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Apellidos históricos del sector de la construcción ceden ante el empuje del capital mexicano

Esther Koplowitz culmina la entrega de FCC a Carlos Slim, después de que la familia Villar-Mir facilitara el control de OHL a los hermanos Amodio

El magnate mexicano Carlos Slim, máximo accionista de la constructora FCC, en una rueda de prensa en Madrid. EFE
El magnate mexicano Carlos Slim, máximo accionista de la constructora FCC, en una rueda de prensa en Madrid. EFE

VICENTE CLAVERO

Hace apenas veinte días se anunció la toma de control de Obrascón Huarte Laín (OHL) por los hermanos Luis Fernando y Julio Mauricio Amodio. Y esta semana se ha conocido el reforzamiento de Carlos Slim en Fomento de Construcciones y Contratas (FCC). Los dos gigantes de la construcción han estado vinculados siempre a dos apellidos, Villar-Mir y Koplowitz, respectivamente. Ahora, sin embargo, ambos están dominados por inversores mexicanos.

El desembarco de los Amodio en OHL se diseñó en dos fases. El mes pasado, dieron un primer paso con la adquisición del 16% del capital al grupo Villar-Mir por 50,4 millones de euros, el doble de su precio de mercado. Antes del 22 de noviembre deben comprarle otro 9% a cambio de 31,6 millones más. De esa forma, los hermanos se convertirán en accionistas de referencia de OHL, en sustitución de la familia fundadora, que antes de la operación aglutinaba un 33%.

En FCC las cosas han discurrido de otra manera. Slim ya tenía el control del 61,1% del capital y era quien mandaba en el grupo, aunque Esther Koplowitz conservaba un 20%, cuatro puestos en el consejo y la presidencia, ocupada por su hija Esther Alcocer Koplowitz.

Lo que ha hecho la segunda mayor accionista de FCC es traspasar al magnate mexicano algo más de tres cuartas partes de su paquete (el 15,4%) para saldar la voluminosa deuda que mantenía con él.

Esa deuda la había contraído inicialmente Esther Koplowitz con BBVA y Bankia y ascendía a 843,4 millones de euros, pero Slim se la compró a las dos entidades financieras en 2018 por 600 millones, previa quita de casi un 30% de su importe. El valor del 15,4% cuyo traspaso se ha comunicado esta semana era de 524,9 millones de euros a 30 de abril, fecha de vencimiento de la deuda, lo que significa que Esther Koplowitz se ha beneficiado de una sustanciosa prima.

Además, al menos de momento, va a mantener sus cuatro consejeros y la presidencia que ocupa su hija. Slim no descarta ofrecerle también la opción de recomprar en el futuro un 5% del capital, que se sumaría al exiguo 4,6% que Alicia Koplowitz todavía conserva y que deja muy mermada su capacidad de influencia real en el grupo. El día a día de FCC lo gestiona un hombre de la casa, Pablo Colio, en calidad de consejero delegado, pero el núcleo duro es de mayoría mexicana.

Tanto los Amodio en OHL como antes Slim en FCC han sido los salvavidas de sus propietarios tradicionales, muy lastrados por las deudas y por las dificultades que atravesaron ambos grupos como consecuencia del colapso de la construcción durante la crisis económica.

Su intervención ha permitido que los Villar-Mir, por un lado, y Esther Koplowitz, por otro, se mantengan al flote, aunque con su voluminoso patrimonio algo mermado.

El fundador de OHL, Juan Miguel Villar Mir, ha sido uno de los hombres más ricos de España, con una fortuna que en 2016 alcanzaba los 2.900 millones de euros. Mantenía, además, una posición privilegiada en las altas esferas del poder, gracias entre otras cosas a su estrecha relación con el rey Juan Carlos, que en 2011 le dio el título de marqués.

Sin embargo, salió muy tocado de la crisis y su crédito social cayó a plomo cuando apareció en los papeles de Bárcenas como uno de los presuntos financiadores del PP, cosa que él siempre ha negado.

Esther Koplowitz, junto con su hermana Alicia, heredó un imperio a la muerte de su padre, aunque no asumieron la gestión hasta la ruptura con sus exmaridos, los primos Albertos Alcocer y Alberto Cortina, a finales de la década de los ochenta.

Diez años después, Alicia decidió retirarse de la vida empresarial y dedicarse a las inversiones, a agrandar su colección de arte y a la fundación que lleva su nombre. Esther se quedó en solitario a cargo del grupo, después de comprar la participación de su hermana por casi 150.000 millones de pesetas.

Las tomas de control de OHL y de FCC son quizás las más sonadas del capital mexicano en España, pero no las únicas. Inversores del calibre de Antonio del Valle, Juan Carlos Uriarte o David Martínez también han echado las redes en un mercado propicio como este, sobre todo a raíz de la crisis económica. Bancos como el Sabadell o el Popular (antes de su absorción por el Santander), empresas de alimentación como Campofrío o cadenas de restauración como VIPS han caído en manos aztecas, y nada invitar a pensar que vayan a ser los últimos.

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