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La izquierda europea teme que las generaciones futuras paguen la deuda de esta crisis

La propuesta puesta encima de la mesa por la Comisión Europea evidencia una vez más diferencias entre países del norte y sur de Europa, los 'frugales' y los 'amigos de la cohesión'.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, conversa con el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, ambos con mascarillas, en el Pleno extraordinario de la Eurocámara sobre el plan anticrisis del Ejecutivo comunitario. E.P
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, conversa con el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, ambos con mascarillas, en el Pleno extraordinario de la Eurocámara sobre el plan anticrisis del Ejecutivo comunitario. E.P

La Comisión Europea ha presentado este miércoles un fondo de recuperación de 750.000 millones de euros para hacer frente a la crisis del coronavirus. Este fondo, que iría ligado al presupuesto europeo para el periodo 2021-2027, se financiaría a través de la emisión de bonos con un vencimiento máximo de 30 años.

"O cada uno va por su lado, dejando a algunos países, regiones y personas detrás, y aceptando una Unión Europea de ricos y pobres, o caminamos juntos". Con estas palabras ha arrancado el discurso de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en el pleno de la Eurocámara, donde ha presentado el instrumento de rescate a la UE.

Según la alemana, su propuesta va encaminada a defender "una Europa verde, digital y resiliente". Ha afirmado que trabaja por una Europa "para una generación conectada, con una visión clara de la dignidad humana y el Estado de derecho, donde los gobiernos rindan cuentas por el cambio climático". "Un pacto generacional para el futuro", ha añadido.

La Izquierda Europea, sin embargo, teme que las nuevas generaciones sean prisioneras de la devolución de la deuda que se produzca en esta crisis. Aun así, ve señales positivas en el plan propuesto por Bruselas, pero alerta del peligro de las reformas que puedan acarrear.

Este fondo se financiaría a través de la emisión de bonos con un vencimiento máximo de 30 años

La portavoz de Izquierda Unitaria, Manon Aubry, dice ser parte de la generación "que sufrió las consecuencias de políticas neoliberales europeas de los últimos años, que han aumentado las desigualdades y ha destruido el planeta". Generación que muchos llaman generación perdida.

La francesa ha advertido que el plan propuesto "se queda a medio camino" y su grupo desconfía de las reformas que puede acarrear que la condicionalidad para acceder al fondo esté ligada al Semestre Europeo.

La eurodiputada de Unidas Podemos, Sira Rego, considera que la propuesta presentada este miércoles por la Comisión Europea es un paso adelante en la buena dirección. Sin embargo, lamenta que la propuesta sea mucho inferior a la presentada por la Eurocámara.

"Parece que la Comisión ha entendido la importancia de la inversión pública para garantizar los derechos de todas y todos", ha señalado la valenciana. Así, ha aplaudido algunas cuestiones como "los 55.000 millones extra para el fondo de cohesión, el refuerzo de otros programas como el Fondo de Transición Justa o la inversión en fomentar un tejido productivo sostenible".

Rego considera que es un proyecto "ambicioso", aunque "incompatible con las actuales normas de fiscalidad". Por ello insiste en abolir el Pacto de Estabilidad de forma definitiva. Así, aplaude la propuesta de generar recursos propios, pero insiste en que "esto debe de ir acompañado de un plan para acabar con la elusión y la evasión fiscal".

El portavoz de la familia popular en el Parlamento Europeo, Manfred Weber, ha arrancado su discurso aplaudiendo la propuesta de Bruselas. "Ha regresado la solidaridad, el espíritu de Robert Schuman", ha afirmado. Así, ha señalado que "la solidaridad va de la mano de la responsabilidad" y ha lanzado un mensaje contundente a los países nórdicos: "sus empresas no van a prosperar si la Unión Europea no mejora".

Por su parte, la portavoz socialista, la española Iratxe García Pérez, ha definido el plan presentado por Von der Leyen como "ambicioso y europeísta" y ha agradecido que dé a la Eurocámara "el papel que le corresponde". García Pérez ha advertido a sus colegas que "aquí no estamos para hacer mercado, sino para construir una unión política".

Weber: "Sus empresas no van a prosperar si la Unión Europea no mejora"

Ha sido dura con los halcones del euro, a los que les ha recordado que "aquí, o salimos todos, o no sale nadie". Así, ha propuesto que el presupuesto europeo se apruebe por mayoría cualificada en lugar de unanimidad. "No es de recibo que 23 países sean rehenes de cuatro que prefieren enfocarse en políticas nacionales", ha señalado. "Es una actitud miope", ha concluido.

Ska Keller, eurodiputada alemana y portavoz de Los Verdes, ha instado a la UE a no repetir los errores del pasado, "forzando a los países a la austeridad y a la aplicación de ideologías ciegas de mercado". La alemana ha insistido en que Europa debe de pensar a largo plazo y por ello ha propuesto invertir en "transformación social y ecológica y centrarse en problemas de género".

No todo han sido palabras amables. El grupo de Identidad y Democracia ha criticado duramente la propuesta, calificándola como "errónea" y "sin fundamento legal". Los conservadores y reformistas, por su parte, han insistido en que "si vamos a autorizar créditos y subvenciones, debe haber condiciones claras".

Una vez concluido el pleno en la Eurocámara, el presidente David Sassoli ha concedido una rueda de prensa, donde ha calificado el día de hoy como "día-D de la Europa del siglo XXI". "La Unión ha reconocido que la solidaridad y un enfoque común es la única receta para el renacimiento de nuestra economía y para proteger a nuestros ciudadanos y trabajadores", ha señalado.

El italiano, que durante las últimas semanas se ha mostrado muy duro con los países más reacios con ayudas a través de subvenciones, calificándolos directamente de "inconscientes", ha instado a los Estados miembros a "estar a la altura de esta ambición".

Reacciones entre los líderes europeos

La propuesta de la Comisión de Ursula von der Leyen choca con la opinión que han defendido los halcones del euro. Este club, formado por los Países Bajos, Austria, Dinamarca y Suecia, que a menudo coquetea con Alemania y Finlandia, rechaza cualquier mutualización de la deuda e insiste en que las ayudas a los países sean a través de préstamos.

Un diplomático holandés señala que todavía es pronto para dar una respuesta a la propuesta que ha puesto este miércoles la Comisión Europa encima de la mesa. Sin embargo, reconoce que "las posiciones están muy alejadas". Con el presupuesto europeo debe de aprobarse por unanimidad, augura que "las negociaciones tomarán su tiempo".

De este modo, los insolidarios de la UE, insisten en un presupuesto "moderno, temporal y basado en préstamos y reformas". "No queremos centrarnos en la flexibilidad a corto plazo, sino en el fortalecimiento duradero para la recuperación del mercado interior", ha añadido.

El bloque, autodenominado como frugales, es enemigo de los presupuestos expansivos y los fondos de cohesión. Por ello formaron un frente común en enero, antes de que el coronavirus tocara a las puertas de la Unión Europea, para exigir un presupuesto comunitario para el periodo 2021-2027 del 1% del PIB, cuando en el anterior periodo llegaba al 1,16%.

Los abanderados de la austeridad insisten en que en tiempos de bonanza hay que ahorrar y critican que otros países, como España o Italia, hayan aprovechado para gastar tras mejorar ligeramente su economía en los últimos años.

Curiosamente, tal y como ha recordado en la rueda de prensa de este miércoles el presidente de la Eurocámara, David Sassoli, sorprende el rechazo frontal de estos países a invertir en el mercado europeo, ya que éste les devuelve con creces lo que aportan. Según demostraron varios informes de las instituciones europeas, los beneficios del mercado único son superiores a la contribución de los países al presupuesto comunitario.

Sin embargo, los frugales empiezan a sufrir problemas internos. Después de perder el apoyo de Alemania y de que los ecologistas del gobierno finlandés sacaran al país nórdico del club de los prestamistas con su apoyo público al plan, esta vez le llega el turno a Austria.

El portavoz de asuntos europeos en el país, Michel Reimon, se ha desmarcado del canciller Kurz, al que le ha recordado que “su posición no es la posición oficial del gobierno federal”. “Los verdes austríacos se asegurarán de que Austria sea más solidaria y constructiva en las negociaciones”, ha añadido.  Es por ello que en las últimas horas algunos de sus representantes se han mostrado más abiertos al diálogo con mensajes tan ambiguos como “participación constructiva”. Así, insisten en la importancia de la condicionalidad.

El acceso a este fondo lleva implícita una condicionalidad. Aunque Bruselas intente huir de cualquier vinculación con los recortes del pasado, los países que aspiren a beneficiarse del fondo saben que cualquier propuesta vincula la ayuda con un compromiso firme de acatar una agenda de reformas, basadas en las recomendaciones del Semestre Europeo.

Sin embargo, a priori esto se traduciría en que cada país dirá dónde quiere invertir, siguiendo como guía las recomendaciones hechas por la Comisión Europea. Y será en base a los objetivos marcados por la Comisión Europea cuando se determinen estos recursos, por lo que los países del sur pueden respirar tranquilos: no habrá hombres de negro fiscalizando cada euro.

Es por ello que países como España, Grecia o Italia han acogido la propuesta con entusiasmo. Mientras que fuentes del Ejecutivo de Pedro Sánchez reconocen que España “acoge positivamente el paquete presentado hoy, que recoge muchas de las demandas que se han presentado desde España”, el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, ha afirmado que se trata de una “excelente señal de Bruselas, en la dirección indicada por Italia”. “Agilicemos la negociación y liberemos los recursos pronto”, ha concluido.

La propuesta que ha deslizado Bruselas debe de ser discutida ahora por los jefes de Estado y de Gobierno. Solo una vez que haya recibido la luz verde de todos los países, por unanimidad, pasará a la Eurocámara, encargada de dar el visto bueno final. Es por ello que esta propuesta es tan solo un punto de partida y podría variar a lo largo de las negociaciones.

Según todas las quinielas, se augura un largo y tenso debate entre el norte y el sur del bloque, aunque se espera que el buen entendimiento del bloque franco-alemán relaje las tensiones. El 18 de junio los jefes de Estado y de Gobierno se reúnen, aunque todavía no se ha confirmado si podrá ser en persona, un sistema que facilita las negociaciones.

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