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Turistificación Las ciudades españolas que corren el riesgo de morir de éxito

El término turistificación alude al impacto que tiene la masificación turística en el tejido social y comercial de determinadas zonas geográficas. Los vecinos de Madrid, Barcelona y Palma lo sufren. ¿Funcionan las normativas que impulsan las instituciones?, ¿Es posible implantar un modelo de turismo sostenible?

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Imagen de la Rambla de Barcelona llena de viandantes. | EFE/Archivo

El título de 'la siguiente Venecia' se rifa entre ciudades españolas. El número de turistas que llegan a nuestras urbes es tal que se habla de eso más allá de nuestras fronteras. La pasada semana el periódico The New York Times proponía a los viajeros "en vez de Barcelona, València", como alternativa a un destino turistificado como es la ciudad Condal. No es oro todo lo que reluce: el auge de turistas que experimentan núcleos como la capital catalana, Madrid y Palma se traduce en dificultades para desarrollar la vida cotidiana y hace que el discurso hegemónico que ha sostenido que el "turismo es bueno para todos" esté cambiando.

Los vecinos de los barrios barceloneses más céntricos fueron los primeros en sufrir los efectos de la masificación, aunque ya no son los únicos. Lo explica el miembro de la Assemblea de barris per un turisme sostenible de Barcelona Daniel Pardo: "Se han incluido otras zonas que históricamente quedaban al margen de estos procesos por que se ha llevado a cabo una estrategia nefasta de desconcentración del turismo que ha venido seguida de un aumento continuo de los flujos". Así, argumenta que lo que nos han venido como solución, la desconcentración, no desconcentra: extiende el fenómeno por el territorio. Como ejemplo, Pardo cita el aumento de la presión humana durante todas las horas del día en el Turó de la Rovira, un espacio patrimonial en el que se viene dado un boom del botellón.

Así nace en la ciudad un "abanico de afectaciones" que coinciden en las zonas más visitadas de España. Precios de alquiler por las nubes, economías especializadas en el sector servicios –de los más precarios y mal pagados– y dificultades para la movilidad. "La suma de estos factores dificulta la vida cotidiana y acaba con la expulsión de los ciudadanos porque su vida se ha convertido en una batalla continua". Relata Pardo, en lo que se ha convertido ya en una especie de "círculo vicioso perverso" que deshace los hilos del tejido social que conforma los barrios con la salida de los ciudadanos y locales de servicios autóctonos.

La proliferación de las viviendas turísticas es una de las principales causas de este proceso. El aumento de esta modalidad de alquiler ha provocado que descienda la oferta de pisos disponibles para larga estancia y que aumenten los precios. Gobiernos autonómicos y consistorios legislan para paliar el problema, a menudo, con medidas insuficientes o que no se hacen cumplir. En el caso de Barcelona, el Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos prohíbe la creación de nuevas promociones hoteleras. Para Pardo, el problema reside en la dificultad aplicarlas: "De poco sirve tener una normativa muy buena si no la puedes hacer cumplir". A esto se suma "un sistema de sanciones lento y garantista para la persona que alquila". A su juicio, la actual ley "se queda corta en cuanto a que sigue permitiendo el alquiler turístico y en lo que hace referencia a su implementación".

¿Se cumple la ley?

En Balears, la Ley Turística pone tope al número de plazas permitidas. En total, son 623.000, teniendo en cuenta tanto hoteles como apartamentos, viviendas y pisos turísticos. Para controlarlas, sobre todo aquellas que se comercializan vía online, en portales como Airbnb y HomeAway, expide un número de licencia para operar. La asociación Terraferida denuncia que esta normativa tampoco se cumple. Según los datos recopilados por la entidad y por DinsAirbnb, la empresa ya comercializa en el archipiélago 141.000 plazas, 16.400 más que en 2017. Además, unas 50.000 operan sin número de licencia, aunque estas no son las únicas ilegales, porque hay casos en el que un mismo número de licencia se usa para varios alojamientos, lo que multiplica la cifra. El portavoz de Terraferida Jaume Adrover explica que esta situación es "un fraude masivo" y coincide con Pardo en que existen dificultades para hacer cumplir la ley. En Mallorca y Menorca en 2018, sólo había 14 inspectores turísticos. "¿Cómo vas a controlar algo así?, es imposible", lamenta Adrover.

A juicio del responsable de urbanismo y vivienda de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid, Vicente Pérez, las administraciones han tardado demasiado en legislar. "Han venido a tomar medidas con un fenómeno ya muy extendido y revertirlo es muy difícil". El principal escollo es que se siga burlando la normativa dictada por consistorios y gobiernos autonómicos. Está convencido de que si se cumpliese, los problemas se reducirían de forma sustancial. Pérez insiste en que, para cumplir la ley impulsada por el Ayuntamiento de Madrid, es necesario que esta vaya acompañada de unos adecuados servicios de inspección.

Más allá del precio del alquiler de larga duración, los pisos de alquiler vacacional provocan problemas de convivencia, de inseguridad, ruidos… ¿Qué pueden hacer los vecinos que se encuentran ante esta situación? Pérez recomienda prevenir antes que curar: que modifiquen los estatutos de la comunidad para prohibir esta práctica antes de que se instaure en el vecindario. Si ya lo ha hecho, recuerda que es importante cerciorarse de si es o no una plaza legal y si no lo es, denunciarla.
Pardo también incide en el papel clave de los vecinos. "Desarrollan un rol fundamental", asegura que la población sirve como un termómetro, que tienen un papel fundamental como motor de cambio, sin olvidar que "son quienes tienen las claves y el conocimiento de primera mano", cosa que se demuestra cuando los informes elaborados con expertos en grupos de investigación informal dan la razón, en la mayoría de ocasiones a los ciudadanos.

Turismo sostenible

Los aeropuertos pulverizan sus récords temporada tras temporada, Barcelona y Palma son las ciudades europeas más contaminadas por los cruceros según un estudio de Transport and Enviroment y también son las que sufren más atascos de tráfico del territorio nacional, según la compañía de GPS Tom Tom.

En el punto de mira queda el papel que desarrollan puertos y aeropuertos. Pardo asume que el siguiente paso a la hora de regular la cuestión está en la movilidad: "Se gestionan como entes opacos y oscuros que funcionan con una lógica de empresa privada y mueven mucho dinero utilizando un atractivo turístico". Los datos hablan: en el primer trimestre de 2019 llegaron a los aeropuertos baleares 1.983.865 pasajeros, un 4% más que en el mismo periodo de 2018, según el Ibestat. Solo en mayo, por Adolfo Suárez Madrid-Barajas pasaron 5.218.420 viajeros. Por el aeropuerto de Barcelona, 4.681.748. Un 5,2% y un 2,9% más que en el mismo mes del año pasado según Aena.

El turismo sostenible se centra en reducir los "impactos negativos" que genera la llegada de viajeros y Carlos Buj es un experto en la materia. Sostiene que para que funcione es vital tener en cuenta la capacidad de carga que tienen las ciudades: "Cuando se sobrepasa es cuando tenemos problemas", afirma. Esto va en la línea de dejar de pensar que "más siempre es mejor", dejando de lado ciertos indicadores cualitativos para centrarnos en lo cuantitativo: "Solo hablamos de millones de turistas, de millones de euros", sin ir más allá ni medir los impactos negativos, explica. Cuando lo que habría que pensar es "en menos turismo pero de mejor calidad", reclama.

Para Pardo, lo de crear una industria turística sostenible en Barcelona es algo más que complicado porque el modelo, tal y como está pensado, es "insostenible". Lo que propone la Assemblea es que se cree una agenda social que aúne medidas concretas como la de parar la promoción pública del turismo en Barcelona. Además, que se reduzcan los flujos y que se desespecialice y se diversifique la economía

En cambio, para Adrover, instaurar este modelo de sostenibilidad no es tan utópico. Relata que ha habido un cambio en cómo la población recibe a los turistas. "Al principio se hacía con entusiasmo, después con apatía y ahora la población esta crispada", opina en lo que tacha de un cambio de discurso y de manera de ver el sector: "Vivir del turismo sí, pero renunciar a todo por el turismo, no". En la misma línea se expresa Pardo: "El sector está funcionando como una industria extractiva que agota y seca el territorio y nuestras ciudades también son ecosistemas que hay que cuidar".