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Recesión económica Los ministros europeos, con miedo a permitir criterios de déficit más flexibles

Los ministros de Economía de los 28 dan unos temerosos primeros pasos para cambiar las normas presupuestarias que tienen que seguir las capitales europeas, y permitir más flexibilidad para que los países con déficit también puedan invertir si llega una nueva crisis.

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Giuseppe Conte, primer ministro de Italia. EFE/EPA/KENZO TRIBOUILLARD / POOL

Las criterios de déficit y deuda que tienen que seguir los países de la UE no están escritos en piedra, pero casi. Los ministros de finanzas de los Veintiocho se han reunido este sábado en Helsinki con un tema que llevaba dos años fuera del menú: hacer las reglas presupuestarias algo más flexibles para que los países europeos puedan invertir para salir de una eventual crisis.

Aunque a muchos les entra dolor de cabeza solo de oír hablar de la posibilidad de cambiar las normas, España e Italia están al frente de las reclamaciones ante el miedo de que si llega una recesión se volverán a producir los mismos problemas que en la última crisis: que unos recortes excesivos de gasto en inversiones hipotequen el futuro del país, sacrificando todo por cumplir objetivos de déficit anual que marca Bruselas.

Según el vicepresidente de finanzas de la Comisión Europea, Valdis Dombrovskis, la propuesta ha suscitado un debate vivo entre los ministros del Ecofin, que parecen convenir en una propuesta preliminar: que se dejen de mirar los déficits estructurales anuales, para que la atención pase a la deuda a largo plazo. Bruselas crearía además unos objetivos concretos de gasto para cada país, lo que permitiría adaptarse a cada situación y daría algo de aire a un país que lo esté pasando mal.

Dejar de mirar los déficits estructurales anuales para fijarse en la deuda a largo plazo

Aunque se empieza a abrir una pequeña grieta en las normas, la posibilidad de un acuerdo está aún a años luz. Los hay que directamente no quieren cambios y otros que, como el ministro francés Bruno Le Maire, tienen miedo de abrir la caja de los truenos. Es un ”debate muy difícil, muy largo y muy incierto”, dijo este viernes en rueda de prensa en Helsinki.

Las discusiones llegan en una semana de máxima presión sobre Alemania y Países Bajos, los países con mayores superávits comerciales, para que abran la mano y se decidan a tirar de la inversión en Europa. La voz más sonada ha sido la del presidente del BCE Mario Draghi, quien este jueves dejaba caer que él solo no podía animar el gasto en Europa, tras haber anunciado unos tipos negativos de récord para la facilidad de depósito en la eurozona (-0,5%), con el objetivo de reanimar el crédito y el consumo.

Y es que la recesión se otea en el horizonte: Italia y Alemania han perdido un 0,1% de su PIB en el último trimestre. Aunque el ministerio del país germano ha intentado quitarle hierro al asunto, ha reconocido que no ve señales de un cambio de rumbo positivo en un comunicado emitido este viernes.

Los ministros de Economía de varios países, incluidos Francia e Italia, lo han repetido: los países que pueden, deben utilizar su margen fiscal. Parece que las advertencias empiezan a surgir algo de efecto: un documento filtrado por el diario De Telegraaf este viernes anunciaba que Holanda recortaría impuestos por valor de 3 millones de euros.

Unas reglas del juego complicadas y opacas

A juicio de la ministra Nadia Calviño las normas fiscales de la Unión Europea a las que se tienen que atener todos los países incluyen una serie de criterios teóricos, como el déficit estructural, que son “demasiado complejos” y “pueden no responder bien a las realidades actuales”. Es decir, que las tablas de medir que usa Bruselas son demasiado teóricas y no tienen en cuenta la situación real de los países, aplicando la austeridad incluso en tiempos de crisis.

“El déficit estructural no tiene en cuenta las posibles recesiones, es decir, no es flexible. Es un indicador teórico que supone la producción real que tendría un país si no hubiera recesiones”, explicaba Calviño este viernes, a la salida del primer día del Ecofin en Helsinki.

Ha sido un informe del Consejo Fiscal Europeo, una entidad independiente, la que ha abierto la primera grieta en las normas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, el documento que rige las normas de gasto que tienen que seguir los países europeos. El informe, que se ha presentado esta semana, denuncia que han sido las inversiones las que han sufrido la mayor parte de los recortes del gasto público durante la crisis.

“Es decepcionante, porque habría que aprovechar al máximo los beneficios a largo plazo de un gasto público productivo en educación, investigación, transporte e infraestructuras”, concluye el informe. Según cifras del Banco Mundial, el gasto en I+D en España como porcentaje del PIB se ha reducido en un 10% en la última década.

Según cifras del Banco Mundial, el gasto en I+D en España como porcentaje del PIB se ha reducido en un 10% en la última década

Para el Consejo Fiscal, aunque el Pacto de Estabilidad y Crecimiento “ha ayudado a la estabilidad de los países a medio plazo”, este contiene complejidades innecesarias e incluye algunas reglas de “corte procíclico”. Es decir, que en vez de ayudar a combatir las crisis, hunden aún más a los que las sufren.

El informe le da otro palo a los países del norte, ya que recuerda que la Comisión nunca ha abierto ningún proceso sancionador por desequilibrio excesivo (el que se podría abrir a países como Alemania con superávit comercial). “Una de las razones es que los criterios para abrir este proceso están peor definidos”.

En el otro lado de la balanza, Bruselas ha sido mucho más dura contra los países con un déficit excesivo: de hecho, desde que España salió en junio de este año del brazo correctivo, es la primera vez en más de 15 años que no hay ningún país en el brazo más duro del programa de ajustes.

Otra de las preocupaciones que arroja el informe y que comparten algunos países es que los procesos de control son demasiado opacos. En los últimos años, ha sido Bruselas directamente quien ha llevado la voz cantante del control de los países de manera bilateral con las capitales. Esto hace que salten suspicacias sobre tratos de favor a ciertos países que salen indemnes, a pesar de que deberían haber recibido sanciones.

La pelea está servida. Fuentes del Ministerio de Economía admiten que, mientras que España quiere normas más simples, otros países prefieren automatismos menos flexibles, es decir, sanciones automáticas. Se espera que la discusión continúe en el próximo Ecofin del 10 de octubre, y que la primera propuesta para la revisión de las normas pudiera llegar a finales de año.