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Entrevista al director de FundiPau Jordi Armadans: "No podemos aspirar a un mundo en paz si no hacemos políticas de paz"

El director de FundiPau, Jordi Armadans.
El director de FundiPau, Jordi Armadans. Públic

El director de FundiPau defiende la imperiosa necesidad de una desescalada militar en Ucrania, ve muy "tocada" la figura de Putin y también incide en los errores cometidos por Occidente en los últimos 30 años, como la expansión de la OTAN, que no han contribuido a aumentar la seguridad humana. Advierte que la escalada armamentística que se intuye nos aleja del modelo que podría evitar conflictos como el actual.

Jordi Armadans es director de FundiPau (Fundació per la Pau) , una entidad de casi cuatro décadas de vida dedicada a promover la Cultura de Paz y la Noviolencia. En unos días marcados por el ataque militar de Rusia sobre Ucrania y por la escalada armamentística que se vislumbra, el suyo es un análisis que se hace escuchar, alejado de los discursos más encendidos y maniqueos. Muy crítico con Vladimir Putin y muy preocupado por las devastadoras consecuencias humanitarias del conflicto, también pone el foco en las políticas desarrolladas por Occidente y la OTAN durante las tres últimas décadas, que precisamente no han contribuido a generar una mayor seguridad. En este sentido, alerta de que la reacción inmediata de la Unión Europea -que puede implicar un incremento del gasto militar- supone "intensificar el modelo que desde un punto de vista racional deberíamos cambiar si queremos evitar cosas como las que estamos viviendo".

Firme partidario de la eliminación de las armas nucleares, considera que con el fin de la Guerra Fría se cometió un "error" al no eliminar la OTAN para crear estructuras de seguridad compartidas en Europa "en las que todo el mundo se sintiera escuchado y reconocido". A nivel inmediato, sin embargo, la prioridad es conseguir una desescalada que detenga las hostilidades militares en Ucrania y Armadans apunta algunas de las "grietas" que podrían hacerlo posible.

En una semana de conflicto ya se ha llegado al millón de refugiados, existe una cifra similar de desplazados internos, miles de muertos y, evidentemente, graves consecuencias económicas, sobre todo para las poblaciones ucraniana y rusa, pero también para gran parte del mundo. ¿Ve factible una desescalada a corto plazo o tiene la sensación de que hemos entrado en una espiral difícil de prever?

La desescalada es lo que desearíamos todos y es la mejor solución, pero no parece fácil. Muchos analistas tienen la sensación de que Putin ha hecho una huida hacia adelante y, por lo tanto, es difícil volver atrás. Ahora bien, hay algunas cosas con las que no contaba. No esperaba que habría una cierta oposición interna, reducida numéricamente, pero que es significativa, con protestas en la calle y con algunos científicos, famosos u oligarcas [que se han pronunciado en contra]. Si esta grieta se consolida y se incrementa puede ser un elemento que le afecte. También es relevante la votación en la asamblea general de Naciones Unidas, porque demuestra un aislamiento tan brutal y espectacular que te afecta por más aislacionista que estés. Si esto sirve para que pueda haber un replanteamiento y una disponibilidad a pactar algún tipo de solución que detenga las hostilidades, los ataques y bombardeos sería fantástico.

Hay algunos analistas que apuntan a que la pérdida de apoyos internos puede suponer que estemos al inicio del fin de Putin como gobernante de Rusia. ¿Podemos ir hacia ese escenario?

"Desde un punto de vista del poder político y económico la figura de Putin está ahora mismo desgastada", explica Armadans

Al margen de cómo acabe estrictamente la guerra, el paso adelante que ha dado este hombre es muy salvaje y desde un punto de vista del poder político y económico la figura de Putin está ahora mismo desgastada. Puede que sea como la piedra en el zapato que le empieza a torcer el camino, pero ya sabemos que cuando acaba un liderazgo político puede ser un proceso que se alargue y lo haga de forma muy penosa y con muchos impactos negativos. Pero resulta difícil imaginar que Putin pueda recuperar su rol internacional, que ha quedado muy debilitado.

Asimismo, todos sabemos que Putin tiene apoyos y gobierna con mano de hierro. Uno de los factores que explica el ataque es la voluntad de recohesionar a la sociedad rusa, donde hay sectores críticos, con malestar, y con el pretexto de un enemigo externo podía pensar que esto reagruparía a los rusos. Esto no ha terminado de ser así. Además, en cuanto a los escenarios de victoria, nadie puede imaginarse que sea tan complicado ahuyentar al gobierno ucraniano, pero instaurar un nuevo gobierno fiel a Rusia, que tenga que aguantar el empleo, es bastante insostenible política, económica y militarmente. Incluso en un escenario en que ganara de inmediato el conflicto militar creo que está tocado. Y, según cómo, esto le hace algo más peligroso.

¿Qué incentivos deberían ponerse sobre la mesa para que se detuvieran las hostilidades militares?

En estas situaciones de conflicto lo que uno puede considerar más interesante quizá no sea lo más útil y a la inversa, lo que obliga a afinar. Seguramente para que Putin pueda replantearse las cosas es necesario doblegar sus intenciones, pero no humillarle. La humillación a un personaje que ha hecho lo que ha hecho no sería un estímulo positivo, sino una tentación por apretar más el acelerador. Los estrategas de las negociaciones son los que deben ser capaces de imaginar algún escenario en el que Putin acepte la derrota de algún modo, o en que al menos deje de hacer la guerra y la ocupación, pero que tenga la sensación de que a la vez algo se lleva. Hace falta firmeza, pero a la vez hace falta mucha finura para que Putin se vea forzado a pactar, pero también vea la necesidad de hacerlo.

¿Qué piensa de la reacción de la Unión Europea? Desde buena parte de la opinión pública se está elogiando por la rapidez y la contundencia, pero uno puede temer que entremos en una nueva fase de militarización y escalada armamentística que no parece el mejor camino a largo plazo.

Lo primero es que evidentemente es un conflicto que está a las puertas de Europa y que Putin está desafiando a la OTAN, la UE, etc, ... y eso implica que la UE debe reaccionar, pero también hay una sobreactuación de los dirigentes europeos porque es un conflicto muy mediático y del que todos estamos hablando. En otras crisis no ha habido ningún tipo de reacción de los países europeos e, incluso, en algunas están implicados en situaciones de conflicto y no han desescalado. Es honesto advertir que una parte de esta reacción se debe a esto, a que todos hablamos del conflicto, pero no quiere decir que su única preocupación sea preservar la vida y los derechos humanos. En segundo lugar, desde un punto de vista absolutamente técnico, la UE, que a veces le cuesta mancomunar las decisiones, es verdad que ha tomado decisiones rápidas y puede que desde este punto de vista esto sea como un estímulo para decir "podemos ser capaces de intervenir en el mundo".

"En otras crisis no ha habido ningún tipo de reacción de los países europeos", aclara Jordi Armadans

La tercera parte es evaluar es evaluar el contenido de estas respuestas y para mí es absolutamente objetivo que muchos de los problemas que tenemos en el mundo y que han facilitado situaciones como la que tenemos ahora son una falta de seguridad compartida, de estructuras de gobernanza democrática global, una excesiva dependencia de la política de seguridad sobre los temas militares o el poco control armamentístico... Si queremos un mundo más seguro y en paz debemos trabajar sobre estas causas y decisiones inmediatas que se están tomando van más bien en sentido contrario, van a intensificar el modelo que desde un punto de vista racional deberíamos cambiar si queremos evitar cosas como las que estamos viviendo. Y esto es alarmante.

Partiendo de la base de que la decisión de Putin es injustificable e intolerable y que provoca un enorme sufrimiento humano, ¿entiende que durante años la actuación occidental ha generado un caldo de cultivo de un cierto malestar en Rusia y que ésta se haya sentido amenazada por movimientos como la expansión de la OTAN en el espacio que considera su patio trasero?

Esto es clarísimo y creo que nadie puede negarlo. Está clarísimo que Putin es culpable y que todas las muertes que provoque serán responsabilidad suya, pero también lo es que si la OTAN es un instrumento para garantizar la seguridad de sus miembros, como tal hay que exigirle que haga buenos cálculos y tome buenas decisiones que no alteren esta seguridad. Y la política expansionista hacia el antiguo bloque del este, puedes considerar ideológicamente que es correcta, pero no es discutible que puede haber terminado generando una grieta de seguridad entre sus miembros. Por lo tanto, la OTAN debería hacer una autocrítica brutal. No olvidemos que es un organismo que si tiene algún sentido que exista es para proveer de seguridad a toda la zona euroatlántica. Y, o ha hecho una mala previsión, o ha hecho una mala jugada o ha sido demasiado inconsciente, pero debería analizar lo que ha pasado y reconocer su responsabilidad.

En TV3 ha comentado que la OTAN debería haberse disuelto cuando terminó la Guerra Fría. ¿Por qué cree que en vez de hacerlo se expandió?

Es algo que mucha gente discutiría, pero para mí es bastante evidente. Hay otro paralelismo. El gasto militar durante la Guerra Fría se disparó hasta unos niveles desconocidos y todo el mundo pensaba que cuando se acabara habría una liberación de recursos enorme y, de hecho, se hablaba del dividendo de la paz que se dedicaría a otras cosas. Es verdad que cuando se terminó el gasto militar bajó, pero sólo un poco y, al cabo de una década empezó a subir y ahora ya estamos a niveles de la Guerra Fría. ¿Cómo es que se acaba la Guerra Fría y sin embargo los niveles de gasto militar continúan a niveles muy similares? Esto significa que de alguna manera lo que se creó se ha quedado como estructural, al margen de los acontecimientos y el análisis sobre problemas de seguridad.

Con la OTAN es un poco lo mismo. Es un organismo que nació en el contexto de la Guerra Fría con un sentido y era muy razonable que cuando se acabó más que uno de los bloques se imponga al otro, de lo que se trata es de crear nuevos espacios de seguridad compartida en los que todo el mundo pueda sentirse reconocido y escuchado. Y a partir de ahí empezar un nuevo mundo con nuevas estructuras de seguridad. Esto no se hizo y para mi es evidente que fue un error de visión absoluta. Estos días nos preguntan mucho a los pacifistas y "¿vosotros qué haríais ahora?". Y la respuesta es qué ha hecho usted en estos 30 años desde el final de la Guerra Fría, que en vez de proveer seguridad, proteger los derechos humanos y crear condiciones de paz, ha estado alimentando una maquinaria bélica y unas dinámicas de enfrentamiento y bien, pues seguimos en estas historias.

¿Cómo deberían funcionar estas estructuras de seguridad compartidas distintas? Entiendo que conllevarían una desmilitarización importante y un desarme muy notable.

Por ejemplo, el Organismo para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) tiene un peso menor al que debería tener porque los estados así lo quieren y, seguramente, porque la OTAN no ha querido ceder parte de su protagonismo. Pero si la OSCE se hubiera fortalecido sería como el foro de encuentro de todos los países del continente europeo, en el que todos se reconocerían y cuando tuvieran angustias, problemas o percepciones de inseguridad podrían abordarse las cuestiones. Y a partir de ahí la creación de medidas de confianza, acuerdos bilaterales, acuerdos multilaterales para ir incrementando la cooperación en temas de seguridad, en temas científicos, en temas de desarrollo, de derechos humanos, de todos los sistemas de alerta y prevención de conflictos, obviamente los temas de desarme, de no proliferación, de control de comercio de armas...

Si todos estos capítulos se hubieran desarrollado en un contexto de reconocimiento de todos los países del continente europeo no podemos decir que habría ido todo fantástico, pero al menos podemos decir que se habrían hecho las cosas de una forma más sensata. Pero esto desgraciadamente no se ha hecho.

¿El movimiento pacifista y el movimiento antimilitarista han perdido fuerza?

"Cuando se produjo el referéndum de la OTAN había movilizaciones masivas y hay gente que interpreta que aquello era el movimiento por la paz y que después el movimiento por la paz son las tres o cuatro ONG que había", destaca Jordi Armadans

Creo que no. Hay algo que creo que genera confusión. Cuando se produjo el referéndum de la OTAN había movilizaciones masivas y hay gente que interpreta que aquello era el movimiento por la paz y que después el movimiento por la paz son las tres o cuatro ONG que había. Pero si miras a las entidades, entidades que ya existían en 1986 continúan ahora y entidades que no existían han surgido. Por lo tanto, desde un punto de vista de las entidades y de los nodos del movimiento por la paz, hay más ahora que antes. Y, es más, las hay con mayor calidad. Ahora siguen existiendo colectivos de base, pero hay más ONG y también hay docencia universitaria en temas de paz o centros de investigación por la paz, etc... Según lo mires, es al revés y el trabajo por la paz se ha diversificado mucho y ha llegado a muchos sitios. En cuanto a movilizaciones en la calle, que es lo que no debe confundirse con el movimiento, a veces también se han producido, como con los Balcanes o con la guerra de Irak. Creo que la salud del movimiento es la misma, con un núcleo fuerte que irradia a la sociedad y que depende de los temas y del momento se amplía o se acorta.

En cualquier caso, se puede pensar que no tiene suficiente incidencia, precisamente porque aunque gran parte de la sociedad pueda comulgar con él, luego vemos cómo la respuesta de los gobiernos en una situación de conflicto está muy alejada de las recetas del movimiento pacifista.

Existe esa dualidad. Seguramente en la medida en que existe una cultura de paz muy extendida socialmente, su grueso no es enorme y, por lo tanto, cuando salen crisis quizás hay gente que estas reflexiones o pensamientos se le adelgazan. Es un tema que como movimiento debemos ser conscientes de ello, que quizás ha habido momentos en los que hay gente que se ha aproximado a nuestros planteamientos, pero que en momentos de crisis se aleja. Por otra parte, percibiría que todos los movimientos sociales o con perspectivas de transformación de fondo se encuentran en esta situación. Es cierto que ha habido una fuerte movilización con el tema climático y que ha habido importantes cambios de posición de gobiernos, pero hay temas capitales que siguen sin tocarse. Cuando cree tener problemas de abastecimiento, la UE dice que la energía nuclear es verde.

Todos los movimientos que plantean cambios muy globales se encuentran en esta situación. Por una parte, despiertan simpatías y cierta complicidad de muchos sectores, pero a la hora de tomar decisiones críticas que cuestionan el desarrollo económico o el modo de vida que tenemos se tiende al conservadurismo. Que haya habido cierto debate social sobre si enviar armas o no es un ejemplo clarísimo sobre la influencia del movimiento pacifista, porque hace 30 años no habría existido. Ha crecido la conciencia crítica, pero supongo que todavía no lo suficiente para dar un vuelco en las políticas.

En un artículo en 'Crític' defendía que si se hiciera caso a los pacifistas quizás tendríamos menos armas y más capacidades para gestionar y prevenir conflictos.

"No podemos aspirar a un mundo en paz si no hacemos políticas de paz", explica Jordi

Si miramos sólo los conflictos armados de los últimos 30 años y la cantidad de destrucción, muerte y odios que han generado... Todo esto es obvio que se hubiera podido abordar de otro modo si hubiera habido otras prioridades, otras estructuras, otros valores y otras políticas. Sólo que con el comercio de armas hubiera habido un control efectivo desde los años 90 nos habríamos ahorrado muchísimas cosas. Y esto era puramente voluntad política de los estados. Y no ha existido y, de hecho, hasta 2014 no nace el tratado que regula el comercio de armas a nivel mundial, lo hace empujado por la sociedad civil y tiene muchas limitaciones e incumplimientos. Esto significa que vamos tarde, que hacemos las cosas mal y que no tenemos bien enfocadas las prioridades y éste es el drama. No podemos aspirar a un mundo en paz si no hacemos políticas de paz.

¿En los años 90 se habría imaginado que en pleno 2022 volvería a resonar con fuerza el concepto de disuasión nuclear?

No y mira que nosotros, como Fundipau, somos una entidad que hemos estado activos en todas las campañas de desarme que ha habido en los últimos años: con las minas, las bombas de racimo, el tratado de control del comercio de armas y la campaña por las armas nucleares. Y puedo decir que llevamos ocho años clamando en el desierto y nos ha costado mucho que los partidos y gobiernos entiendan la importancia del problema de las armas nucleares. Y ahora tenemos esa situación en la que se insinúa el uso de armas nucleares en Europa, que evidentemente es un precipicio enorme.

Vale la pena prestarle atención, porque cuando hemos cuestionado las armas nucleares, alguna gente dice que "tranquilos, que con la disuasión nuclear no hay problema, porque si uno tiene armas nucleares el otro también tiene y no pasará nunca nada". Pues bien, ahora se insinúa su uso a pesar de que exista la disuasión nuclear, lo que nos demuestra clarísimamente que lo más sensato en términos de seguridad, paz y supervivencia del planeta es eliminar las armas nucleares. Y no hacerlo es una gravísima irresponsabilidad de las potencias nucleares, pero también de todos aquellos países que no se han sumado al tratado de prohibición de las armas nucleares, como España y buena parte del continente europeo.

Si se quiere realizar una cierta lectura optimista, ¿no sé si a medio plazo podemos ver una cierta revuelta ciudadana contra el incremento del gasto militar, si tenemos en cuenta que vamos a una época como mínimo de transición, con un encarecimiento energético que golpea las condiciones materiales de vida de las clases populares?

En el momento inmediato tengo la sensación de que se va a imponer el discurso que debemos aumentar el gasto militar, debemos estar más fuertes y ser más capaces de repeler posibles acciones como ésta. Pero sí que es cierto, por el trabajo por la paz que se ha hecho y por un crecimiento de la conciencia crítica, que cosas que hace 30 años las decían especialistas, ya sea en temas de paz, derechos humanos, medio ambiente o género, ahora son compartidas por buena parte de la sociedad. Creo que ha crecido mucho la conciencia crítica en torno al comercio de armas, al valorar su impacto negativo, y en torno a gastar tanto en gasto militar cuando tenemos necesidades sociales o sanitarias para atender.

Creo que mucha gente comparte estos dos elementos y quizás inmediatamente esa conciencia crítica se verá un poco debilitada, pero tarde o temprano volverá a emerger. Y desgraciadamente el mundo no deja de darnos ejemplos. Lo hemos visto con la pandemia, en la que el mundo no sabía qué hacer, carecía de recursos y todo era precario, pero en cambio tenía mucho gasto militar. Estas crisis también sirven para darse cuenta de que los recursos económicos deben destinarse a lo prioritario, que es tratar de salvar vidas humanas y su dignidad y su bienestar, no para construir maquinarias bélicas que o bien no sirven para nada o que si sirven para algo es para la destrucción.