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Catalunya Joan Tardà: "ERC sólo puede liderar si ahora es capaz de integrar Junts al Govern sin bajar el listón del acuerdo con la CUP"

Joan Tardà, exdiputado de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso.
Joan Tardà, exdiputado de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso. MONTSE GIRALT

Joan Tardà cree que en la negociación del nuevo Govern se ha perdido una gran oportunidad de decantar el centro de gravedad de la gobernabilidad de Catalunya hacia la izquierda. El ex diputado en el Congreso de ERC es crítico con los Comuns y apuesta por construir el llamado "frente amplio" en el Parlament.

El exdiputado y jefe de filas de Esquerra Republicana de Catalunya en el Congreso, Joan Tardà (Cornellà de Llobregat, 1953), ha sido la voz del partido republicano en Madrid durante años. Antes de pasarle el relevo a Gabriel Rufián. Tardà es todo un icono del republicanismo independentista, respetado por compañeros y adversarios, pero muchas veces polémico dentro y fuera del independentismo. Siempre fiel a la causa republicana e independentista, pero también a su partido de siempre, Tardà habla desde las propias convicciones y sin rodeos. En esta entrevista reflexiona sobre la actualidad política, el procés y la situación del país, comentando su libro En defensa propia (Pòrtic).

Pere Aragonès aún no ha podido ser investido como president. ¿Cómo lo valora?

Es una oportunidad perdida. Pero eso no quiere decir que no la encontramos más adelante.

¿Se refiere a la abstención de Junts?

Para mí la oportunidad perdida es que las izquierdas no hayan sido capaces de conformar un Govern de frente amplio. Ahora no será posible, pero inevitablemente triunfará si persistimos. En este momento es imposible que seamos capaces de reconstruir la Catalunya postpandémica en clave progresista priorizando la redistribución de la riqueza de una forma diferente, ni podremos desjudicializar el procés para construir una solución democrática al conflicto, si no somos capaces de conformar una mayoría parlamentaria, y ojalá gubernamental, que represente un universo de catalanes superior al que representará un Govern de Esquerra y de Junts per Catalunya, desde el liderazgo de la izquierda.

Al menos esta vez parece que la CUP se vinculará mediante el acuerdo con ERC...

Sí, la implicación de la CUP ya supondrá una ampliación. Pero aún es una representatividad insuficiente. La gran oportunidad perdida es que En Común Podem no haya sido capaz de desembarazarse del PSC y haya actuado con el mismo coraje e inteligencia política con la que ha actuado Pablo Iglesias respecto al PSOE. Iglesias decía del PSOE cosas mucho peores de las que dicen los Comuns de Junts per Catalunya. Pero para Iglesias había un bien superior que era intentar arrastrar al PSOE hacia posiciones socialdemócratas. Si En Comú Podem hubiera sido partidaria de conformar un Govern de mayoría de izquierdas con ERC y la CUP, Junts seguiría siendo importante, pero no determinante. Hemos perdido la posibilidad de desplazar el centro de gravedad de la acción gubernamental hacia la izquierda, pero eso no quiere decir que no sea posible y creo que el republicanismo tiene que perseverar para alcanzar los retos que tenemos, que son gigantescos.

Esquerra también recibe críticas de los Comuns y en la legislatura pasada, de la CUP...

No es malo que ERC, como partido socialdemócrata, reciba la presión de otros partidos que están situados a su izquierda. Porque si ERC debe liderar el procés desde la centralidad es bueno que no se duerma y que las izquierdas le empujen. Por eso me parecen muy importantes aspectos del acuerdo con la CUP como todo lo que tiene que ver con los desahucios y el derecho a la vivienda, explorar la batalla ideológica de la renta básica universal y un magnífico criterio de gobernanza que implica que al cabo de dos años se tenga que pasar un control de evaluación de calidad, es decir, una cuestión de confianza.

La resistencia de En Comú Podem a compartir Govern es porque acusan a Junts ser de derechas...

No es verdad que el programa electoral de Junts per Catalunya sea más liberal que el que presentó el PSOE de Pedro Sánchez, como se da por hecho. No digo que el programa de Junts no esté inspirado en posicionamientos liberales, sino afirmo que lo es en la misma intensidad que el del PSOE. Hay hipotéticos miembros del Govern de Junts que no están a la derecha de la ministra Nadia Calviño. Esto es objetivo y demostrable.

¿Pero se podrá hacer casar un acuerdo con la CUP con un Govern de Junts?

Esquerra sólo puede liderar si ahora es capaz de articular la integración de Junts dentro del Govern sin bajar el listón de lo que ha pactado con la CUP. Lo pactado son unos proyectos, como la banca pública, los instrumentos para el acceso a la vivienda o la renta básica universal, que están por construir. Por eso no tendría ningún sentido que Esquerra los devaluara de entrada.

Hay dudas sobre si Junts aceptará un acuerdo de Govern...

Junts per Catalunya tiene cultura de poder y por tanto responsabilidad ante la obra de Govern. Y cientos de personas detrás implicadas en el proyecto profesionalmente. Pero es que además está en un período fundacional. Todavía no ha terminado esta fase y es muy difícil consolidar una fase fundacional desde la oposición. Junts sólo tiene una opción que es la de integrarse en el Govern. Lo que pretende es algo muy legítimo, que es hacer esta integración en las mejores condiciones posibles. Pero quien tiene la clave es Esquerra. No sólo porque ha tenido más sufragios sino porque ha tenido la capacidad de acordar con la CUP y está situado en el centro del tablero de juego.

¿Cómo ha conseguido ERC esta posición central?

Yo digo que es porque es el único partido que ha ido al terapeuta. El único que en estos últimos años ha sido capaz de repensarlo todo para reorientar la estrategia. Que se resume en que, para ganar, tenemos que ser más y tenemos que tener más los pies en el suelo. Esto no lo ha hecho ni el nacionalismo ni de momento los Comuns o el PSC. La clave está en que ahora ERC sepa culminar esta negociación y perseverar en el hecho de que lo que hace falta es priorizar en el Parlament -ya que no puede ser en el Govern- la conformación de un frente amplio.

¿Qué papel debe tener en este escenario el PSC?

Es que este frente amplio es, además, lo que permitirá que luego podamos tener un diálogo franco y constructivo con el PSC, porque ellos son parte de la solución, de la misma manera que lo son los partidos soberanistas, sean independentistas o no. Porque tenemos que construir una solución basada en el principio de realidad en la que se sientan integrados independentistas, soberanistas y constitucionalistas.

Usted en su libro 'En defensa propia' matiza la idea de que Catalunya es un solo pueblo (un sol poble). ¿Por qué?

Somos un sol poble, pero hay toques de alerta que hay que escuchar. Por ejemplo, una tercera parte de la sociedad catalana vive con estándares europeos, es decir bien o muy bien. Otra tercera parte vive en condiciones precarias y una tercera porción de un tercio vive en el umbral de la pobreza. En estas condiciones hablar de un solo pueblo ya genera un cierto pesar.

¿Por qué pone el énfasis en el republicanismo?

Nosotros los republicanos debemos priorizar la visión instrumentalista de la independencia. Esto se llama republicanismo. Unos y otros tenemos los mismos problemas y los mismos anhelos, y yo planteo que el instrumento para alcanzar estos objetivos es la República catalana, es decir la independencia.

¿Qué preocupaciones y anhelos?

Básicamente cinco: ¿cómo evitamos que el jaque al sistema público de pensiones no se convierta en mate?; ¿de qué manera conseguimos detener el progresivo resquebrajamiento de los pilares fundamentales del estado del bienestar que son la educación, la sanidad y la socialización de los servicios sociales?; ¿cómo conquistamos como derecho subjetivo el usufructo de la vivienda?, y no hablo de la propiedad; ¿cómo convertimos el derecho al trabajo en un elemento prioritario para socializarnos?; y quinto y finalmente ¿cómo nos hacemos competitivos en el mundo capitalista global? Estos son los cinco retos que tenemos las clases populares más allá de la buena gobernabilidad, que tienen mucho que ver con las libertades públicas.

Y cuáles son los pasos a seguir? En su libro habla de varias fases...

Lo importante ahora es ser conscientes de que la activación de las cuatro fases siguientes, es decir, dialogar primero para negociar después, para posteriormente acordar hasta llegar a la cuarta fase que es cumplir los acuerdos, se convertirán en una conquista democrática. Esto hará necesario demostrar que los independentistas somos capaces de continuar movilizando masas, que ganamos cada contienda electoral de forma creciente o que seamos capaces de desobedecer, hablo de desobediencia civil no de la institucional. Siendo conscientes de que durante el tiempo necesario para esta conquista democrática, la represión mutará, pero no desaparecerá.

Pero ¿cómo se puede sacar adelante una mesa de diálogo cuando ni el Gobierno español ni buena parte del independentismo creen en ella?

No se trata tanto de creer o no, sino de si se hace una lectura correcta o no de qué es lo que demanda la sociedad catalana. El partido que es capaz de transitar desde la posición de vanguardia a la de partido de masas es el que sabe leer la demanda de la sociedad. Y quien se resiste lo acabará aceptando, pero tarde y normalmente mal. Y yo estoy plenamente convencido de que lo que demanda la sociedad catalana es hacerlo de otro modo.

Como militante independentista histórico ¿cree que ha habido falta de previsión?

Nadie de mi generación, y cumpliré 68 años, había pensado que viviría nunca lo que hemos vivido. Si alguien dice que lo había previsto, miente o no dice la verdad. Lo ocurrido era imprevisible. De repente ¡hemos acumulado tanta fuerza! Todas las generaciones que viven aceleraciones de la historia se ven obligadas a improvisar.

Pero los adversarios de ERC le critican que ha cambiado el discurso respecto al 2017, no si se tuvo que improvisar...

¡Dios nos guarde si dijéramos lo mismo! Porque estamos en una fase distinta. ERC está recogiendo los frutos de ser el único partido que ha sido capaz de repensarlo todo, sin sentimiento de culpa. Porque llegamos al pie de la montaña y el primer objetivo debe ser que no nos alejen de esta posición. Que es el objetivo de la represión. No impedir que avancemos, sino hacernos retroceder. Mantenernos al pie de la montaña ya es una victoria y es cierto que cuando miras desde abajo se ve mucho más alta que cuando la veías de lejos. Tan alta como poco democrático es el Estado. Pero ahora hay que ver cómo se sube. Y por eso hemos planteado el camino ancho para que quepa mucha gente y sobre todo gente diferente. Esto es el frente amplio. Y se ha tenido que hacer con pocos medios, con los dirigentes en el exilio y en la cárcel, y frente al inmovilismo de los socialistas, con los Comuns que venían cargados de energía del 15-M convertidos en sus satélites y Junts creando un marco de acusaciones de traidores contra nosotros. De ahí el título del libro 'En defensa propia', y no es una cuestión personal.

¿Qué es la cultura del no bloqueo de la que habla en su libro?

Si realmente creemos que somos un solo pueblo y en la cultura de la acumulación de fuerzas, y queremos deshacernos de debates nacionalistas y convertir el republicanismo en hegemónico, debemos desplegar la cultura del no bloqueo. Es un debate que en ERC aún no se ha hecho, pero es lo que yo creo. Parte de la base de que el referéndum es inevitable porque si bien es cierto que el constitucionalismo está muy consolidado y retrocede muy despacio, el independentismo ha cuajado. No desaparecerá. La existencia de bloques permanentes interesa a las posiciones conservadoras porque neutraliza el conflicto de clases. En cambio, desde la izquierda todo avance en ganar estadios de progreso es deseable. Como republicanos, pensamos que hay que aceptar y no bloquear a aquellos que creen que lo mejor para las clases populares catalanas es un nuevo encaje con España como defienden los socialistas. Ahora, se trata de que ellos tampoco bloqueen a los que pensamos que lo es la República catalana. Esto se llama diálogo entre compatriotas, que en eso estoy de acuerdo con Miquel Iceta que también hay que hacerlo. Porque supongo que aspiramos a convencerlos. Y quien rechaza esto es que tiene unos argumentos y un proyecto político frágiles.

Pero ponga un ejemplo más concreto. ¿En qué se puede materializar la cultura del no bloqueo?

Imagínese que la izquierda catalana no independentista propone abrir hipotéticamente una ponencia en el Parlament para plantear un nuevo encaje de Catalunya dentro de España. Creo que la posición de los independentistas no debería ser de bloqueo, sino de participación. Ahora bien, si nosotros decidimos abrir una ponencia por una ley de claridad que haga posible un referéndum binario, ellos también participan. Entonces tendríamos un pueblo, o unas clases populares, que están construyendo una solución al conflicto que tal vez son dos. Por eso el referéndum es inevitable. Lo que no sabemos es ni cuándo ni cómo será. Pero por esta vía se podría llegar a un referendum en el que no hay que elegir entre un sí o un no, sino entre dos sí. Cuando el conjunto del pueblo, o casi, ha construido dos soluciones y todo el mundo ha participado en cada una de ellas, aunque todo el mundo tenga una prioritaria, el perdedor no es un derrotado. Esta es la cultura del no bloqueo.

Ahora Unidas Podemos está en el Gobierno español. ¿Qué opina?

Que son nuestros aliados y que los deberíamos convertir en nuestros hermanos de proyecto conjuntamente con el republicanismo vasco y el nacionalismo gallego.

¿Para hacer qué? Hay quien dice que detrás de esta estrategia está el objetivo de una República española. ¿Qué ganaría el independentismo?

No es el proyecto que planteo en esta alianza. Pero ojalá hubiera un proceso constituyente para una tercera república española. Porque inevitablemente debería comportar también el ejercicio del derecho a la autodeterminación. Lo firmaría mañana mismo porque sería inevitable el debate sobre cómo se adhieren o no las diversas naciones del Estado español. Y sería una gran oportunidad para el País Valencià y para las Illes Balears.

¿Eso quiere decir que la caída de la monarquía es una vía hacia la independencia?

Efectivamente. Nosotros no sólo estamos implicados en la lucha contra la monarquía española por razones de fraternidad republicana, sino porque además es evidente que el estado monárquico, que en Catalunya fue fundado por el nacionalismo catalán y por el PSC, es la piedra angular. Ojalá el republicanismo catalán con otras fuerzas del Estado pudiera tener en el horizonte un nuevo Pacto de San Sebastián que permitiera ir articulando las fuerzas democráticas.

Usted también es crítico con los plazos fijados para la independencia. ¿Por qué?

Vivimos en un mundo de la inmediatez. No podemos pensar en la independencia como quien pide una República cuatro estaciones. ¿Dónde está escrito que se gana a la primera? De hecho, todos fuimos víctimas de una preeminencia absoluta de las emociones, que es el mejor carburante que existe. Es lo que impulsaba a los jóvenes saliendo de Marsella hacia París en la Revolución francesa o aquí saliendo del Paral·lel hacia el frente de Aragón. Una cosa son las condiciones objetivas en términos materialistas que en un momento dado hacen que algo pase. Y el otro es el carburante humano.

De momento a lo que asistimos es a debates muy internos del independentismo como el del Consell per la República o ver quién es más combativo contra el Estado...

Como dice Otegi en el prólogo del libro, lo que se trata no es tanto de estresar a los convencidos, sino de incorporar a los que no lo están. Si caes en una espiral de acción y reacción, lo que haces es exigir a los convencidos posiciones cada vez más resistencialistas, abnegadas y épicas. Lo cual significa dejarlos exhaustos. Y los que lo miran de lejos y que habría que convencer todavía se retiran más.

¿Le preocupa la irrupción de la ultraderecha en el Parlament?

Estamos ante un fascismo poco ideológico con un discurso muy vacío. Se aprovecha del sentimiento de desamparo. Por eso crece en los lugares donde la red ciudadana, los movimientos populares y la sociedad civil es más frágil. Razón por la que creo que no nos conviene guetizarlos. No digo que se les tenga que normalizar, pero no ir de frente.

90 años después ¿qué queda en la Catalunya actual de aquella República de Companys y Macià?

El franquismo es un paréntesis que garantiza que todos los problemas no resueltos entonces los tengamos ahora. No hay ninguna cuestión troncal que el franquismo metabolizara. El hilo del republicanismo, y no digo que sea el único, es el que enhebra nuestro presente con aquella República con la fidelidad a la modernidad. Es un concepto clave. El republicanismo fue moderno posicionándose a favor de la independencia de Cuba, durante la restauración criticando el esclavismo, apoyando a las sufragistas, el divorcio, etc. El republicanismo debe ir asociado a modernidad y ello tanto para los temas fáciles como para los complejos. Si se quiere que los valores republicanos sean hegemónicos, no basta con la libertad, la igualdad y la fraternidad. Hay que desplegar todo el paradigma que abre cada una de estas tres ideas porque, si no, te quedas con un republicanismo de manual. Y tenemos un espejo donde visualizarlo, que es la hegemonía republicana de los años 30.

También ERC ha cumplido 90 años…

Sí. Va ligado al republicanismo. Por eso ERC ha asumido el papel de la centralidad. Que para mí significa convertir ERC en un partido psuquero. Es decir en el partido instrumental y al mismo tiempo contenedor. La gente en Catalunya no se hacía del PSUC porque fueran comunistas. La gente se hacía del PSUC y luego si acaso algunos se hacían comunistas. Porque era el partido contenedor de la lucha por la libertad y de acumular fuerzas para acabar con Franco. Por eso creo que ERC ahora más que un partido de ideología debe ser un partido creíble. Que por trayectoria demuestre honestidad y coherencia. Y creo que eso le hará crecer porque la gente se sentirá cómoda dentro de ERC. Y quien quiera otra cosa que milite en el resto de partidos de este frente amplio, porque ahora el objetivo no debe ser a ver quién se queda el trozo más grande del pastel de los convencidos, sino hacer un pastel más grande convenciendo a más gente.