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Horacio Pietragalla, secretario de Derechos Humanos de Argentina: "Aquí sería impensable una Fundación Videla"

Horacio Pietragalla
El secretario de Derechos Humanos del Gobierno argentino, Horacio Pietragalla, junto a una de las históricas madres de Plaza de Mayo en una imagen de archivo. PÚBLICO

La vida del argentino Horacio Pietragalla tiene varios capítulos. El más cruel se escribió cuando era apenas un bebé de cinco meses: en agosto de 1976, el régimen genocida de Jorge Rafael Videla asesinó a su madre, Liliana Corti. A su padre lo habían matado un año antes, cuando el país se asomaba ya a la dictadura. El pequeño Horacio fue secuestrado por los militares. El represor Hernán Tetzlaff, apropiador de otra hija de desaparecidos, entregó a la criatura a una mujer que trabajaba en su casa y que se hizo pasar por su madre. En abril de 2003, Abuelas de Plaza de Mayo anunció que Horacio era el nieto número 75 que recuperaba su verdadera identidad.

Pietragalla es hoy es el secretario de Derechos Humanos del Gobierno Argentino. Este martes participará de forma virtual en el acto de presentación de la candidatura de la ESMA –uno de los principales centros de exterminio de América Latina– a patrimonio mundial de la UNESCO que tendrá lugar en Casa América de Madrid. Desde su despacho en la ESMA, hoy espacio de la memoria, habló con Público sobre la lucha por la verdad y la justicia de un país que ya ha juzgado y condenado a más de 1.000 represores. 

¿Cómo consiguió Argentina llegar a este punto en materia de juicios a genocidas?

Hay un factor determinante para entender por qué Argentina sí y otros países no, y tiene que ver con Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Estamos hablando de unas mujeres que nunca claudicaron, ni siquiera en el momento más terrorífico del país, ni tampoco cuando ya en democracia se pretendió instalar la "teoría de los dos demonios". Esas madres y abuelas supieron tener un objetivo muy claro: memoria, verdad y justicia. Las Abuelas llevaron a cabo además la búsqueda de muchos de nosotros, que fuimos secuestrados por la dictadura cuando éramos bebés y que recuperamos nuestra identidad ya de mayores. Las madres y las abuelas no bajaron los brazos, y eso fue fundamental en el proceso que pudo construir Argentina cuando llegó un presidente de esa generación, Néstor Kirchner, que había sufrido la pérdida de muchos amigos en manos de la dictadura. La política pública en Argentina abrazó entonces la lucha de los organismos de derechos humanos, que nunca claudicaron, y a partir de ese momento se parió una democracia distinta en nuestro país.

¿Esos logros en materia de derechos humanos pueden correr riesgo si regresa la derecha al Gobierno de Argentina?

Horacio Pietragalla
El secretario de Derechos Humanos del Gobierno argentino, Horacio Pietragalla. PÚBLICO

Aquí ya tuvimos cuatro años de un gobierno de derecha, a cargo de Mauricio Macri, en el que hubo cambios en la Suprema Corte de Justicia para llevar a cabo un intento de dar impunidad y bajar las penas de los genocidas. Entonces hubo un reclamo social muy grande a lo largo y ancho del país, y tuvieron que dar marcha atrás. Creo que ya no hay lugar a retrocesos en esta materia. Ahora seguimos luchando para reforzar esta democracia y para que tampoco haya casos de violencia institucional, algo sobre lo cual hay otros países que ni siquiera hablan. También tratamos de fortalecer el saber de nuestra sociedad respecto a lo que pasó en nuestra historia reciente. Actualmente, lugares como la ESMA se llenan de chicos que vienen a conocer lo que pasó. Lo importante es ver cómo hacemos de puente para que ellos entiendan que hoy, como sociedad, seguimos sufriendo consecuencias de lo que significó esa dictadura.

Su vida está íntimamente ligada a esa lucha de Abuelas de Plaza de Mayo de la que hablaba antes. ¿Qué ha significado para usted, con su historia, llegar a ostentar esta responsabilidad en el ámbito de derechos humanos a nivel gubernamental?

En 2003, cuando recuperé mi identidad y me reencontré con mi familia, me puse a trabajar con las Abuelas de Plaza de Mayo e intenté entender más sobre todo esto desde el lado de víctima. Todo eso ocurrió casi en concordancia con el surgimiento de un proyecto político en Argentina que abrazó la lucha de Abuelas. Fui testigo de un antes y un después. Entonces me contagié a militar políticamente y empecé a trabajar fuerte en el ámbito de los derechos humanos. Debo decir que fui un eslabón en materia de derechos humanos en el marco de una construcción colectiva. Hoy somos sujetos colectivos y la organización es lo que nos ha traído a estos lugares de responsabilidad. Soy consciente de que tengo un desafío muy grande, y me levanto todos los días pensando en ello.

La embajada de Argentina en España ha emprendido una campaña para reactivar la búsqueda de los posibles casos de hijos robados de la dictadura de Videla que podrían estar viviendo aquí  sin conocer su verdadera identidad. ¿Qué importancia tienen este tipo de iniciativas?

Es muy importante, porque ya hemos encontrado nietos en otros países del mundo. Desde España, por ejemplo, hubo muchas consultas. De hecho, cuando estaba militando en Abuelas viajé a España para apoyar a la red por el derecho a la identidad que funciona allí. También hay una red de este tipo en Italia, otro país con el que tenemos grandes lazos por la inmigración. Los hombres y mujeres que buscamos pueden estar a 10 calles de donde yo le estoy hablando o también a 10 calles desde donde usted me está hablando. Que el Estado a través de sus embajadas haga estas campañas tiene que ver precisamente con que todos buscamos a los hombres y mujeres que faltan, porque tienen derecho a conocer su historia y su identidad.

En España hay una fundación que se llama Francisco Franco y que homenajea al dictador. Aquí se suele decir que en lugares como Argentina sería impensable una fundación de esas características. ¿Es así?

Sí, es totalmente impensable tener aquí una Fundación Videla. La diferencia es que el dictador Jorge Rafael Videla murió en el calabozo de una cárcel común, y eso no fue precisamente lo que pasó con Franco. Con esa base, creo que es diferente la visión que se puede tener sobre lo que significaron estos dictadores. También hay que tener en cuenta el factor del tiempo: la dictadura argentina duró mucho menos que la de España, y esa duración del franquismo generó precisamente estructuras culturales muy sólidas. Estamos en contacto con organismos de derechos humanos de España, sabemos lo que significan las fosas y conocemos el esfuerzo de la política española en estos últimos años para tener cambios estructurales en ese sentido. Hoy en España se está mirando también al pasado, y eso es bueno. La única manera de que no sucedan cosas en el futuro es que no olvidemos lo que ocurrió en el pasado.

El Congreso ha aprobado una iniciativa de Unidas Podemos para pedir que se retiren una serie de condecoraciones otorgadas por Juan Carlos I, una de ellas a Videla en 1978. ¿Qué le parece?

Me parece una muy buena noticia. Cuando detectamos estos homenajes intentamos trabajar al respecto. En febrero de 2020 nuestro presidente, Alberto Fernández, estuvo en Francia, donde un genocida argentino había sido condecorado en 1985. Entonces le pedimos al Gobierno francés que retirase esa condecoración, y así ha ocurrido. Se trata de una batalla cultural en el mejor de los sentidos. Nuestras madres y abuelas ya nos enseñaron que la única lucha que se pierde es la que se abandona.