto: Diego Dolan (Facebook)

Los equipos mixtos, una gran cantera

El tópico de que el rugby es un deporte de hombres está superado. Una de las claves que han marcado la integración es que, a edades tempranas, chicos y chicas juegan juntos en el mismo equipo. "Hasta sub-16 no hay diferenciación, las jugadoras se integran en plantillas mixtas porque no hay suficientes clubes femeninos", detalla la técnica extremeña.

Ribera, al término de un partido con la Selección Española de Rugby 7. Foto: Instagram

Sin embargo, esta práctica podría cambiar en los próximos años. La Federación de Rugby de Madrid, por ejemplo, ha elaborado un plan a cinco temporadas (2019 - 2024) para conseguir una liga femenina de categoría Sub 18. 

"No es una mala idea, pero mantengo que si comienzan desde abajo, en sub-12, la anexión no es complicada", opina Ribera. "Es cierto que el rugby es un deporte de contacto, pero a esas edades no hay tantas diferencias físicas y jugar con chicos puede ser incluso favorable para su evolución. Este es un deporte muy competitivo", agrega.  Para la extremeña no hay limitaciones. "Tenemos que educar a las nuevas generaciones con libertad. Hay que enseñarles que las redes sociales son lo que les roba el descanso, no el deporte y que, en el campo, somos todos iguales", resume.