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Viaje al centro de la precariedad Vanessa, migrante en paro: "Cuando entras en la rueda de la precariedad, empobreces y tu vida se desarma"

Vanessa tiene un niño de nueve años. Tanto ella como su pareja se encuentran en paro y pagan 780 euros por un pequeño piso de alquiler. Al proceder de Argentina no pueden pedir ayuda a los socorridos abuelos y confiesa que, en esta situación, sólo pueden aguantar unos meses.

Vanessa
Vanessa posa durante la entrevista.

Vanessa Carosia llegó a España hace más de 20 años. Natural de Argentina, estuvo trabajando en el mundo del diseño y la publicidad hasta que en la crisis su suerte cambió. En 2019 había conseguido un trabajo indefinido tras muchos años como autónoma, pero con la pandemia fue despedida.

Ella cobra un subsidio y su pareja también está en paro, viven alquilados en Madrid con su hijo pequeño de nueve años. Ambos son migrantes y no pueden pedir ayuda a los socorridos abuelos, algo que les genera un impedimento más.

Pagan 780 euros mensuales por el alquiler del piso. Vanessa tiene una prestación de 350 euros al mes y su pareja cobra 310 euros; entre los dos no pueden ni pagar el alquiler, así que tiran de ahorros con la esperanza de conseguir un trabajo. Así cuenta su situación personal en la serie Viaje al centro de la precariedad.

¿Qué es para usted la precariedad?

Un estado de vida agotador y desesperanzador que genera muchísimo estrés y ansiedad.

¿Cuánto gastan en vivir al mes?

Si no hacemos absolutamente nada gastamos 1.500 euros al mes, entre facturas, alquiler y alimentación. A eso hay que sumarle cosas que están fuera de la subsistencia básica, como pueden ser medicamentos o las propias mascarillas.

¿Cuánto tiempo pueden aguantar en esta situación?

Unos pocos meses.

¿Se han planteado pedir algún tipo de ayuda?

Pedí la ayuda del alquiler y de momento nada. Mi pareja pidió el Ingreso Mínimo Vital y de momento nada. También pedimos ayuda al casero (llevamos viviendo ahí 10 años) y me bajó el alquiler a 500 euros hasta octubre y a partir de octubre tenemos que pagar los 780 euros más 280 para devolverlo todo.

¿Por qué decidió venir a España?

Porque esto que te cuento allí es el pan de cada día. Allí vives en una precariedad constante y cuando yo vine en el año 2000 España no era como es ahora. Yo vine a España y trabajando como diseñadora podía alquilarme un piso sola, cosa que ahora es inimaginable.

¿Cómo era el trabajo del que le despidieron?

Mira, me contrataron con un convenio que no era el que me correspondía para pagarme menos y ganaba alrededor de 1.700 euros con más de 15 años de experiencia en el puesto, soy directora de arte. Casi una hora y media para ir y otra hora y media para volver, me pasaba doce horas fuera de casa por un sueldo que no llegaba ni para pagar los gastos.

Por otra parte, mi pareja ha trabajado de comercial en inmobiliarias y en el mundo de la hostelería, dos trabajos muy precarios.

Para poder conciliar con el niño vamos cambiando los roles. Por ejemplo, con este último trabajo, él hacía sólo 4 horas en la inmobiliaria, porque si trabajaba la jornada completa tendríamos que dar su sueldo entero a alguien que cuide al niño y haga las tareas del hogar.

Siempre elegimos criar al niño nosotros, algo que está considerado un lujo. Anteriormente, hubo una temporada en la que yo era autónoma y me quedaba con el niño mientras él trabajaba doce horas en una inmobiliaria por un fijo de 900 euros al mes.

¿Qué sacrificios tuvieron que hacer cuando llegaron a esta situación?

Nosotros teníamos un seguro privado porque mi hijo nació con muchos problemas y siempre me gustaba tener una segunda opinión. Tuvimos que quitarlo. Perdimos absolutamente el bienestar y nuestra vida se resume en estar en casa todo el día metidos.

Nosotros teníamos una vida, salíamos de vez en cuando, teníamos cosas que nos gustaba hacer y que enriquecía nuestras vidas… cuando dejas de tener dinero, tu vida se trata sólo de pagar gatos, sientes que pagas por vivir.

¿Se ha sentido discriminada en algún momento?

Me he sentido discriminada por ser madre y por la edad desde que cumplí los cuarenta. Ninguna empresa me ha ayudado a conciliar y me han dejado sola con mi hijo muchísimas veces. Ahora directamente es como si no existiera para el mercado laboral.

Cuando se entra en la rueda de la precariedad ¿es fácil salir?

No, rotundamente no. Creo que una vez que entras todo va a peor, empobreces y tu vida se desarma.

¿Y esto psicológicamente cómo le afecta?

Es una carga muy grande y a cualquier persona que vaya al médico y cuente lo que le estoy contando yo con esa angustia le empastillan. Yo prefiero luchar con mi plena conciencia y no hacerlo. Hay que seguir luchando y contar lo que ocurre para dar visibilidad a estas situaciones.

¿Qué opina de los salarios que hay en España?

Que no se pueden creer. Son de risa. Con un salario de este país no te puedes pagar un techo. Son ridículos.

¿Cree que se está blanqueando la precariedad en nuestro país?

Sí, rotundamente sí. Los jóvenes aceptan salarios muy malos por diferentes razones, pero aceptan y callan. Eso no se puede y menos cuando eres joven. Creo que están como adormilados.

¿Qué futuro le estamos dejando a nuestros hijos?

Uno nefasto. Mi hijo que tiene nueve años y busca en internet países en los que se respeten los derechos laborales.

¿Qué expectativas tiene de cara al futuro?

Esa es la gran pregunta, yo me sigo formando de manera autodidacta con la esperanza y la ilusión de conseguir algo. Estoy de la palabra "recíclate" un poco cansada. Yo me actualizo constantemente y necesito un trabajo, es así de sencillo. Llevo toda la vida haciendo lo que sé hacer y ahora tengo que aprender otro oficio como el de camarera para salir adelante y pelear con millones de parados haciendo lo mismo.

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