Público
Público

Coronavirus Argimon, secretari de Salut Pública: "A pesar de los rebrotes es seguro visitar cualquier punto de Catalunya"

La foto és Josep Maria Argimon en la sede del Institut Català de la Salut. Firma: LAIA ROS
Josep Maria Argimon en la sede del Institut Català de la Salut./LAIA ROS

Josep Maria Argimon se ha convertido en la cara visible de la lucha contra la pandemia en Catalunya como nuevo secretario de Salut Pública del Departament de Salut, cargo que compatibiliza con la dirección del Institut Català de la Salut. Define la situación epidemiológica de la pandemia en Catalunya de "calma tensa".

Josep Maria Argimon (Barcelona, 1958) es el nuevo secretari de Salut Pública del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya. La nueva cara, y también el cerebro, de la lucha contra el coronavirus en Catalunya. Algunos lo equiparan como el Fernando Simón catalán. Accede al cargo en plena crisis sanitaria con importantes rebotes de la covid-19 en Lleida y el área metropolitana de Barcelona. Argimon es un veterano i respetado epidemiólogo, licenciado en medicina y doctor por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), especialista en medicina preventiva y salud pública, diplomado en epidemiología y estadística por la Université Pierre et Marie Curie París IV, máster en atención sanitaria basada en la evidencia por la Universidad de Oxford y máster en epidemiología y planificación sanitaria por la Universidad de Gales. También ha sido consultor internacional en América Latina para la Unión Europea y la Agencia Alemana de Cooperación. Argimon compatibilizará el cargo con el que ya ocupaba como director gerente del Institut Català de la Salut. En la entrevista define la situación epidemiológica de la pandemia en Catalunya de "calma tensa" pero asegura que visitar cualquier punto del territorio catalán es seguro.

Ha accedido al cargo de secretario de Salut Pública en plena situación de rebrote. ¿Dudó a la hora de aceptar?

No, dudar, no dudé. Lo que sí tenía claro –y la consellera Vergés lo vio enseguida– es que hacía falta compatibilizar la nueva función de Salut Pública con la que estaba haciendo en la dirección del Institut Català de la Salut (ICS). Había una sinergia clara entre Salut Pública y la parte asistencial en que el ICS representa la institución más importante del país en cuanto a hospitales, centros de atención primaria y número de profesionales.

¿Por qué hacía falta ahora esta sinergia?

Porque nos enfrentamos a una pandemia y no a un brote epidemiológico como puede ser una legionela o una meningitis. Y hay que hacerlo con todos los medios posibles.

Usted, que ahora tiene la doble perspectiva, ¿no cree que el sistema sanitario se ha centrado mucho en los recursos asistenciales y ha abandonado la salud pública?

Esto es cierto. Tenemos un sistema sanitario muy centrado en la parte asistencial y especialmente en el sector hospitalario, no se puede ocultar. Aunque tenemos la atención primaria como eje del sistema, pero hay que reconocer un sesgo en recursos hospitalarios. Gran parte del presupuesto se concentra en la parte asistencial respecto a la salud pública, que está dimensionada para problemas sanitarios que hasta ahora eran los habituales de los países desarrollados. Ni nosotros ni nadie teníamos la parte de salud pública dimensionada para poder hacer frente a una pandemia.

¿Y este desequilibrio qué efectos tiene?

Que el mundo asistencial tiene músculo suficiente como para responder ante el embate del coronavirus que genera una avalancha de enfermos e incluso de críticos. Somos capaces de multiplicar las plazas de atención hospitalaria, de camas de críticos... Y, en cambio, salud pública, a pesar de haber mucho conocimiento, tiene mucha menos musculatura para hacer su función ante la pandemia. Los presupuestos no lo han tenido en cuenta ni ahora ni nunca.

¿Y cuál era esta función que salud pública no ha podido ejercer con bastante musculatura ante la covid-19? ¿En qué habríamos notado la diferencia de tener una salud pública reforzada?

Se habría notado mucho en el hecho de poder identificar claramente los casos y, sobre todo, sus contactos estrechos en las primeras fases de la pandemia, para poder ir rompiendo las cadenas de contagio. Aunque tampoco podemos perder de vista dos factores. Primero, que en febrero, cuando llegan los primeros casos a España, el virus ya circulaba hacía semanas o meses. Esto quiere decir que el virus ya estaba instalado comunitariamente, y romper las cadenas de contagio entonces ya era muy complicado. Y, segundo, que para hacer el rastreo necesitas a muchas personas en el caso de una pandemia.

¿Nos cogió desprevenidos la pandemia?

Todos los especialistas esperábamos que algún día llegaría una pandemia. Las amenazas globales en salud están basadas en enfermedades infecciosas. Pero sí creo que tenemos que hacer autocrítica y reconocer que hubo un cierto elemento de negación. Yo mismo la hice. No hablo de cuando el virus estaba en China, sino de cuando estaba en Italia. Veíamos lo que estaba pasando, pero aún así nos costó entender que nos pasaría lo mismo. Esto ha sido una constante en toda Europa.

¿Cómo definiría la situación epidemiológica de la pandemia en Catalunya en estos momentos?

De calma tensa. Tenemos una incidencia general que no llega a los 100 contagios por cada 100.000 habitantes. Y una Rt [capacidad de multiplicación de contagio] que es de 1 [una persona contagiada solo contagia a otra persona]. No vamos mal y hay que destacar que los datos han ido mejorando la última semana, gracias a la mejora en las zonas en que teníamos más rebrote, y esto es importante. Pero hay que poner mucho énfasis en que no podemos bajar la guardia.

¿Cuál es la situación en los principales territorios con rebrotes?

En Lleida se ha conseguido la estabilización y ya vemos el descenso de la tasa de infección, aunque todavía es elevada, y una Rt por debajo de 1. En Barcelona ciudad, similar, y, en la Metropolitana Sud, se empieza a estabilizar L’Hospitalet de Llobregat, que era el primer foco, pero ahora todavía crece en municipios como Cornellà o Castelldefels.

¿En qué cree que se ha fallado después del desconfinamiento?

En no tener un sistema de detección e identificación claro de casos. En identificación menos, porque en el mes de mayo la atención primaria ya se pone las pilas en esta cuestión y se han hecho más de medio millón de pruebas diagnósticas de PCR. Pero lo que sí ha fallado es todo el sistema de detección de contactos estrechos para intentar romper las cadenas de contagio. A finales de mayo y principios de junio el virus circulaba poco, en muy baja intensidad, y eso nos indica que hemos fallado aquí claramente.

¿Este déficit se corrige con el nuevo plan de control de la transmisión de la covid-19? ¿Cuál es el objetivo?

El objetivo básico del plan es controlar la pandemia en Catalunya. Consta de varias líneas de actuación. La primera tiene que ver con lo que hablábamos de la detección y seguimiento de contactos estrechos en caso de contagio. Cuando llegué a la secretaría dije que las primeras acciones irían dirigidas a incrementar la potencia para poder hacer el rastreo. Se decidió incorporar a los agentes covid, muy integrados en los equipos de atención primaria. Esta es la sinergia crucial entre red asistencial y red de salud pública a la que me refería. Hemos contratado a 560 personas como agentes covid. Esto supone poner en estrés a la atención primaria, pero es muy importante que en dos semanas se haya pasado de una media de PCR de 42.000 a las 72.000 actuales.

¿Serán necesarios más rastreadores?

Ahora ya tenemos cubierto casi todo lo que nos planteamos. Si la pregunta es si debe crecer, la respuesta es sí. Porque será buena señal, en el sentido de que estaremos identificando cada vez más contagios, más contactos..., para intentar romper la cadena de contagio.

¿Cómo es que el plan llega ahora, un mes después del confinamiento?

El plan no se ha hecho desde que yo estoy a cargo de Salut Pública. Ya existía, aunque evidentemente he añadido algunos elementos, como la realización de PCR a los contactos estrechos.

¿La presentación tiene un componente más pedagógico de cara a la ciudadanía?

Exacto. Tiene una voluntad pedagógica para explicar que tenemos una hoja de ruta.

¿El mensaje de fondo es tranquilizar a la gente respecto a que el confinamiento solo llegará en caso de máxima gravedad, con peligro de colapso hospitalario?

Hasta que sea grave, no; hasta que sea necesario. Hay que pensar, sin embargo, que la razón de un confinamiento es la de evitar el colapso y que el sistema sanitario ya no pueda dar respuesta asistencial a los casos. Nosotros ahora mismo no estamos en este estadio. Salvo el Hospital Arnau de Vilanova de Lleida, que está más tensionado, en el resto de centros tenemos ingresados, ​​pero en un volumen que nos permite hacer todas las tareas asistenciales habituales de un mes de julio con normalidad, con una tercera parte de la plantilla de vacaciones. Por lo tanto, no hay razón para hacer un cierre de confinamiento. Pero es muy importante ser capaces de doblar la curva, porque, si se disparan los casos, hay más posibilidades de impacto en la red asistencial.

¿El levantamiento del confinamiento del Segrià demuestra que las medidas restrictivas son efectivas?

Sí. Es un buen ejemplo. Han sido medidas muy duras que han supuesto un sacrificio muy importante para la ciudadanía del Segrià. Pero se ha demostrado absolutamente necesario y efectivo. Es bueno que las medidas se relajen. Ahora bien, no nos podemos relajar, solo estamos al inicio del descenso de la curva.

¿Qué quiere decir que estamos ante diez días críticos?

Usé esta expresión, que luego utilizó el president Torra, no porque tengamos muchos enfermos críticos, sino desde la perspectiva de que tenemos una curva de contagios en aumento, y que hay que doblarla en estos días.

¿Pero las llamadas a las restricciones sociales no se contradicen con la potenciación del turismo por parte del Govern?

Que venga gente es compatible. O que nosotros vayamos a otros lugares. Y hay que tener presente que ningún país o región europea prevé que llegarán el mismo número de turistas que lo hacían antes de la pandemia. Hay que ponerlo en el contexto actual en que se viaja, pero no con la misma intensidad de antes.

Hay recomendaciones de muchos países de no viajar a Catalunya por los rebrotes.

A pesar de ello, visitar cualquier punto de Catalunya es seguro. Las cifras epidemiológicas están mejorando y tenemos una red sanitaria preparada.

El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, Fernando Simón, dice que, epidemiológicamente, mejor que no vengan los turistas.

Debemos encontrar un equilibrio entre la vitalidad económica de todos los sectores y el ámbito epidemiológico. Lo que dice el doctor Simón lo puedo entender perfectamente desde el punto de vista epidemiológico, pero cuando tienes en cuenta todas las vertientes de la salud pública, hay que considerar otros elementos. También el hecho de que la actividad económica es fuente de salud. La peor enfermedad que nos encontramos es la pobreza y la desigualdad. Y esta crisis, desgraciadamente, nos dejará mucha pobreza y muchas más desigualdades de las que ya tenemos. Por lo tanto, debemos compatibilizarlo todo, pensando en todos los elementos siempre desde la vertiente de la salud.

Algunos epidemiólogos claman por confinamientos totales para evitar los contagios. ¿Es así desde el punto de vista científico?

Esto se sustenta científicamente si se quiere evitar contagios. Cerrados, no nos contagiamos. Este es un punto de vista estrictamente epidemiológico. Pero las consecuencias que tiene un cierre son muy graves en la esfera emocional de las personas, en el impacto sobre las adicciones y también significa parálisis económica, gente que se queda sin trabajo y que verá empeorar su salud como consecuencia de ello. Los efectos que ha tenido la crisis económica de 2008 sobre la salud son muy importantes. Hay que tener una mirada muy poliédrica.

¿Es más peligroso ir al cine o al teatro que a la playa o a una terraza de bar?

No, no lo es.

¿Y por qué se decretaron restricciones en un ámbito y no en el otro, aunque después el TSJC las ha levantado?

Son medidas que claramente había que revisar. Estas restricciones buscaban reducir la movilidad un poco, porque la movilidad está claramente relacionada con el contagio. Pero la movilidad no se reduce un poco. O se reduce o no se reduce. Ahora bien, seamos claros, los teatros que habían abierto en el área metropolitana de Barcelona eran una quincena de setenta, y los cines, desgraciadamente, no tenían mucha afluencia de público en la mayoría de casos, incluso antes de la covid. Por lo tanto representaba una movilidad muy pequeña, y tampoco la evitas, porque la gente, si no puede quedar para ir al cine, puede quedar para ir a tomar un café. Y, además, te comportaba que la gente no entienda la medida.

En la prohibición del ocio nocturno no parecen tener tantas dudas. ¿Por qué?

Porque aquí la movilidad sí que es bastante más importante y con mucha gente y aglomeración en algunas zonas. En este tema lo teníamos muy claro y era una medida que en el mundo local también se reclamaba con fuerza.

¿Les preocupa la operación salida de agosto con una movilidad intensa?

Ya ha salido mucha gente. En la movilidad hay que tener en cuenta que la gente se mueve, pero también cómo se mueve. Con qué responsabilidad se mueve cada uno. Si eres una persona responsable en tu lugar de residencia y vas a pasar unos días fuera, pero sigues con la misma actitud, no hay ningún tipo de problema. Lo que pasa es que el verano es tiempo de relajación, pero las normas de seguridad para evitar los contagios no se pueden relajar. El verano es también tiempo de reencuentro y hay que reencontrarse con amigos y familiares, pero de forma responsable. Intentar juntarse un número discreto de personas, por grupos, en vez de todos a la vez... Esto no lo parece, pero es muy importante y nos jugamos mucho en unos días que son críticos.

Pues al inicio de los rebrotes se pidió no moverse y no ir a las segundas residencias en ningún caso. ¿Qué ha cambiado para que ahora hablen de movilidad responsable?

El secretario de Salud Pública. Siempre hay diversidad de opiniones y yo tengo las mías, lo cual no quiere decir que tenga razón.

¿Sería positivo para el control de la pandemia aumentar la identificación en el transporte público o en los locales de ocio? ¿Saber al lado de quién te has sentado?

Hay elementos como los desplazamientos en autocares que podrían incluir esta medida. Pero en ningún caso esto tendría que ver con un pasaporte.

¿Está en contra del pasaporte serológico? La presidenta de Madrid o científicos catalanes como Oriol Mitjà, que asesora al Govern, lo han defendido.

Tengo una excelente relación con él y me asesora. Pero no creo que esta sea una buena medida, por varios motivos. Porque nos puede crear dudas, ya que científicamente todavía no sabemos cuál es el grado de inmunidad de los anticuerpos. Y también porque puede generar desigualdades si se utiliza para que unas personas no puedan hacer determinadas cosas en función del pasaporte. O puede incidir en el acceso a un trabajo, a determinados lugares de ocio... La identificación explícita de que alguien tenga o no tenga una enfermedad no es bueno.

Han definido el plan de control de la pandemia a dos años vista. ¿Este es el tiempo que creen que durará?

Cuando hablamos de dos años, el concepto que ponemos encima de la mesa es que tendremos que convivir con este virus durante meses.

¿Y en qué tenemos que confiar más? ¿En tratamientos farmacológicos que puedan apaciguar los efectos del virus o en la vacuna que evite el contagio?

Si hablamos de la vacuna, en el mejor de los casos, a finales de año podría estar disponible la que elabora la Universidad de Oxford. Pero luego se ha de fabricar y distribuir, y hablamos de miles de millones de dosis. Con todas las problemáticas logísticas y derivadas económicas. Esto nos lleva a por lo menos un año. Pero, durante este tiempo de espera de la vacuna, yo, más que en un fármaco milagroso, confiaría en la vacuna que ya tenemos ahora mismo, que no es otra que la del lavado de manos, la mascarilla y la distancia física entre personas.

¿Nuestro actual sistema de organización social de masificación urbana, actividades y consumo de masas..., es un peligro ante la pandemia? ¿Tenemos que cambiar este sistema?

No. Hay que cambiar cosas, pero porque tenemos que hacer que este mundo sea sostenible, también medioambientalmente. No debemos hacerlo por el miedo a la pandemia. El miedo no puede ser nunca un elemento que sirva para gestionar los cambios en nuestra sociedad.