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Tiendas de ropa Las tiendas de ropa colapsan: 15.000 locales, 27.000 empleos y más del 40% de la facturación se esfuman en un año

La pandemia acelera la transformación del sector y su digitalización a un ritmo difícilmente asumible para un pequeño comercio asfixiado por el cambio de hábitos de consumo, la acumulación de 'stocks' obsoletos y la mayor oferta de las cadenas.

Los stocks que no han podido vender desde la primavera del año pasado se han convertido en un lastre para el pequeño comercio del textil.
Los 'stocks' se han convertido en un lastre para el pequeño comercio del textil. PxHere (CCO)

"Si no vendemos, no podemos comprar para la próxima temporada, y si tienes poco stock es probable que tus ventas caigan. Las ventas no tiran porque no hemos tenido capacidad de renovar la oferta", explica Eduardo Zamacola, presidente de Acotex (Asociación Nacional del Comercio Textil, Complementos y Piel), la principal entidad española del sector de la venta de moda y retail, un segmento del comercio minorista en el que los pequeños negocios están cerrando a un ritmo vertiginoso ante la "tormenta perfecta" que ha provocado la combinación de una serie de factores, entre los que destacan la crisis económica asociada a la pandemia, la aceleración de los procesos de digitalización y de transformación de la tienda física y los cambios en los hábitos de consumo.

"El comercio electrónico se ha disparado con la pandemia, y eso ha acelerado la transformación del sector en la digitalización y el cambio de la tienda física, a la que al cliente ya no se le va a atraer solo con el producto, porque eso ya lo tiene en internet", señala Ángeles Rodríguez, coordinadora de Comercio en la Federación de Servicios de CCOO, que muestra su preocupación por "cómo van a afectar esos procesos al empleo".

Está por ver, aunque los datos que maneja Acotex describen un bache de dimensiones desconocidas para el ramo, con el cierre de 22.790 puntos de venta y la pérdida de 26.680 empleos, casi uno de cada cuatro y cerca de uno de cada siete, el año pasado, en una caída que supera con creces los retrocesos de en torno a 5.000 tiendas y 10.000 empleos por ejercicio de 2008 y 2009.

"Es un dato anestesiado por los ERTE, que no se incluyen", señaló Zamacola, que tiene "la sensación de que la situación no se está recuperando. Vamos a depender de cómo evolucionan la vacunación y las restricciones. El teletrabajo y la ausencia de eventos no incitan a renovar el vestuario".

Esos registros muestran una tendencia similar a la que recoge el Código de Cuentas de Cotización de la Seguridad Social, que reflejan la pérdida de más de 10.000 empresas y autónomos en el sector del comercio (en su conjunto) en los catorce primeros meses de la pandemia, y con el goteo por todo el país de cierres de pequeñas cadenas locales y provinciales de ropa que explotaban varias tiendas.

Esa pérdida de unidades productivas y de empleo, por otro lado, está directamente relacionada con el desplome de la facturación de las tiendas de ropa, que supuso un retroceso de varias décadas en el primer año pandémico al caer más de un 40% y quedarse en 10.619 millones de euros tras un lustro por encima de los 17.600.

"Si la cosa no cambia mucho, los cierres irán en aumento", apunta Zamacola, para quien "más que de la facturación, se trata de que tengamos márgenes para poder pagar a nuestros trabajadores y a nuestros caseros".

"Se ha generado mucho stock y hay que venderlo a precio de saldo", añade, antes de apuntar que "la situación es catastrófica y estamos en modo supervivencia". De hecho, el gasto en ropa por unidad familiar cayó a 903 euros, un 28% por debajo de los 1.256 de 2019 y menos de la mitad de los 1.861 de 2006.

“Muchas tiendas cerraron y las que siguen tienen problemas de competencia”

El sector se encuentra inmerso en un proceso de transformación en el que las tendencias del consumidor ponen en cuestión la misma utilidad de la tienda física cuando esta carece de una propuesta de valor específica, ya sean la cercanía, la artesanía o la exclusividad, por ejemplo y en el caso del pequeño comercio, frente a otras como la mayor variedad y la posibilidad de tirar los precios que da el disponer de un catálogo de artículos propios y de producción industrial, en las que llevan ventaja las grandes cadenas.

En cualquier caso, la transformación del comercio textil está teniendo como efectos (o instrumentos) coincidentes tanto en la tienda de barrio como en las grandes marcas la pérdida de empleo y el cierre de establecimientos, en ocasiones para abrir otros de mayor capacidad y más equipados tecnológicamente, en un proceso similar al de la banca y que conlleva un cambio de funciones y la necesidad de formación para una parte de la plantilla.

"Está ocurriendo en todas las cadenas", explica Rodríguez, preocupada por cómo van a afectar esos procesos al empleo tanto desde el punto de vista cuantitativo como desde el cualitativo.

"El empleo de calidad está en las pymes, muchas de las cuales cerraron con la pandemia mientras las que quedaron tienen problemas de competencia", señala, por varios motivos como la acumulación de stocks que apenas han sido renovados desde el invierno de 2020, cuando el miedo frenó las ventas antes ya del confinamiento; la escasa capacidad de reacción por el bajo nivel de capitalización de los negocios y, como consecuencia de ambos, la obsolescencia de la oferta frente a una venta online y unas cadenas que sí la han actualizado.

La sangría de las grandes cadenas

Paralelamente, la sangría de empleo y locales está siendo intensa en las grandes cadenas: 349 despidos en H&M después de que la presión sindical rebajara las pretensiones iniciales de la empresa para llegar a las 1.066 bajas, 300 en Adolfo Domínguez y 3.500 en el ERE de El Corte Inglés, que tiene en la venta de ropa una de sus principales líneas de negocio.

Inditex, por su parte, prevé cerrar el año que viene el plan iniciado el pasado para cerrar entre 1.000 y 1.200 tiendas para abrir 150 de mayor tamaño y que incluye, tras una negociación con CCOO y UGT, la obligación de recolocar a los trabajadores afectados que así lo elijan en establecimientos situados en un radio de 25 kilómetros del que baja la persiana.

Ese formato ha dado lugar a episodios como el de Cádiz, con 101 recolocaciones entre 130 afectados, algo extraño en una reconversión sectorial en la que, en general, "sorprende la cantidad del trabajadores que deciden irse voluntariamente", señala Rodríguez, una dirección en la que presionan la abundancia de jornadas parciales, los bajos sueldos y el bloqueo de la mayoría de los convenios tras caducar, algo que hace que "los salarios son de 2019 en el mejor de los casos".

"El modelo no ha cambiado, llevamos apostando por él desde 2012", indican fuentes de Inditex, que apuntan como ejes principales la tendencia a concentrar el negocio en tiendas de mayor tamaño, lo que facilita "presentar mejor las colecciones completas", y que absorben a otras "más pequeñas, más obsoletas y menos equipadas tecnológicamente".

Las cifras que maneja la compañía apuntan, entre 2012 y 2019, a la apertura de cerca de 3.700 tiendas en todo el mundo, la reforma de un volumen similar y el cierre de algo más de 1.700, con la creación de 56.000 empleos, 7.600 de ellos en España.

Los matices del aumento del comercio electrónico

Ese formato se combina con un crecimiento exponencial de las ventas por internet, que en el caso del emporio gallego creció un 67% en el primer trimestre de este año, según la información facilitada a la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores), tras haber acumulado un 77% a lo largo del año pasado, y que en el conjunto del sector llevan camino de duplicarse.

Así, los datos de la CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) cifran en 2.087 millones de euros la facturación del comercio textil por vía electrónica en el segundo y el tercer trimestre del año pasado (los primeros de la pandemia, únicos con registros), una cifra que supera claramente a la de los ejercicios de 2014 a 2017 y que marca un aumento de ritmo notable en relación con los dos siguientes, con registros de 2.271 y 2.933 en los doce meses.

Ese dato en bruto tiene matices que apuntan, más que una migración de los clientes españoles de la tienda al ordenador, a la apertura de un mercado exterior: casi dos tercios de esa facturación de abril a septiembre del año pasado (1.348 millones de euros, 64,3%) responde a ventas de empresas locales hacia el exterior, mientras algo menos de la cuarta parte (496, 23,7%) eran operaciones del mercado interior y el 12% restante (242), importaciones.

El aumento del volumen de negocio interior por vías cibernéticas resulta claro, con aumentos de más del 50% sobre el mismo periodo del año anterior (327) y de más del 75% sobre el tramo central del 2019 (281), aunque su magnitud apunta más a un desplome de las compras que a un traslado hacia otro formato, ya que ese avance de casi 170 millones de euros no representa más que un 1,6% de la facturación de las tiendas físicas y menos de un 2,3% de la merma de casi 7.500 acumulada a lo largo de todo el año.

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