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Sé lo que hicisteis Ángel Martín: "La política me parece la mayor basura que ha inventado el ser humano"

Ángel Martín, en la plaza de los cubos de Princesa, en Madrid. ANA BELTRÁN.
Ángel Martín, en la plaza de los cubos de Princesa, en Madrid. ANA BELTRÁN.

Es difícil presentar a un cómico mejor que como lo hacen ellos mismos en sus monólogos. Ángel Martín (1977, Barcelona) decía de sí mismo que tenía nombre de niño abandonado y que si hubiera una guerra se pegaría un tiro para no molestar. En su favor, desprestigió la prensa del corazón y durante veinte años ha tocado todos los palos de la comedia, aunque él quería ser actor de teatro clásico.

Atiende a Público y acude a la plaza de los cubos, donde resisten los cines Renoir, una hora antes de la acordada. Sin prisa pero sin parar de hablar, Martín se toma dos cafés y repasa su carrera, su aprendizaje e incluso sus vicios.

¿Ha servido el confinamiento para reflexionar, como a muchos?

Sí. Sé que no quiero volver a las reuniones físicas si no son imprescindibles. Para una reunión de cuarenta minutos me parece absurdo estar dos horas en un atasco. Y luego, creo que hay trabajos en los que no es necesario ir físicamente. Ojalá algunas cosas se queden, porque de repente tienes mucho más tiempo para otras cosas, aunque hay gente que no sabe organizarse bien y dicen que no se centran o que trabajan más, pero eso es problema de ellos que no se centran porque se levantan a por agua cada cinco minutos. 

¿Por qué hacer un telediario tuitero?

Creo que mucha gente cree que es una especie de crítica, y no empieza desde ahí. Empieza desde que estoy madrugando y quiero hacer un resumen porque ya las he visto y de verdad puede ayudar a alguien, y empezó un día en que de repente no había nada. Al final se ha convertido en eso: para qué vas a perder tiempo en esto. Además, lees un titular, entras, lees la noticia, entras en otro sitio, lees el titular, entras... Y dices, pero si es la misma noticia con diferente titular, ¿esto qué mierda es? He descubierto que la mayor parte del tiempo es la misma noticia y noticias satélite... Por ejemplo, se cambia la hora y luego hay otras cuatro noticias del tipo: cómo afecta al cuerpo el cambio de hora, etcétera.

¿Le gusta el humor político?

No, no me interesa. No me divierte, pero creo que tiene que ver con que la política me parece la mayor basura que ha inventado el ser humano.

Lo que me pasa con ese humor es que tengo la sensación de que es incendiario. Hagas lo que hagas te vas a posicionar en un sitio o en otro. Si es lo que te apetece me parece de puta madre, pero no me fio de ninguno. Ni que los buenos sean tan buenos ni que los malos sean tan malos.

¿Intenta estar informado?

Bueno, sé que se pelean y mi resumen es que cuando estés en el poder el resto te insultará y tu irás de guay y luego se dará la vuelta a la tortilla. Me hablarás de la gente que yo maté, yo te hablaré de los que tú mataste... me aburre soberanamente. Cualquiera que se crea capaz de gobernar un país tiene un problema serio, no me puedo fiar de alguien que sale y dice: "Yo puedo arreglar esto". Si tu sueño es controlar un país, tienes un problema grave, no me fío de ti ni de coña, tronco.

¿Va a votar?

He pasado de votar toda mi vida. Está el rollo este de "pero entonces tu voto se lo dan a la mayoría"... Y es, que te follen, que me dejes, que el voto es un derecho, no una obligación. A lo mejor yo quiero que el voto se lo den a él. Creo que no he votado nunca, alguna vez a lo mejor por hacer la gracia, pero no recuerdo.

¿Siente que ahora no se puede decir nada o eso es una exageración?  Se hizo viral un anuncio de televisión de hace años que bromeaba sobre el atentado de ETA contra Aznar. No sé si eso lo veríamos ahora.

Es un debate largo. Lo que me pasa con el debate sobre los límites del humor es que me da la sensación de que se hace más caso a los que se molestan que a los que no. No es un recuento real. Una cosa es que te guste o no, es secundario, pero tengo la sensación de que mandan los que se quejan. Se da más valor al que se molesta. El humor es que es humor, punto. Es como si hay gente que no le gusta el alcohol y te dice cuánto te tienes que echar al gin-tonic. Y no, nadie te obliga a consumirlo. Si alguno te ofende puedes dejar de seguirlo, pero nadie te pone en plan La Naranja Mecánica a escuchar bromas que no te gustan. Creo que se ha salido de madre.

Y puede también que ahora los cómicos traten de provocar más solo por molestar, sin pensar en hacer comedia. Yo mismo tuve la sensación de que escribía pensando: "Y por qué no voy a poder decir esto". Y me dije: "Pues porque nunca me ha interesado". Se está estableciendo una especie de debate absurdo donde los cómicos tienen la obligación de ser transgresores que no me parece real. El cómico tiene la obligación de hacer reír, pero ya está.

Ángel Martín, durante su entrevista con 'Público'. ANA BELTRÁN.

La pregunta no iba tanto por los 'haters' si no por la propia censura en las cadenas, como le pasó a Iggy Rubín con su monólogo en 'La resistencia'.

Esto ha pasado siempre. Cuando estaba en Siete vidas recibíamos constantemente cartas diciendo que tal chiste no había gustado, que te iban a denunciar... Había asociaciones de enanos cada dos por tres, tartamudos... pero no era público, aunque las denuncias estaban ahí.

En Paramount Comedy, si llegaba el cómico con una broma muy pasada te sentabas con él y le decías: "Tío, si haces esto en la tele la cadena no te va a comprar la broma, no la hagas en la tele y hazla en los bares", y el cómico no se hacía demasiados planteamientos: quito la broma y dame mi dinero. El propio cómico intenta tratar que le hayan prohibido como un "mírame"; como una medalla. Y en realidad es que haces un monologo en una plataforma de pago, los señores que mandan tienen miedo de perder dinero y te dicen: "Quita esa puta broma". No lo digo por Iggy ni mucho menos, que conste.

¿Cuándo dio el salto a Paramount, la comedia era donde quería esta o fue la única salida que encontró?

No, qué va. Yo quería ser actor y estudiaba interpretación. Para mí Paramount era una especia de ventana para que se viera a Ángel Martín, actor. Pero yo ni conocía la comedia ni pensaba dedicarme a ello ni de broma. De hecho, estudiaba clásico como un animal. Estudiaba a Shakespeare como un puto loco y hacía performance de soy un alga, soy una vela. Iba muy a tope en eso, menos mal que me bajé de eso, también te digo [Risas].

¿Y ha vuelto a verse en esos primeros vídeos?

Hace un año sí que revisé algunos, porque pensé que estaba perdiendo mi tono. Tenía la sensación de que estaba haciendo demasiados malabares. Estaba contaminándome de esto que hablábamos antes de tener que provocar y tal. A la hora de escribir monólogos, como lo dejé una temporada, pensé al volver que tenía un discurso extraño, pero no fui capaz de verlos enteros. Vi trozos. Me da mucha cosa verme porque me digo: "¿Cómo hacías esto tan lento, con tanta palabra, cuando se puede hacer con tres palabras esa broma?".

Entró en 'Siete vidas' como guionista cuando la serie ya era una referencia de la comedia española. ¿Cómo fue?

Me llamó David Sánchez, que estaba de productor ejecutivo de la serie, a partir de un monólogo de Paramount. Lo vio, le gustó y me dijo que me viniera de guionista. Le dije que yo no sabía nada sobre guiones y me dijo que le mandara una prueba. Le mandé la prueba y me dijo: no, no te vengas [Risas]. No había visto la serie, no había estudiado guion... hice una mierda muy loca. Pero entré porque yo insistí a David, le dije que no entendía lo de las pruebas y que mejor ir allí y trabajar, que ya iría aprendiendo. Me advirtieron de que el sueldo que me podían ofrecer era muy bajo, ridículo, y efectivamente lo era, no llegaba ni a 400 euros. No era becario, pero vamos, prácticamente lo era. Estuve un año allí, una escuela de puta madre, pero tras un año era inviable para mí tener tantos trabajos para estar viviendo en Madrid.

Ángel Martín en una cafetería de Madrid durante la entrevista con 'Público'. ANA BELTRÁN.

Reconoce que le han dado muchas oportunidades. No es algo muy común en las personas con éxito.

Las cosas me han ido bien porque ha habido gente que ha insistido. Probablemente, lo que soy es muy currante y muy pesado cuando se me mete algo entre ceja y ceja, pero genio, ninguno. A horas no me van ganar, si algo depende de echar horas, gano, no tengo ninguna duda.

¿Vio excentricidades que le sorprendieran?

No vi nada de eso, no te voy a engañar. Y cualquier cosa que me pudiera haber parecido extravagante, probablemente si lo viera ahora no me lo parecería. Un ejemplo que no es real: imagínate que este actor es gilipollas porque quiere churros cada puta mañana en el camerino. Si te lo cuentan así, sí, es gilipollas, pero puede que haya una historia detrás. Es que igual ya le han puteado a él antes. Le dijeron que serían diez capítulos, se ha quedado en dos y he perdido siete trabajos, así que ahora quiero M&M rojos, hijo de la gran puta. Todo se suele reducir a eso, casi siempre.

Y lo dejó, ¿por qué?

Yo curraba ahí de lunes a viernes y vivía en Atocha. Tardaba hora y pico ida y vuelta. Los jueves trataba de actuar por los alrededores de Madrid con Paramount; hacía actuaciones en Toledo, Segovia... zonas de alrededor. El viernes cogía un autocar a Barcelona para llegar por la mañana para tocar en un centro cívico de Badalona y en alguna sala de fiestas. Los domingos repetía en el centro cívico y cuando terminaba, cogía el autobús a Madrid que llegaba de madrugada para ir a Siete vidas. Dejé la serie y me centré en los monólogos.

¿Volvería a ser guionista de nuevo?

De una serie de otro, no. Ni de coña. Si es por necesidad, sí, pero soy muy mal mandado. Soy muy mal empleado, pésimo. No puedo. Generalmente, me pasa en comedia. Sé escuchar muy bien cuando no sé de algo y no pongo peros. Pero en cuanto he aprendido soy insoportable [Risas]. Ser guionista de encargo a mí me pone muy nervioso, porque o trabajas con alguien con quien conectas al milímetro o tienes fe ciega en la gente con la que curras, o no sirvo.

Y llegó 'Sé lo que hicisteis (SLQH)'. Nadie esperaba que esa franja horaria acumulara 1,2 millones de espectadores cada día. Solo el deporte se veía más en La Sexta.

Pero eso fue al final, debió ser la penúltima temporada, antes de que arrancara en Cuatro Tonterías las justas, de Flo y Dani Martínez. Pero SLQH empezó con un cero de audiencia. Recuerdo que al principio celebrábamos los 0,1, pero es que no se cogía en ningún sitio La Sexta. Era como estar en la tele local, podías hacer lo que te diera la gana. Arrancamos con esos datos, pero luego de golpe se disparó.

Hay vídeos de 'La resistencia' que, tras varios días en YouTube, no llegan a esos datos que vosotros teníais. ¿Vuestro impacto fue mayor?

Sí, seguro, era mayor. No lo digo como presumiendo, que conste. Además, La Resistencia ha nacido en un momento en el que las redes sociales existen, enseñar las cosas a la gente es más rápido. Nosotros era el boca a boca de una cadena que no sabías ni que existía.

¿Y cuál pudo ser la clave de vuestro éxito?

No tengo ni puñetera idea, la verdad. Creo que parte de la magia de SLQH fue el lenguaje. Se salía de lo que esperas ver en tele, y me sorprende que siga siendo así. Con excepción de La Resistencia, ves a gente con traje tratando de ser quienes no son. Cada cual tiene su característica, pero parece que todos se pueden cambiar por otros, por decirlo muy simple.

Tienes que decir: "Bienvenidos, hoy es lunes". Y nosotros decíamos: "Es lunes, no me toques los cojones, me quiero ir a mi puta casa". Además, si el corazón no era tu amigo, éramos tus aliados.

Ángel Martín, durante su entrevista con 'Público'. ANA BELTRÁN.

Era divertido, piensa que era un poco el buque insignia de la cadena y de la productora. Ponían todo lo que necesitabas a tu alcance. Lo único que no conseguí fue un tanque, porque yo iba y hacía pruebas: hoy quiero una boa, hoy quiero un caballo, mierdas muy absurdas. Lo del tanque no pudo ser porque el Ejército dijo que no podía sacar un tanque, pero se intentó que entrara en plató. La escena sería que Patricia [Conde] decía que se había comprado un coche, se abría el plano y era un puto tanque.

Aunque el ritmo era una locura. Yo llegaba a las seis y media a escribir y ya sí que entraron guionistas en la última etapa, pero yo me escribía todo junto a un refuerzo. Había una libertad tremenda. Decías, ¿hacemos un sketch de una cafetería que se incendia? Así que nada, a montar una cafetería. Tenías todas las herramientas internas y externas, la gente estaba encantada de que fuéramos a otros sitios, era una animalada.

¿Se hizo duro tener que hablar sobre la prensa del corazón?

Me parecía divertido, porque venía de La Noche con Fuentes. Mi única condición era que yo escribía lo mío, por lo que hablábamos bajo la premisa de la honestidad. Me dijeron de comentar la prensa rosa y me dejaron ser honesto. Si me hubiesen hecho ir de experto, lo hubiera dejado a la semana, pero no fue así.

¿Y cuándo le hizo 'clic' la cabeza y quiso dejar el programa? ¿Cuándo Telecinco os prohibió usar imágenes suyas?

No, que va. Cuando nos prohibieron las imágenes se me abrió el cielo, me pareció maravilloso. Para la cabeza era buscar herramientas nuevas. Buscábamos todos los vacíos legales, era extremadamente divertido. Teníamos además el doble juego de, por favor quitadnos la denuncia, y eso fue muy divertido.

El momento llegó con una sensación personal mía. La más importante fue que el mundo del corazón dejó de ser despiadado. Si haces un viaje al pasado, el mundo del corazón, cuando arrancó SLQH, consistía en destripar a gente que no quería pertenecer a ese mundo. Ahí es cuando termina Aquí hay tomate, arranca Sálvame... Pero de repente se convierten en un circo donde se destripan entre ellos. Una cosa es que yo vaya a preguntarte a quién te follas sin que tú quieras contarme, pero si te gusta ya no lo veo criticable. Empecé a ver que no tenía sentido lo que hacíamos. Además, yo también venía muy cansado, porque se veía venir que todos nos iban a empezar a prohibir. Necesitaba parar para reorganizar el barco. Reconducir eso sobre la marcha era muy complicado, y la manera en que se recondujo no me gustaba.

No me pareció correcto coger a Berta y enviarla a la puerta de la casa de Belén Esteban. Cuando empecé a ver eso, mal. Hay una línea muy fina entre ser ellos y reírnos de ellos. Ahí hice clic y vi que no era el proyecto donde yo quería estar. El proceso de bajarse del barco también fue complicado.

En ese momento se relacionó el fin de 'Aquí hay tomate' con vosotros, porque les ridiculizabais a diario. Tanto que os prohibieron usar sus imágenes. ¿Recuerda aquello como una medalla? 

Si me hubieses preguntado hace un año no, pero creo que ahora me gusta [Risas]. Principalmente por la sensación de que os follen. Follasteis a mucha gente durante mucho tiempo, así que decirle a la gente que eso era una puta mierda como un piano y que la gente lo viera con otra perspectiva estuvo bien. No es como una medalla, pero sí me hace sonreír por dentro.

No sé si fue por aquel entonces, pero te he escuchado en algunas ocasiones hablar de tu "época de bebedor". ¿La cosa pasó a palabras mayores? 

Yo me he columpiado más de lo necesario con la marihuana y el alcohol. Me he columpiado. Creo que hay mucha tendencia a normalizarla... [se queda pensando]. Parece que beber y fumar hierba sea lo guay, lo que hay que hacer en tu etapa de rock and roll, pero si tienes mucho tiempo libre es delicado.

Hay un día que te fumas uno antes de irte a la cama y todo guay, pero venga, me fumo dos que estoy viendo una peli. Y de golpe son las seis de la mañana y dices: "¿Te vas a acostar? Si estamos de cervecitas...". Y puede haber un día que te levantas a las siete de la mañana y te fumas uno, y ya que estás te abres una cerveza a las once, porque para qué esperar a la una de la tarde.

No he sido alcohólico y fumador, pero sí hubo un momento en el que la cabeza me dijo: "Qué haces". Además, creo que es una espiral peligrosa. Si eres alguien que normalmente escribe fumando y bebiendo, es probable que tu cerebro relacione que solo eres productivo mientras fumas y bebes. Cuando decides dejarlo tu cerebro te dice: "No sé escribir", y es mentira. Tuve que hacer un trabajo porque, ojo, yo ya escribía antes de esto. En esa época yo estaba relleno de ginebra y marihuana, pero no llegué a coger un hacha y decir: al que entre lo mato [Risas].

Actores y presentadores en ocasiones dicen que dejar una serie o un programa siempre viene acompañado de amenazas sobre no volver a contratarte nunca ¿Eso es así? 

Sí, claro, te la meten. Cuando quieres dejar algo que le viene mal a otra persona, esa persona va a usar todas las herramientas a su alcance, no hay más. Si haces esto, te vas a poner el sello de persona que se vaya en mitad de un proyecto. Es una partida de póker, no hay más. Yo sigo en la tele.

Cuando dijo que dejaba 'SLQH', ¿le hicieron algún ofertón para que se quedara?

Te hacen ofertas guay, sí, pero el momento más delicado es cuando tienes que decidir qué carajo quieres ser. Sí tengo la sensación de que me decían: "Cuando esto acabe podrás hacer lo quieras, podrás presentar otras cosas", y esa frase fue la que me hizo plantearme ciertas cosas porque yo no quiero ser presentador. Me ponían ejemplos del tipo:  "A lo mejor puedes presentar Pasapalabra", y yo pensaba: "¿Pero cuándo he querido yo ser presentador de Pasapalabra?". Que no es porque ese programa no me interese, es un ejemplo. Yo solo quiero divertirme, y ser presentador no me parece divertido. 

¿Y el teléfono dejó de sonar en algún momento?

No. Te llamaban los que antes no podían hablar contigo porque estabas en otro proyecto. Lo que pasa es que las propuestas eran hacer SLQH pero camuflados. Un programa supernuevo... pero, ¿comentar imágenes? Sí. Así que hasta que llegó Órbita Laika no hice nada en televisión. 

Montó 'Solocomedia', su proyecto más personal. En origen, era una web donde subía sketches junto a Rober Bodegas y Alberto Casado. 

Solocomedia nace hace muchos años con otro nombre, Nuestras Cosas, junto a Dani Mateo. Arranca eso y el problema es que no había ningún plan. Hacías skechtes y los subías a un medio totalmente desconocido. Era una ruina financiera. Yo pagaba sueldos de tele a la gente. Realizadores, persona de producción, persona de prensa... para hacer vídeos de Internet. Más gilipollas no puedo ser. El problema de Solocomedia es que nace sin objetivo, probablemente con una prepotencia absurda de que como has dejado la tele ahora la gente va a ver tus sketches. Una ruina, una puta ruina.

La relación con Bodegas y Casado acabó mal, ¿qué pasó?

Cada uno se monta la peli en base a lo que lee y se queda con una parte de la historia. Cuando arranca Solocomedia, al poco tiempo ellos se van de SLQH y yo les propongo participar. Yo lo produzco, a ellos no les cuesta pasta, y ellos se vienen a escribir y a salir en los sketches. La intención era que si salía bien, de puta madre para todos, pero hay un momento en que los gastos se vuelven demenciales. Ofrezco la alternativa de minimizar gastos de producción, no nos entendemos y les digo que entonces Solocomedia tiene que terminar, porque a ese nivel no se podía. Estamos de acuerdo en pararlo, y el malentendido que puede haber es que yo decida retomar Solocomedia. Pero es una opinión tan personal... Probablemente, el error grande estuvo en la sensación de que esto era de los tres por igual. Ellos es verdad que ponían todo su esfuerzo, pero a mí me costó un dinero. No suelo hablar de esto porque hay cosas demasiado personales, enfados, y cada uno interpreta lo que quiere, pero bueno. Afortunadamente han encontrado un formato de puta madre [Pantomima Full] que es muy divertido. El problema fue que se arrancó sin un plan, pero ya está.

Ángel Martín, durante su entrevista con 'Público'. ANA BELTRÁN.

Ha comentado que rechazó ofertas porque todas se parecían a 'SLQH', pero su actual programa en Movistar, 'Dar cera pulir cero', es de 'zapping' sobre la propia cadena. ¿Por qué volver a eso?

Me apetecía mucho volver a currar con Patricia, es básicamente eso. Es un proyecto menos personal, y no tiene algunos de los ingredientes que creo que eran imprescindibles de la magia, como ir en directo, pero es que ya no hay tele en directo, al menos en Cero. Parte de esa magia no está, no es lo mismo. Las ganas con Patricia son lo mejor.

Ha cumplido 20 años en la comedia ¿Dónde se ve dentro de diez años?

Pues da pereza, porque es muy grande, pero habrá que reinventar la tele [Risas]. Un late night es muy pequeño, hay que cambiar la tele en general. El medio de comunicación entero.