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Ángel Viñas: "Los concejales de Madrid que votaron la proposición de Vox son unos ignorantes"

El historiador, diplomático y economista Ángel Viñas.- IMAGEN CEDIDA POR ÁNGEL VIÑAS
El historiador, diplomático y economista Ángel Viñas.- IMAGEN CEDIDA POR ÁNGEL VIÑAS
ALEJANDRO TORRÚS

Entrevista al catedrático emérito de la Universidad Complutense Ángel Viñas. 

Ángel Viñas acumula tantos títulos universitarios, logros académicos, éxitos profesionales y libros publicados que cada año resulta más complicado describir en unas líneas su figura. A modo resumen, señalar que es catedrático emérito de la Universidad Complutense de Madrid; que fue Técnico comercial del Estado, con el número uno de su promoción; exfuncionario del FMI; y exdirector de Relaciones Exteriores en la Comisión Europea. También ha sido catedrático de Economía Aplicada y de Historia en distintas universidades, especialidad esta última en la que acumula solo en los últimos años, de la mano de Crítica, títulos tan significativos como los siguientes: ¿Quién quiso la Guerra Civil? ; La otra cara del Caudillo; La conspiración del general Franco; o Las armas y el oro. 

Ayer, en conversación con este medio, dijo que la proposición de Vox era una "sarta de mentiras" "y "basura histórica maloliente". Finalmente se aprobó con los votos a favor de PP y Cs. ¿Qué le parece que el Pleno de la ciudad de Madrid apruebe retirar 'honores' a Largo Caballero e Indalecio Prieto de esta manera?

La propuesta de Vox es completamente inadmisible históricamente hablando. Falsifica de manera torticera el pasado y lo hace de forma radical. Todos los temas que ha abordado han sido objeto desde hace años de cuidadosas investigaciones historiográficas. Algunas de ellas se remontan a los años terminales de la dictadura y pasaron la censura de la época, que ya es decir.

Naturalmente, en aplicación de las máximas del maestro Goebbels, por no decir del propio Hitler de Mein Kampf, contienen unos granos de verdad indudables. Largo Caballero fue el lider socialista más destacado en los años treinta y presidente del Gobierno desde septiembre de 1936. Indalecio Prieto no cabe duda de que fue otro líder socialista (un tanto enfrentado al primero) y fue ministro de Marina y Aire en dicho gobierno. Después, ministro de Defensa Nacional. Ambos han sido objeto de largas, prolijas, detalladas biografías. Pero de ahí a hacerles responsables del estallido de la guerra civil, de las exacciones cometidas en zonas republicanas (salvo el País Vasco) durante los primeros meses, de haber enviado el famoso oro del Banco de España a Moscú (como si hubieran debido esperar a que los sublevados entraran en Madrid) y, nada menos, que de Paracuellos hay varias leguas de mentiras. Todos esos temas, insisto, están muy estudiados.

Pero es que además la propuesta es incongruente. De querer quitar 'galardones' cívicos en Madrid a quienes quisieron la guerra civil hubieran debido empezar por José Calvo Sotelo.

Precisamente su último libro en el mercado, 'Quién quiso la Guerra Civil', usted refleja a base de documentación de la época que los que más empujaron para el golpe de Estado del 18 de julio fueron los monárquicos, con Calvo Sotelo a la cabeza.

Me ratifico en todos y cada uno de los argumentos y pruebas que aduje en ese libro para responsabilizar a los monárquicos alfonsinos, empezando por Calvo Sotelo y siguiendo por Goicoechea, Pedro Sainz Rodríguez y muchos más de haber querido conscientemente ir a la guerra civil (que pensaban, dicho sea en su honor o deshonor, según se prefiera, sería corta) con la ayuda fascista, por la que empezaron a bregar en 1932.

"Considero un deber de higiene intelectual y política elevarme contra las distorsiones de Vox y además riéndome de ellos"

Es cierto, claro, que Calvo Sotelo fue asesinado (en represalias) por un grupo de agentes de la ley que se la tomaron por su mano, pero para el 13 de julio de 1936 la sublevación era imparable. Ya no tenía marcha atrás desde el momento en que Mussolini declaró la guerra a la República el 1º de Julio, y me refiero a la firma de contratos para la compra de militar bélico. Los historiadores franquistas han hecho, y continúan haciendo, juegos malabares para negar la evidencia, pero no han aportado un átomo de información que desmienta los documentos italianos desclasificados hace más de veinte años.

Antes comentaba usted la cantidad de mentiras que incluía la proposición de Vox. Entre ellas, está el oro de Moscú. Un tema sobre el que usted ha escrito mucho.  

Las referencias al "oro de Moscú" que contiene la basurilla de Vox y que ahora ha sancionado el Excmo. Ayuntamiento de Madrid muestra que todos los concejales que han votado la proposición son unos ignorantes.

La historia empecé a contarla en El oro español en la Guerra Civil, en 1976. Un libro que fue inmediatamente retirado antes de su circulación. He explicado que me valió un rapapolvos del entonces Secretario General Técnico de Hacienda que luego fue, nada menos, que Alcalde de Madrid. Lo expandí en El oro de Moscú, en 1979. Luego le he dedicado una trilogía sobre la República en guerra. He manejado documentación republicana, franquista, francesa, británica y soviética para situarla en su contexto. He publicado todas las disposiciones legales que la ampararon y en Las armas y el oro he mostrado como los sublevados estuvieron al corriente de todo lo que pasó con el oro y cómo, en su infinita sapiencia, el inigualable jefe del Estado diseñó una estrategia para "recuperarlo" tras la llegada a sus manos de la documentación conservada por Negrín. Terminó como el rosario de la aurora. La incompetencia -o la senilidad precoz- de Franco le hizo jugar con la baza de recurrir al Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, cuando España no estaba ni cualificada para hacerlo.

¿Qué aportaciones rescataría usted de Largo Caballero e Indalecio Prieto?

La mejor etapa de Largo Caballero es, para mí, aquella en la que actuó como ministro de Trabajo en el primer bienio de la II República. Con algunas sombras, trató de poner el sistema de relaciones laborales en España a la altura de otros países más avanzados. En el caso de Prieto, también destaco su etapa como ministros de Obras Públicas en el mismo bienio. Fue un hombre más complejo que Largo Caballero y fue lamentable que no viera lo que estaba en juego en la Guerra Civil.

En el último año usted ha escrito, como mínimo, dos artículos en su web combatiendo bulos sobre Largo Caballero y Prieto. ¿Usted por qué cree que ahora está siendo objeto de críticas y ataques desde la extrema derecha? Antes era mucho más recurrente la supuesta revolución comunista en la España de 1936

La verdad es que no tengo ni idea. Para mí es inexplicable. Aunque tengo una hipótesis. Ambos eran socialistas y, con Besteiro y De los Ríos, las cabezas del PSOE. Los últimos no jugaron un papel decisivo en la primavera del Frente Popular y luego se eclipsaron, uno sin papel significativo en el Madrid asediado y el otro como ineficaz embajador en Washington. Por contra, Largo Caballero y Prieto dieron la batalla en España.

"Si quieren quitar calles en Madrid a quienes quisieron la guerra civil que empiecen por José Calvo Sotelo"

Desde el hundimiento de la Unión Soviética se ha operado un cambio de paradigma. Atacar al PCE hoy como se hacía antes ya no tiene demasiado sentido porque el comunismo no es el enemigo existencial. Vox ha recuperado la propaganda anti Frente Popular, pero en el caso del comunismo por los recelos que todavía despierta en un sector de la sociedad española. El enemigo de antaño (el PCE) es hoy también el PSOE. Ergo, hay que batir, abatir al PSOE. Y en el PSOE de la época, el más estridente fue, sin duda, Largo Caballero. 

¿Considera peligroso que un Ayuntamiento como el de Madrid ande dando credibilidad a este tipo de textos y, además, aprobando retirar estatuas o calles como las propuestas?

Esta es una pregunta ambigua. Una respuesta posible sería afirmativa. Otra, la mía, es que se trata de una pataleta, mal medida, mal aprobada. Una provocación. Pero también implica dar una cancha a Vox que este partido no merece bajo ningún concepto al utilizar argumentos absurdos, torticeros, estúpidos, carentes de toda base.

El alcalde debería poner al ponente, y a los que votaron la ponencia, a una dieta de lectura sobre las muy buenas biografías que existen en el mercado sobre Largo Caballero y Prieto. Estarían ocupados, y quizá incluso aprendiendo, durante varios días.

Un historiador, al que respeto muchísimo, me comentó en relación a esta proposición que prefería no entrar a desmentir los bulos de Vox, que era como debatir como con los negacionistas del cambio climático o del propio coronavirus y, también, entrar en su juego. 

¿Usted piensa similar? A mí me me llama la atención el esfuerzo que dedica a actualizar su web luchando contra cada mito de la historiografía franquista.

Yo respeto mucho la opinión de ese historiador que usted menciona. Yo la practico al no nombrar jamás a un advenedizo, alabado nada menos que por Stanley G. Payne, con quien habitualmente cruzo espadas. Pero Vox es un partido político de indudable influencia. Yo no voy a discutir sus teorías, que me parecen aberrantes, pero en la medida en que tocan temas históricos de los que algo sé, considero un deber de higiene intelectual y política elevarme contra sus distorsiones y además riéndome de ellos.

Precisamente ayer publiqué en mi blog una pequeña puntualización sobre lo que tales caballeros (es un decir) afirman en torno al Oro de Moscú. Continuaré riéndome de ellos.

Por último, sé que está usted trabajando en un nuevo libro que saldrá dentro de no mucho tiempo. 

El libro está totalmente terminado. La versión final, tras incontables revisiones en las que he tenido en cuenta la opinión de varios colegas y amigos, que no me han dejado pasar una, la envié el último fin de semana a la editorial. La temática es la II República, desde una perspectiva una tanto inhabitual. Está basada estrictamente en evidencia primaria relevante de la época. 

En mi modesta opinión, es un guantelete a los historiadores de derechas. Pero insisto, como siempre, en que no me considero detentador de la verdad. Hacer Historia es participar en una tarea común. Cada uno, como puede.