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Emergencia del coronavirus Compartir o no la deuda, el ser o no ser de la Unión Europea

La Europa más rica se niega a reconocer que ante una emergencia de la magnitud del coronavirus no todos los miembros de la Unión Europea tienen el mismo margen de actuación. Financiar las medidas contra el virus con la emisión de deuda conjunta y mantener vivo el espíritu europeo es la nueva batalla que libran en Bruselas los países del sur. 

Banderas de la UE, delante del edificio de la Comisión Europea, en Bruselas. AFP/Kenzo Tribouillard
Banderas de la UE, delante del edificio de la Comisión Europea, en Bruselas. AFP/Kenzo Tribouillard

El acuerdo de mínimos que alcanzó el Eurogrupo este pasado jueves por la noche supone salvar la bola de partido a la que se enfrentaba la Unión Europea (UE) con la emergencia del coronavirus. Un acuerdo que dejó satisfechos a todos, pero solo a medias: tal como querían los países encabezados por Holanda y Alemania, el acuerdo no implica mutualizar o compartir la deuda europea –a través de la creación de los llamados coronabonos–, aunque España e Italia, los países europeos más afectados por la pandemia consiguen que se destinen ayudas por valor de hasta algo más de medio billón de euros para hacer frente a la emergencia sanitaria sin que ello lleve aparejado un programa de reformas estructurales, tal como ocurrió en la reciente crisis financiera que se desencadenó en 2008.  Los países que accedan a estas ayudas tendrán que devolver el dinero, sí, pero no a cambio de más austeridad.

Por ahora, el paquete de medidas adoptadas consta de tres pilares: una línea de crédito del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), el fondo de rescate, con 240.000 millones de euros en préstamos; un fondo del Banco Europeo de Inversiones con hasta 200.000 millones en créditos para empresas y un fondo temporal contra el paro –llamado Sure– con 100.000 millones para ayudas al empleo.

El comisario de Economía, el italiano Paolo Gentiloni, subrayó tras la reunión del Eurogrupo que este fondo de recuperación será "crucial" para evitar que aumenten las divergencias económicas en la Unión Europea (UE).  "Esto sería un peligro para nuestra Unión", afirmó el comisario.

El presidente del Eurogrupo, el portugués Mário Centeno, ahondó en la idea de que todas estas medidas son una respuesta "ambiciosa e impensable hace unas semanas". "Frente a una amenaza enorme para nuestro futuro estamos listos para enterrar nuestras diferencias", añadió Centeno.

Pero las diferencias se han enterrado a medias. El acuerdo del  jueves por la noche aplaza pero no evita una decisión crucial que tarde o temprano tendrá que tomar la Unión Europea (UE) si quiere seguir haciendo honor a su nombre. Ahora mismo la Europa más rica se niega a reconocer que ante una crisis de esta magnitud no todos los miembros de la UE tienen el mismo margen de actuación.

Por eso, una decena de países, entre ellos España, Italia y Francia, creen que lo mejor es financiar las medidas contra el coronavirus con la emisión de deuda conjunta avalada también por los países más ricos; por el contrario Alemania, Holanda, Austria o Finlandia se niegan a responder conjuntamente por el riesgo de impago y prefieren aplicar la política del sálvese quien pueda, lo que implica la posibilidad de que algún Estado pudiera quebrar.

En ese sentido, la vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, aseguró este viernes en una entrevista en la cadena Ser que el Gobierno español va a seguir trabajando para establecer "en el medio plazo" un mecanismo de mutualización de la deuda europea. Calviño señaló que no importa cómo se llame el mecanismo, sino "poner en común los costes de luchar contra esta pandemia", de una forma más estructural.

"Algunos Estados miembros creen que esto [la financiación] debería lograrse con la emisión de deuda común, otros Estados dicen que hay que encontrar alternativas", se limitó a señalar, más prudente, Centeno en la rueda de prensa posterior a la reunión del Eurogrupo.

El debate que queda así aplazado hasta la próxima cumbre europea, aunque muy posiblemente se prolongará más allá. Ahí volverán a enfrentarse dos visiones de Europa que ya vivieron su primer enfrentamiento con la crisis que azotó al continente entre 2008 y 2015 y que ahora reviven un segundo asalto pero con una una línea roja que entonces no existía, la de que no tiene sentido imponer condiciones como las de los rescates financieros al tratarse esta de una crisis de la que ningún Estado es responsable.

Y en esa batalla de dos ideas tan diferentes de Europa, los que defienden una Unión Europea solidaria cuentan con una inesperada aliada: la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde. Aunque quitó hierro a la falta de los coronabonos al asegurar que ningún Estado de la UE quebrará, Lagarde también aseguró esta misma semana que no es posible responder a la crisis generada por la pandemia con "recetas del pasado".

Como ocurre casi siempre, lo que pueda ocurrir en Bruselas, no ya los próximos meses sino los próximos días, es una incógnita. Nadie sabe cómo saldrá la UE de este envite. De momento, esas dos visiones de Europa han firmado una tregua, pero aún tienen mucho de que hablar y muchos escollos que superar, el más importante decidir qué hacer con la deuda. Ahí se juega la UE buena parte de su ser.


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