Público
Público

Hala Alwali: "Todas las organizaciones civiles de Gaza estamos en riesgo de ser prohibidas y nadie pide cuentas a Israel"

Hala Alawi
Hala Alwali en Madrid. José Luis Pindado

Hala Alwali es especialista palestina en violencia de género y derechos de las mujeres. En la actualidad coordina los proyectos que Alianza por la Solidaridad tiene en este territorio. En estos días visitó España para explicar y denunciar la situación vive la población en  Palestina, especialmente en la franja de Gaza. La reciente prohibición por parte de Israel de diversas organizaciones humanitarias y la condena de la cooperante española Juana Ruiz, es un ejemplo más, afirma, de la estrategia israelí para castigar a la población de Palestina. "Todas las organizaciones humanitarias que trabajan en Palestina están en riesgo de discriminación o de una persecución" por parte de Israel. "Prohibir su trabajo aduciendo que son organizaciones terroristas será un desastre para las personas en Palestina y especialmente en Gaza, porque a día de hoy dependemos de estas organizaciones para vivir y para tener servicios básicos", explica en esta entrevista. Y denuncia que todo esto ocurre ante la pasividad de la comunidad internacional, que no pide cuantas a Israel sobre las violaciones de los derechos humanos hacia el pueblo palestino.

Entiendo que salir de Gaza no es tarea sencilla. ¿En su caso, siendo una activista de los derechos de las mujeres, tuvo más problemas?

Para mi, como ocurre con prácticamente toda la población de Gaza, no es sencillo salir. Tuve que pedir cientos de permisos y esperar mucho tiempo. Tal vez esta es al única y última oportunidad que tengo de salir de Gaza, así que aprovecharé la visa de tres meses que he conseguido para tener algo de diversión en España y ver amigos que no he visto en más de 10 años. 

No había estado en España antes y me gusta porque es muy abierta. Puedo hablar, respirar aire limpio y beber agua potable. También tengo electricidad las 24 horas de día, que es algo que no tenemos en Gaza. Allí tenemos solo cuatro horas de electricidad a lo largo del día y, desafortunadamente, nunca sabemos qué cuatro horas serán. Tienes suerte si son continuadas, porque lo normal es que la electricidad venga y se vaya y así todo el día. A veces tengo que levantarme a las dos o las tres de la madrugada para poder hacer las cosas de la casa, lavar la ropa, planchar la ropa de los niños, poner la calefacción… Cosas que no podemos hacer durante el día si no tenemos electricidad.

Tenemos algunos alternadores para producir electricidad, lo que nos da alguna flexibilidad, pero solo sirven para cosas pequeñas, como encender la luz y funcionan con gasolina, un combustible caro y difícil de conseguir. 

¿Y los hospitales cómo funcionan?

Esto es un gran reto para los hospitales. Porque tienen que tener generadores las 24 horas y es muy costoso, porque no es fácil entrar el combustible en Gaza debido a asedio y cierre que sufrimos por parte de Israel. Tenemos problemas para importar este material y los equipos para producir electricidad en Gaza, y cuando los tenemos, todo los fondos se van en comprar la gasolina y materiales para producir electricidad. Esto complica mucho nuestro trabajo, porque en el programa que desarrollo con Alianza para la Solidaridad nos dedicamos, principalmente, a dar servicio a las mujeres víctimas de violencia de género a través de un servicio multidisciplinar. Y el punto de entrada de estas víctimas se hace a través de un centro de salud.

Hay una alta restricción sobre los bienes que se pueden importar a Gaza, porque Israel siempre aduce que pueden ser usados por Hamás para atacar a Israel. Así que tenemos una larga lista de bienes que no se pueden entrar en el territorio.

Usted trabaja en un centro médico que da servicio a las mujeres víctimas de violencia de género. ¿Cómo funciona este servicio? ¿Los hombres dejan a las mujeres acudir a él?

Tenemos algo llamado one stop center. Hacemos este servicio adaptado a nuestra cultura y de nuestros tradiciones y costumbres y teniendo en cuenta las necesidades de las mujeres. Ellas necesitan recibir servicios por violencia de género, porque en un enorme porcentaje son víctimas de esta violencia. La mayoría de las mujeres en Gaza son víctimas.

En nuestra cultura patriarcal y de control, a las mujeres no se les permite salir de sus casas a menos que trabajen o tengan algo muy concreto que hacer. El único sitio al que se les permite salir es a una clínica, a un servicio sanitario.

Por eso, lo que hacemos en el centro es usar la salud como un punto de entrada. En el mismo edificio tenemos un centro de salud y un centro comunitario donde damos, además, otros servicios para las mujeres. Así que de cara a la ciudadanía y a la comunidad las mujeres que vienen lo hacen a un servicio de salud. Pero el staff médico está entrenado para detectar esta violencia y derivar a la mujer a otros servicios que pueda necesitar. Tenemos personal llamado case manager [gestores de casos], que son principalmente psicólogos y que escuchan a la mujer y la refieren a los servicios que precisa dentro del propio edificio. Este servicio se da con confidencialidad, para protegerlas y para prevenir el estigma que pueda tener por víctima de violencia de género.

También hacemos algo que es único y que aporta valor. Hemos establecido espacios seguros, lugares solo para ellas donde hablan, hacen bromas, hablan de sus problemas juntas, hacen manualidades y se enseñan las unas a las otras. Por un lado es una forma de liberar el estrés y por otro a muchas les sirve para aprender habilidades con las que pueden ingresar algún dinero. También vienen a cargar su teléfono, porque no hay electricidad en casa.

La última gran ofensiva de Israel en Gaza en mayo coincidió con  el confinamiento por la pandemia. En muchos países del mundo al violencia de género se incrementó durante el encierro. ¿Cómo lo vivieron las mujeres en Gaza?

Hala Alwali
Hala Alwali. José Luis Pindado

Desde que hace 14 años que estamos sitiados y bajo ocupación y las mujeres hemos pagado desde siempre el precio más alto. Somos las que tienen que controlar todo lo que tiene que ver con la casa, el trabajo de reproducción, los niños, el marido... Durante la ofensiva de mayo esto fue mucho peor. El confinamiento por la pandemia obligó a las familias a encerrarse juntas las 24 horas y en Palestina, especialmente en Gaza, vivimos en familias muy extensas y en casas muy pequeñas. Puedes encontrar a 15 o 20 personas en la misma casa. Los niños tenían que estudiar en casa de forma remota. Si trabajabas, también tenías que hacerlo online. Y teniendo en cuenta que sólo contamos con 4 horas de electricidad al día, la vida se complicó mucho. En las familias puede haber siete u ocho niños en edad escolar y en las casas, con suerte, puede haber un teléfono o un ordenador, por lo que todo el tiempo se vivió una alta situación de estrés que recayó principalmente sobre los hombros de las mujeres, porque son las que están obligadas a cuidar a toda la familia. Incluso el estrés que sufrían los hombres en el confinamiento, lo acababan pagando las mujeres.

La violencia de género es un círculo cerrado. El hombre tiene estrés psicológico porque ha perdido su trabajo y no tiene dinero y de pronto se encuentra encerrado con los niños, algo a lo que no están acostumbrados. A veces, durante la pandemia, las mujeres hacíamos bromas sobre eso, comentando que los hombres han descubierto que tenían hijos y familia. Y en estas circunstancias el patriarcado actúa con más contundencia hacia ellas. Los hombres, muy controladores, no entendían, por ejemplo, que sus hijas que estudiaban en la universidad estuvieran pegadas a un teléfono todo el tiempo que podían para seguir sus clases. Pensaban que podrían estar en las redes sociales o hablando con algún hombre, y el control hacia las mujeres creció de forma exponencial. La situación fue muy dura.

Usted ha venido a denunciar la situación en la que vive la población en Gaza, especialmente las mujeres. Hace unas semanas Israel prohibió seis organizaciones humanitarias que operaban en Gaza y una cooperante española, Juana Ruiz, ha sido condenada por  trabajar en una de estas supuestas "organizaciones terroristas", como las calificó Israel. ¿Cuál es la situación de las organizaciones de la sociedad civil que apoya a la población palestina?

Estas organizaciones que el Estado de Israel ha prohibido, son organizaciones locales, con personal local que trabajan en temas de derechos humanos y derechos de las mujeres bajo el mandato de la ley humanitaria internacional. El anuncio israelí de que se trata de organizaciones terroristas es un crimen. Porque estas organizaciones hacen su trabajo sobre el terreno, paliando y documentando la discriminación que la ocupación israelí hace hacia los palestinos. Es fácil ver que no se trata de grupos terroristas. Además es ilegal prohibir estar organizaciones que siguen las leyes humanitarias y que dan servicio a la población. 

¿Teme que su organización está en riesgo de ser prohibida por Israel?

No sólo nosotros, sino todas las organizaciones que trabajan en Palestina están en riesgo de discriminación o de una persecución como la que se produjo con las seis que se han prohibido, o de sufrir ataques como el que ha sufrido la cooperante española. 

¿Y cómo afecta esto a la población de Gaza?

Si se prohiben y persiguen a las organizaciones nos quedaríamos sin apoyo, sin ninguna forma de sacar adelante nuestras vidas. Las organizaciones humanitarias y las que trabajan con los derechos de las mujeres son las principales fuentes de servicios que tenemos. Prohibir su trabajo aduciendo que son organizaciones terroristas será un desaste para las personas en Palestina y especialmente en Gaza, porque a día de hoy dependemos de estas organizaciones para vivir y para tener servicios básicos. 

En todo el mundo se entiende que el Gobierno, el Estado, es el principal procurador de bienes y servicios a la población, y luego hay una serie de organizaciones de la sociedad civil que apoyan o asisten esta labor, como ocurre en España. Pero en nuestro caso es al revés. Porque el Gobierno no tiene fondos. Somos un país muy pobre que no tenemos forma de generar ingresos. Así que estas organizaciones sociales son las principales, y en la mayoría de ocasiones las únicas, proveedoras de servicios para la población palestina porque el Gobierno no tiene recursos.

Hala Alwali
Hala Alwali en Madrid. José Luis Pindado

Pero a Israel nadie le piden responsabilidades por lo que hace contra los palestinos. Esto también tiene que ver con las agresiones contra Gaza. Cada vez que tenemos un ataque no sabemos si será el último o no. Vivimos el día a día, esperando a ver que quiere hacer Israel contra nosotros. A lo largo de la última década hemos sufrido cuatro grandes agresiones por parte de Israel. La última en mayo de este año que fue la más larga. Duró unos 11 días. Y además fue la más cruenta, porque no había ningún objetivo. Bombardeaban todo. Todos éramos su objetivo: población civil, edificios, calles, árboles, incluso escuelas y hospitales.

Usted vino a España a denunciar la situación de Palestina ante organizaciones e instituciones españolas. ¿Cómo fue la acogida?

Las personas y organizaciones españolas son las que más muestran su solidaridad con el pueblo palestino. Tenemos donantes españoles que nos permiten realizar algunos proyectos y programas. Yo trabajo para Alianza por la Solidaridad en Gaza. Vine a presentar lo que hacemos y cuales son nuestras necesidades en el futuro. Me reuní con diferentes donantes y todos fueron de mucho apoyo. También hablamos frente a grupos de solidaridad y universitarios.

Queremos que el mundo conozca la realidad palestina y sobre la ocupación y la discriminación que este encierro nos produce a los palestinos. Necesitamos apoyos internacionales, porque no lo podemos hacer todo solos. Porque no tenemos los recurso, el conocimiento ni las habilidades para hacerlo.
Creo que estas charlas son importantes. Y digo que no podemos hacer toda la denuncia nosotros solos porque tenemos miedo de las represalias por parte de los ocupantes. Como es el caso de las seis organizaciones prohibidas por Israel recientemente. Si comienzas a hablar de los crímenes que Israel hace contra los palestinos, puede que te enfrentes a problemas. Yo, que alzo la voz contra la ocupación y denuncio lo que nos sucede en Palestina, puede que no vuelva a tener un permiso para salir por un check point o para volver a salir de Gaza. O si tengo un problema médico, tal vez no me dejen poder recibir tratamiento fuera de Gaza, porque me lo impedirían. Y esto le ocurre a mucha gente.

¿Teme tener problemas para volver a entrar a Gaza?

Espero que no. Pero necesitamos a gente que eleve la voz y la haga más fuerte. Cuando otros te apoyan y hablan de los problemas que enfrentamos, algunas veces tiene más fuerza y más valor añadido. Venir a España ha sido muy fructífero. También intercambiamos experiencias con otras mujeres. Y es increíble. Por que la mujeres somos iguales en todos lados. Aunque el contexto es diferente y la situación que vivimos es distinta, al final encuentras muchas cosas comunes que nos unen y de las que podemos hablar. En Barcelona estuve en un centro de refugiados. En Palestina son distintos porque no tenemos gente migrante, pero pudimos compartir experiencias de cómo proteger a las mujeres en estos entornos y esto es lo mismo.