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Los sortilegios de la selección

España ha mantenido siempre todos sus rituales

PEPE GARCÍA-CARPINTERO

Si las cosas funcionan, para qué tocarlas. Esta forma de vida se puede decir que se ha convertido en todo un modus operandi en la selección. La fama que tiene Luis de maniático o supersticioso parece que también ha calado entre los jugadores en el mes largo que llevan a su lado.

El camino hasta la final ha dejado mil y un detalles que hacen pensar que el ritual que comenzó espontáneamente en Neustift se ha ido transformado según pasaban los partidos en un auténtico dogma de fe para los futbolistas y el cuerpo técnico. Y lo cierto es que los resultados les dan la razón.

Cada vez que se ponen camino de un estadio, Sergio Ramos irrumpe, los demás se ríen. El lateral, siempre atento a todo el foco musical, da al play y una letra comienza a sonar en todo el autobús, mientras las palmas del resto acompañan.

“Hoy te veo arreglada aunque ya no queda nada, mi nuevo amor cada día se parece más a ti”, canta a coro todo el grupo. Se trata de Jambao, su letra ha inundado el autocar rojo, pero no ha sido la única canción, Andrés Calamaro también ha tenido sus momentos de gloria en la concentración y su archiconocido, “Maradona no es una persona cualquiera...” está segunda en el ranking. Estas canciones son las que están acompañando en esta Eurocopa a la selección y, claro, De la Red, al que en el Getafe le ha funcionado con el Barrio, ya se ha apresurado a decir que con estas cosas no se juega y que, cuando algo funciona, no hay que cambiarlo.

A la llegada al terreno de juego, Casillas siempre es el primero en poner pie en tierra junto a Luis. La jerarquía se impone. Pero ya en el terreno de juego y tras los himnos respectivos, nos encontramos con otro amuleto. Casillas siempre elige el campo de la izquierda, según se mira desde los banquillos.

Es el pueblo del milagro. Los jugadores siempre tendrán en su mente el nombre de este pueblo austriaco. Tan es así, que los jugadores pedían regresar de inmediato allí ya que les daba buena suerte. Lo intentaron hasta en la semifinal. Pero el palizón podría haber sido descomunal. Sea como fuera, tras disputar la final, está previsto que regresen a Neustift por la noche para despedirse de su pueblo milagro.

Luis se ganó la confianza de los jugadores con este tipo de cosas. El grupo se aproximó más al seleccionador, siempre que después rindieran el día siguiente. Los internacionales siempre tuvieron una tarde libre para estar con sus familiares. Hasta 48 horas antes de la final, gozaron de la confianza de Luis. Estamos ante un ritual que con toda seguridad repetirán escrupulosamente mañana. Aunque ya se sabe con estas cosas, el que no cree... Pero ¿y si pasa?