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Recuperar variedades de uva antiguas de maduración lenta para hacer frente a la crisis climática

El adelanto de la vendimia, que este año ha sido de entre siete y diez días, y la caída del 15% de la cosecha por la sequía y el calor ponen de acuerdo a productores e institutos de investigación en la necesidad de investigar nuevos clones que sustituyan a las tradicionales macabeo, pinot noir o chardonnay.

07/2022 - La verema d'enguany a Raimat, al Segrià.
La verema d'enguany a Raimat, al Segrià. Salvador Miret / ACN

Las altas temperaturas de este año, unidas a la falta de lluvias, han generado episodios de sequía en los viñedos catalanes. Fruto de esta situación, la vendimia se ha adelantado entre siete y diez días en función de la zona, iniciándose a finales de julio y convirtiéndose en la más temprana desde hace un siglo. A pesar de esta incidencia, desde el Institut Català de la Vinya i el Vi (Incavi), sus técnicos destacan que "gracias a las tareas de manejo de los viticultores, que han labrado con mayor frecuencia los viñedos para aprovechar la sazón, las cepas tienen un buen desarrollo y se han equilibrado". 

Sin embargo, la reducción de la cosecha se prevé un 15% respecto a la de la campaña anterior. Los datos del Incavi, recogidos de forma conjunta con las Denominaciones de Origen (DO), constatan que la maduración de la variedad chardonnay, una de las más presentes en el Penedès, se ha acelerado entre siete y nueve días en relación con en 2021. En general, las vendimias de las zonas tardías, que se iniciaban a principios de septiembre, ahora tendrán lugar a finales de agosto. Son los casos de las DO Alella, Conca de Barberà y Pla de Bages.

Ante este escenario, que parece consolidarse, el Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA) está trabajando ya en recuperar variedades de uvas tradicionales, que se habían rechazado porque maduraban lentamente. "Con la crisis climática, las características que antes eran un defecto, ahora se han erigido en una ventaja". Así lo explica Robert Savé, experto en viticultura e investigador del IRTA. Para combatir las altas temperaturas constantes, que hacen madurar antes a las uvas, el Instituto también analiza la posibilidad de apostar por la combinación de clones o cambios genéticos en las variedades. Desde el lado de los productores, la utilización del riego de apoyo, a pesar de la menor disponibilidad de agua, o la poda selectiva de las cepas son algunas de las alternativas planteadas.

Un testimonio ilustrativo de la afectación de las condiciones climáticas sobre las variedades tempranas se encuentra en Raimat. La bodega leridana, suministradora de la uva que utiliza Codorníu para elaborar el cava, inició la vendimia a finales de julio, la más precoz del último siglo. Su director técnico, Joan Esteve, indica que "la temperatura media no ha sido excepcionalmente diferente a los valores de la última década, pero sí que han afectado las olas de calor de junio".

Aunque el viñedo no requiere un consumo muy elevado de agua, Raimat lo ha reducido más de un 20% en los últimos años gracias a sistemas de riego inteligentes y de precisión. "El clima y la situación geográfica hacen que, desde hace años, Raimat esté innovando para reducir gasto de agua o combatir plagas sin químicos", según Esteve. "Esto nos ha convertido en el centro de investigación y desarrollo vitivinícola líder en el país y un referente en programas de sostenibilidad y medio ambiente". Además, la bodega leridana tiene una de las mayores superficies certificadas como ecológicas de todo el mundo y actualmente todos sus vinos bajo esa denominación.

Campaña desastrosa

Las organizaciones agrarias estiman que la cosecha de este año bajará de los 400 millones de kilos, una merma que se notará especialmente en las zonas de secano. Desde Unió de Pagesos (UP), hablan "de una campaña desastrosa", ya que las pérdidas se han visto agravadas con los problemas para gestionar los ataques de la fauna salvaje, como los conejos y los jabalíes.

Los análisis del Incavi certifican un bajón de la variedad macabeo, donde se ha visto una menor cifra de granos, a la vez que éstos presentan un aspecto más pequeño. Las dificultades se añaden en otras variedades tempranas, como la chardonnay, la moscatel o la pinot noir. Si no se adelanta la recogida de éstas, los grados de alcohol que ofrecerían serían excesivos para producir vino o cava.

Dada la caída de la producción, la sectorial del viñedo de Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya (JARC) ha dictado una serie de recomendaciones a viticultores, bodegas, Denominaciones de Origen (DO) y también al Departament d'Acció, Climàtica, Alimentació i Agenda Rural para evitar distorsión en los precios del mercado. La entidad reclama a los viticultores que cojan las uvas de sus parcelas y se ajusten a las producciones de las distintas DO.

Por otra parte, pide a las bodegas que respeten las normas de las Denominaciones de Origen, apelando a éstas para que velen por el cumplimiento de las normas de campaña aprobadas en sus plenos y en la administración para que extreme el control de la trazabilidad de la uva y del movimiento del mosto y del vino durante la vendimia. JARC recomienda a los viticultores consultar a menudo el registro vitícola de Catalunya para comprobar si son correctas las pesadas, ya que debe tenerse en cuenta que éste es el primer año que se entra uva de guarda superior y hay que hilar fino con los kilogramos registrados en cada categoría.

Estudio de los costes de producción

Poco antes de iniciarse la vendimia, el Departament d'Acció Climàtica presentó el primer estudio de los costes medios de producción de la uva para la campaña 2022. La consellera Teresa Jordà reconoció la necesidad de que "los campesinos puedan vivir dignamente de trabajar la tierra y, por eso, es necesario que se retribuya su trabajo de manera sostenible económica y socialmente". El estudio determinó que los costes de producción de las tres variedades mayoritarias en la elaboración del vino base cava se sitúan en 40 céntimos por kilo en el caso de la macabeo, 46 en la parellada y 40 en la xarel-lo, precios por encima de lo que cobran los productores.

Recuperar variedades tradicionales, obtener una mayor disponibilidad de agua, hacer un uso más eficiente de los recursos hídricos a través de la tecnología, gestionar los ataques de la fauna salvaje y alcanzar un precio digno por sus producciones son los retos con los que se debe enfrentar al sector vitivinícola, que estará acompañado, ahora sí como una realidad evidente, por los efectos de la crisis climática en los viñedos.

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