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El orgullo irrespirable

Los polacos sueñan con hacer lo que no han hecho en la vida: ganar a Alemania. La prensa se ha encargado de llevar una histórica rivalidad a su punto máximo

ALFREDO VARONA

El orgullo hasta lo irrespirable. Así se interpreta este partido en la prensa polaca desde la que no hacen más que pegar puñaladas a los alemanes. Algunas de lo más primitivo como aquel montaje del periódico Super Express en el que Leo Beenhakker sostiene en sus manos las cabezas decapitadas de Ballack y Löw, el seleccionador alemán. Acompaña un titular inmenso y alucinante: “Leo, danos sus cabezas”. Pero Leo no ríe con esas cosas. Antes de que se confunda la verdad con la mentira, ha pedido disculpas. “Ese montaje es obra de gente desquiciada”, ha dicho.

Lo cierto es que entre Polonia y Alemania la paz no existe desde la II Guerra Mundial. En lo futbolístico, los polacos también se sienten dañados por el destino o por la fortuna que a veces son cosas similares. No han ganado una sola vez a los alemanes, leyenda que pesa y ofende. Sólo así se justifica ese periodismo incendiario en un país en el que la educación es sagrada. Pero hoy los polacos se sienten más próximos a los alemanes, tal vez mejores.

Beenhakker, de 65 años, ha fortalecido a una selección en la que los sueños tienen libertad. Se sitúa a este equipo al nivel de aquel grupo que llegó a semifinales en el Mundial de España 82, aquella delantera legendaria con Lato, Boniek y Smolarek. Hay motivo. Es un equipo joven con varios futbolistas por encima de la media. Sobre todo, el medio Krynowek, hombre de soluciones rápidas. A él nunca se le hace tarde con el balón. En eso resulta admirable. En la proximidad del área se asocia a Smolarek, más consistente con la camiseta nacional que con la del Racing en el fútbol español.

De cara a este partido Alemania es la paciencia, que trata su Doctor Honoris Causa: Michael Ballack. “Hicimos un buen Mundial hace dos años en el que demostramos que podemos ganar a cualquiera”. De entonces a hoy ha cambiado el seleccionador. Marchó Klinsmann, que necesitaba más tiempo para atender a su familia. Pero su sucesor Joachim Löw es de la misma correa. Mantiene casi a la misma gente del Mundial 2006: Podolski, Schweinsteiger, Klose... Pero ha introducido a Mario Gómez, posiblemente el único futbolista del mundo que ha marcado un gol con los genitales. Más allá de la anécdota, atiendan a este chaval. Lo llaman ‘Super Mario’ y es un delantero con detalles maravillosos y ascendencia española, por cierto.