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Es oro todo lo que reluce

La selección festejó entre familiares y amigos el triunfo hasta el amanecer, antes de recibir las felicitaciones oficiales. Gasol ejerce de maestro de ceremonias en Cibeles y la afición le aclama al grito de "¡MVP!"

MIGUEL ALBA / C. ARMILLAS

El seis de oros asomaba de una baraja que proponía fiesta. "¡Eh, venga la partida, tíos!", gritaba Marc como reclamo de un rato de pocha. "Habíamos quedado que jugaríamos en la pista como inicio de fiesta", explicaba el menor de los Gasol. Pero la locura había desatado otras formas de celebración. Ni Navarro, junto con Marc el gran inductor de la partida, ni el resto se acordaban ya del festejo previsto. Duchas de champán, de botellas de agua, empujones, abrazos, carreras y gritos habían convertido a los campeones de Europa en una incontrolable chiquillería. "No he llorado pero, como diría un amigo mío, se me ha puesto la gallina de piel", comentaba Ricky, el más niño y, paradójicamente, el más sereno.

Era el momento de las camisetas mojadas en el Spodek Arena de Katowice. "Imagino que tendré el móvil a reventar de mensajes y llamadas", gritaba Felipe Reyes con el traje de faena aún chorreando del agua carbonatada polaca. Los gritos y las correrías encontraron su intimidad en el vestuario donde Marc, como sucedió tras el oro del Mundial de Japón, dejó su barba en un perfilado bigote que incluso sorprendió a su novia cuando le vio en la fiesta del Skybar del hotel Qubus. "¿Qué te has hecho?", le dijo. "Estos", se justificaba Marc.

Estos, sus compañeros, y él llegaron casi hora y media después de que la madre de Ricky empezase a soltar anécdotas sobre su progenitora. "Recorta todo lo que sale de Ricky en los periódicos. Antes de que fichara por el Barça, me llamó un día para echarme la bronca porque no le había dicho que Ricky iba a jugar con Aíto en Unicaja. ¡Qué no, mamá, que aún no sabemos por quién fichará! Pero es que me han dicho [contestó la abuela] en la panadería que Rubio se iba con Aíto. Sí, mamá [respondió la madre de Ricky], pero ese es Guillem (el último descarte de Scariolo antes de llegar a Polonia), no Ricky".

"¡Pepe, saca el cheque!", cantaron los jugadores al presidente Sáez

Mientras Pau hacia relaciones sociales, Cabezas prestaba la enorme medalla del Europeo a amigos y familiares. "Sin duda, es la más grande que tengo. Es enorme", soltaba el nuevo base del Khimki. La mayoría buscaba algo que llevarse a la boca. Lejos de cualquier producto que sonase a ibérico, los campeones de Europa cenaron como esos grupos de adolescentes que comparten gastos delante de una bandeja de patatas y pollo. "Mañana llegará el jamón", decía Felipe, mientras Rudy pedía música. "Esto está muerto", le decía a su hermana Marta.

Las prisas por coger el chárter dejaron al grupo prácticamente solo en el piso 27 del hotel Quubus. En un rincón, todos sentados menos Pau y con Scariolo ejerciendo de padre, sosteniendo a su hijo ya dormido, llegó el último momento de exaltación de la amistad. "Camarero, camarero", gritaba Pau. "¿Qué?", le contestaba el resto. "¡Una de champiñones!", se aplicaba el de los Lakers. "¿Una de champiñones?", volvían a replicarle todos antes de formar un gran círculo mientras cantaban "¡Champiñones, oé, champiñones, oé!". Las distintas comandas al camarero cambiaron pronto de objetivo. "¡Pepe, saca el cheque; Pepe, saca el cheque!", le reclamaban al presidente de la Federación, mientras este apuraba el último trago ya de madrugada. Era el momento de cambiar la fiesta por el descanso del vuelo. Antes, Rudy, con el altavoz de su ipod en mano, llenó de música el último viaje en autobús por Polonia.

A las 9:15 de la mañana, la T3 del aeropuerto de Barajas abría sus puertas a la llegada de unos campeones "con mucho sueño, pero muy contentos", comentó Claver, quien portaba la copa. Ricky, el más joven de la expedición, ya pensaba en la celebración: "Tenemos unos cuantos actos, así que hay que portarse bien". Pau Gasol se mostraba más feliz en sus declaraciones. "Teníamos ganas de volver a casa y compartir esto con todos los aficionados", señaló.

La figura del Europeo de Polonia llevaba el balón de la final en una mano y el trofeo al MVP del torneo, en la otra. Al ser preguntado por si se quedaba con el torneo o con el anillo de la NBA, Pau señaló: "Son dos triunfos diferentes y alucinantes. Lo único que nos queda por conseguir es el oro de unos Juegos y vamos a seguir luchando por conseguir ese sueño", advirtió después.

Mudados para la ocasión, los chicos de oro se dirigieron a la Moncloa para recibir la felicitación de José Luis Rodríguez Zapatero. "Uno se siente orgulloso de ser español y de ser presidente del Gobierno de España viendo cómo lo hacen quienes llevan nuestra bandera por el mundo, cómo han jugado, cómo con su actitud enseñan no sólo a jugar a baloncesto, sino también a estar en la vida. Sois los campeones como equipo y como grupo humano", señaló el presidente del Gobierno, aficionado al baloncesto y admirador de Gasol. "¡Al fin llegó!", exclamó el príncipe Felipe en alusión a la consecución del oro europeo ya en la Zarzuela.

Zapatero y los reyes alaban el esfuerzo y la calidad del grupo 

La fiesta, más desenfadada y menos concurrida de lo esperado, llegaría después, con los jugadores ya montandos en un autobús descapotable que recorrió las calles de Madrid hasta llegar a Cibeles. Entre miles de seguidores, la diosa escuchó cómo los aficionados ovacionaban a Gasol al grito de "¡MVP, MVP!". Al estilo de la selección española de fútbol y con Pau como maestro de ceremonias, también campeona de Europa, los chicos de Scariolo tomaron el balcón del Ayuntamiento, siguieron a Llull cuando entonó el ¡Que viva España! que tanto gusta a Felipe y tararearon Ive got a feeling de Black Eyed Peas.

Sus gracias no encontraron la misma complicidad que las de Reina cuando los futboleros tomaron la plaza madrileña, pero, con camisetas en apoyo de la candidatura olímpica de Madrid 2016, los chicos de oro abandonaron la plaza entre una estruendosa ovación.