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Orgullo de fútbol

PORTUGAL 2 - ALEMANIA 3: La selección de Löw se mete en semifinales y le espera Croacia o Turquía. Alemania, con un Ballack imperial, derrota a Portugal en un encuentro extraordinario de ambos

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Cuartos de final de la Eurocopa. St. Jakobs Park a reventar. Huele a fútbol. Alemania, con su orgullo y el estilo agresivo y ambicioso que le dejó Klinsmann en herencia. La defensa a 40 metros, Ballack con su porte elegante y su trote cansino para gobernar el partido en largo y en corto. Schweisnteiger trilla su banda y lo que puede del área; gol. Podolski, con su agradecido sacrificio en la izquierda, celebra su pase tenso y raso a su amigo del alma.

Klose, pulula entre Pepe y Carvalho. Mazazo de cabeza en una falta: 2-0. Al otro lado Portugal. Deco interpreta, después de sus quiebro y a la carrera, los desmarques de Simao. Cristiano calla, pero le pone un altavoz al estadio cuando amortigua la pelota de espuela y enfila ansioso de gol a Lehmann, que le pone el pecho para descorazonarle. Lo reanima Nuno Gomes, que está para cazar los rechaces, las migajas del gol; 2-1.

Dos selecciones jugando a dos porterías. Con lo que tienen.Cara a cara. Es esa manera tan osada de interpretar el juego que descubre los defectos propios, pero que revienta los ajenos. Fútbol desnudo de tácticas . Entonces este juego se abre y se expande. Y justifica la presencia de 25.000 alemanes y 15.000 portugueses en el campo.

En partidos como el de ayer el fútbol enseña su poder adictivo. 90 minutos de emociones, de estados de ánimo de ida y vuelta. Escalofríos que van de una a portería a otra. En juegos así, este deporte se eleva el juego por encima de la intelectualidad esnobista que lo denosta, como si el arte y las ideas no fueran, son y serán mercenarias. Como si nunca hubieran generado el mismo aborregamiento del que acusan al fútbol.

Llueve sobre St.Jakobs Park y caen chuzos de punta para Portugal. Ballack, saca las manos de la experiencia y empuja a Paulo Ferriera antes de conectar el testarazo que parece que noquea a Portugal definitivamente. Si embargo, sigue de pie en el campo como los gallos de pelea que se saben perdedores. Aguanta por si el contrario comete un error que le haga recobrar las esperanzas de vida. Alemania lo comete. Ha salido Nani, que culebrea ante Friedrich, le emboba y saca una rosca tensa al ángulo ciego de los centrales, al hueco que hay entre los dos. Allí, Helder Postiga se eleva y marca los tiempos en el aire. Estética y física se conjugan en el remate; 3-2.

Portugal lo intenta hasta el último minuto. Cada quiebro de Nani es un nudo en el estómago de los alemanes. Ya no pueden más. Están reventados. Miran al árbitro. Final. El estadio en pie. Agradecido. Orgullo de fútbol.