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La poética del clásico

La ministra de Defensa analiza para ‘Público‘ el maratón Madrid-Barça

CARME CHACÓN*

El genial Manuel Vázquez Montalbán escribió a comienzos de los noventa que "el miedo a ganar en el momento decisivo", que según él lastraba al Barça desde tiempo inmemorial, podía ser la consecuencia de "una larga educación en el no pasarse y el disimulo de los propios atributos que algunos filósofos señalan como características del talante catalán". De ser cierto, y a juzgar por el juego que despliegan ahora los hombres de Pep Guardiola, el Barça habría conseguido recorrer un largo trecho en su educación sentimental. Quizá también Catalunya. El arte de triunfar sin victimismo y sin temor a ser querido por el prójimo podría ser un gran legado del barcelonismo a la cultura catalana, exportable a cualquier lugar del mundo. ¡Cuántos culés me encuentro en el resto de España y también en el extranjero, orgullosos de serlo!

Pero el clásico, por mucho que MVM convirtiese al Barça en género literario propio, no es la política por otros medios. Ni es una guerra simbólica entre eternos rivales, como muchos comentaristas quieren hacernos creer. La analogía es fácil, pero insuficiente. El clásico, además de espectáculo en la sociedad ídem, es reconciliación de opuestos, comunicación de contrarios. Punto de encuentro. Síntesis.

Es una obra en constante relectura que nos emociona una y otra vez

El Real Madrid ha ganado la única final republicana de la Copa de España, en junio de 1936. El Barça triunfó en la final del 68, el mismo año que Massiel ganó Eurovisión con una canción que Serrat se negó a cantar en castellano. En 1974, ante los antimadridistas del Vicente Calderón, se impusieron los merengues por 4-0. ¡Visca el Madrid! Después, en 1983 y en 1990, los blaugrana lograron batir a un Madrid que se creía invencible. ¡Hala el Barça! En total, tres victorias del Barcelona por dos del Madrid, que hoy podría resarcirse y equilibrar el palmarés (Messi no lo quiera).

De todos modos, en estos casos, el resultado no será tan importante como su interpretación. El clásico es primero una épica, después una poética. Siempre habrá otro clásico para sacarse la espina. De hecho, en esta temporada nos quedan, con el de hoy, tres Madrid-Barça para nuestro disfrute y particular recreación. Merengues y culés jugaremos el tercer tiempo en la barra del bar, en el escaño o en la oficina. O en las páginas de este mismo periódico. De ahí que echemos tanto de menos a MVM y sus justas poéticas con "el corazón tan blanco" de Javier Marías. El columnismo y el tertulianismo son la continuación del clásico por otros medios, como a menudo la literatura lo es del espectáculo o del periodismo. Por eso el Madrid-Barça es un clásico: una obra en constante relectura, que nos emociona una y otra vez.