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Xavi, la leyenda más viva

Xavi, con 549 partidos, igualará a Migueli como el jugador que más veces ha vestido la camiseta blaugrana

 

C. ARANDA/C. GUIMERÁ

Aunque es miembro de una familia de fútbol, ni en el más optimista de los sueños podían imaginar cuando era un niño que Xavi Hernández sería campeón de Europa, del Mundo, de todo, y finalista del Balón de Oro que se entrega el próximo día 11. Todo empezó en el Jabac Terrassa, donde su padre Joaquim Hernándeztrabajaba en el fútbol base. "Con 6 años, Oriol Tort ya lo quiso fichar para el Barça, pero le dije que era muy pequeño para irse. A los 10, dejé que se lo llevaran", rememora el mismo Joaquim, que desde entonces ha sido mentor y espectador privilegiado de una de las trayectorias futbolísticas más deslumbrantes.

Con 549 partidos, el de Terrassa iguala hoy a Migueli, otro gran mito culé

La leyenda de Xavi será hoy todavía más grande, puesto que, con 549 partidos, igualará a Migueli como el jugador que más veces ha vestido la camiseta del Barça. "Es un privilegio haber sido su compañero primero y después su entrenador. Con lo pesado que es, a lo mejor juega 500 partidos más", bromeó ayer Guardiola.

En todos estos años, Xavi ha vivido situaciones y sentimientos de todo tipo y ha llenado su casa de recuerdos y trofeos. "Lo guarda todo en una habitación, pero no es muy materialista. Quizá cuando se retire podemos montar un museo en casa", narra su padre. Algunos momentos no los olvidará nunca.

Debut

"Con lo pesado que es, a lo mejor juega otros 500 más", dice Guardiola

Xavi debutó con el primer equipo del Barça en la ida de la Supercopa de España de 1998. Rescatado de sus vacaciones, el centrocampista entró en el once inicial azulgrana que saltó al césped del viejo Lluís Sitjar de Mallorca. En el minuto 15, recibió un pase de Nadal y mandó el balón al fondo de la red del argentino Roa. El Barça de Van Gaal acabaría perdiendo aquel partido (2-1) y el torneo tras el 3-3 de la vuelta.

El fútbol español vivía un momento de desafección a nivel de selecciones y aquel Mundial no despertó demasiado interés. Además, las malas condiciones que se encontraron en Nigeria (alojamientos, comidas...) provocaron que los jugadores casi desearan volver a casa. Pero el triunfo ante la Brasil de Ronaldinho en la primera jornada cambió la dinámica del grupo y el equipo de Sáez alcanzó el mayor éxito tras la medalla de oro en los Juegos de Barcelona 92. Xavi jugó aquella final en una selección donde Casillas y Yeste eran suplentes.

El Barça de Van Gaal llegaba a Zorrilla en plena crisis, después de cuatro derrotas consecutivas en la Liga, y con el técnico consciente de que se jugaba el cargo. El holandés dejó en el banquillo a un renqueante Guardiola y cedió los galones a Xavi, que dirigió el equipo con mucho acierto. Pasado el primer cuarto de hora, César, el guardameta pucelano, desvió un disparo de Rivaldo y Xavi, muy atento, cabeceó el balón a la red casi en la misma línea. Van Gaal salvó la cabeza gracias a la victoria por 0-1 y el Barça, que iba noveno, acabó siendo campeón.

A cinco minutos del final, Xavi combinó con Ronaldinho, estático ante la zaga blanca. El canterano buscó la diagonal, ofreció un espacio y el brasileño encontró una solución en forma de asistencia de cuchara que el de Terrassa remató por encima de Casillas. Era el 1-2, el Barça había remontado y la victoria certificó el colapso del primer proyecto de Florentino Pérez y asentó las bases del proyecto dirigido por Rijkaard.

Una rotura completa del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha truncó a Xavi una temporada de ensueño. Pese a recuperarse antes de los seis meses previstos, no participó de forma activa en el tramo final de la segunda Liga ganada por el Barça de Rijkaard ni en la conquista de la Copa de Europa en París.

Luis Aragonés había salido tocado del Mundial de Alemania (2006) y la selección se encontraba inmersa en una nueva etapa sin Raíl. La nueva adoptó parte del modelo futbolístico del Barça, con jugadores pequeños, con movilidad y buen tacto con el balón. Xavi se convirtió en el líder futbolístico de la nueva España y suyo fue el pase en profundidad que Torres aprovecharía para batir a Lehmann.

La espina de París le duró a Xavi tres años, los que tardó el Barça en volver a ganar la Liga de Campeones, esta vez en Roma ante el Manchester (2-0) en un monólogo de toque azulgrana, en gran parte culpa de la capacidad de acaparar y distribuir juego del de Terrassa. Lo certificó el hecho de que fuera nombrado mejor jugador de la Final.

Muy pocas cosas le quedaban por hacer a Xavi en su carrera. La más elevada, sólo al alcance de unos pocos privilegiados, la certificó como santo y seña de la primera España campeona del mundo. Su palmarés no tiene ya ninguna casilla vacía, pero un premio individual como el Balón de Oro podría ser la penúltima guinda de su carrera.