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'La última primavera'

Isabel Lamberti: "Mostrar a los habitantes de la Cañada Real como criminales es mentir y es terrible"

Isabel Lamberti
La directora alemana Isabel Lamberti. El Sur Films

La directora alemana muestra en La última primavera el día a día de los habitantes de la Cañada Real. Es una ficción inspirada en la realidad y protagonizada por una familia de este asentamiento. Premio Nuevos Directores en San Sebastián, los miembros de este clan ganaron Mejor Interpretación en Les Arcs Film Festival.

"¿Por qué les has dejado pasar?" Dos agentes de la Policía Nacional entran tranquilamente en la casa de la familia Gabarre-Mendoza, en la Cañada Real, sin mostrar ninguna autorización para hacerlo. El hombre les ha permitido la entrada. No quiere enfrentarse a ellos. El que le ha recriminado es su hijo. La situación irregular es, sin embargo, frecuente en esta barriada de Madrid. Aunque inspirada en la áspera realidad, en esta ocasión se trata de una escena de ficción. Los personajes son actores, pero también son las personas reales en las que se basa esta historia.

La última primavera, ópera prima de la directora Isabel Lamberti, es un ejercicio cinematográfico de "ficción hiperrealista" –término que utilizó el cineasta Isaki Lacuesta con su película Entre dos aguas. Es una obra de empatía y de defensa del cine con "las personas que están en la sombra, en los márgenes, a los que nunca vemos ni conocemos bien". Una película con la que su autora ganó el Premio Nuevos Directores en el Festival de San Sebastián y con la que los actores –los miembros de la familia Gabarre-Mendoza– se alzaron con el Premio a la Mejor Interpretación en Les Arcs Film Festival, en Los Alpes franceses.

La última primavera narra, desde la vida diaria de esta familia, la situación en la Cañada Real, donde los terrenos han sido vendidos y las familias son obligadas a abandonar las casas que ellos mismos han construido. La mirada de la cineasta, alemana residente en Holanda, de padre español y madre alemana, surge bastante ajena al retrato adulterado e interesado que se ha vendido sobre los habitantes de la Cañada Real en los últimos tiempos. Isabel Lamberti celebra el amor que hay entre los miembros de esta familia, al tiempo que denuncia la situación en la que se encuentran. La película se rodó antes de la inhumana agresión cometida este invierno contra los habitantes de este asentamiento, cuando se les cortó el suministro eléctrico, lo que provocó, entre otras desgracias, un fallecimiento y varios ingresos hospitalarios.

Primero hizo un cortometraje 'Volando voy' donde mostraba el largo recorrido que hacían los niños de la Cañada para ir al colegio. ¿Por qué quiso seguir trabajando con ellos?

Mi abuela vive en España y la primera vez que vi en televisión una información sobre la Cañada Real ¡no podía creer que esto estuviera pasando en Europa, en Madrid! Después del cortometraje seguí investigando y la Fundación del Secretariado Gitano me ayudó con el trabajo y luego a entrar en esta familia. Quería contar la historia desde dentro porque es una historia universal, quería contar qué significa perder tu casa, tener que irte a otro sitio. Lo que pasa en la Cañada Real es claramente injusto, no debería ocurrir una cosa así hoy en Europa.

Hay quien ha calificado la película de docu-ficción, pero no lo es, es pura ficción ¿no?

Todas las escenas estaban escritas y las ensayamos, y están rodadas como ficción, pero están inspiradas en la realidad y muchas de ellas ocurrieron, habían pasado y yo lo había visto con mis propios ojos. Por ejemplo, cuando el padre intenta hacer una colecta para comprar un generador, eso a mí no se me habría ocurrido, y es importante porque es un ejemplo de la vida en comunidad. Así es la vida allí y en mi casa no pasan esas cosas.

¿Con qué intención comenzó este proyecto?

Una parte muy importante de esta película es que las personas no vean solo la historia triste de la Cañada Real. En la película también se cuenta cómo se quieren todos en esa familia y son felices en su casa, que construyeron con sus manos. Esta es una película de ficción, no es uno de los reportajes de televisión sobre el tema.

Una de las escenas de la película. El Sur Films

Hay un apunte de actividades delictivas en la barriada, pero no es nada importante en la película, ¿por qué lo apartó de ese modo?

Siempre hablan de los habitantes de la Cañada Real como víctimas o como delincuentes y criminales, pero no es así. En la película se les representa como personas normales con las que nos podemos identificar todos, mucho más que como nos los presentan en televisión. Eso es lo más importante, que les vean con otros ojos, con empatía. No soy una ingenua, sé que esto es solo una parte de la vida en la Cañada Real, pero enseñarlo como si todos fueran criminales, es mentir y es terrible. Ellos son gente real de carne y hueso, no son delincuentes ni raros, pasa lo de siempre, tenemos miedo a lo que no conocemos. Ellos solo aspiran a tener una vida digna con su gente, como todos nosotros.

En su día a día hay muchas cosas tristemente reconocibles, como el machismo, que usted muestra, pero tampoco subraya.

El machismo existe allí, claro, pero las mujeres tienen mucho poder en su casa. Naturalmente, se podría hablar mucho de ello, pero si hubiera enfocado por ahí la película, sería más una película sobre mí y sobre mis opiniones, y no quería hacer eso ni hacer una película condicionada por mis prejuicios. Tampoco quería hacer una película política, porque no soy ninguna experta.

Sin embargo, esta es una película política, social y de denuncia. ¿No se pasa usted de humilde?

En Holanda soy menos humilde hablando, pero creo que es por el idioma (la entrevista se hizo en español). Cuando hablas otro idioma, adquieres otra identidad. Con el cine no me ocurre porque puedo hablar con imágenes. Con el cine tengo interés por las personas que están en la sombra, en los márgenes, a los que nunca vemos ni conocemos bien. Quiero dar una ventana a las personas marginadas, quiero celebrar a los marginados en su realidad, enseñar de verdad cómo es su vida y quiénes son de verdad. Intento ayudar con el cine, pero yo solo soy una directora de cine, no tengo influencias ni contactos, no puedo hacer mucho más.

La madre y el padre de la familia protagonista. El Sur Films

Alemana, residente en Holanda, ¿qué planes profesionales tiene? ¿va a seguir con alguna historia en España o rodará su próxima película en Holanda?

La segunda película también la voy a hacer en España. Tengo ahí una abuela y una tía y necesito seguir conectada con el país. Creo que desde fuera puedo ver las cosas que pasan en España desde otra perspectiva porque no estoy acostumbrada a ellas. Será una historia de las mujeres latinoamericanas que viven sin papeles en Madrid, que han llegado dejando a sus familias, sus hogares. Han venido solas y sobreviven aquí. Quiero mostrar su fuerza, no quiero presentarlas como víctimas. Y quiero enseñar cómo viven de forma colectiva. Hay mucho que contar ahí. Estas mujeres latinoamericanas sin papeles son unas de las personas más fuertes que hay ahora en el mundo.

Se aprende mucho de la gente que lucha para salir adelante ¿qué ha aprendido usted de la familia Gabarre-Mendonza?

Pues que ellos no tenían nada de vergüenza ni de fingimiento. A mí me enseñaron que cuando llegaban visitas a casa tenía que estar bien vestida y ser correcta, ellos, sin embargo, no ocultan ni disimulan nada, eso a mí me ha liberado mucho. ¿Por qué tenemos que avergonzarnos o fingir delante de otros? ¿Por qué no nos mostramos como somos de verdad sin preocuparnos por lo que los demás piensan de nosotros? Esta familia me ha enseñado eso y ahora sé que podría ser como ellos. Les admiro mucho por ello. En Francia han recibido un premio a la interpretación. Lo hacen tan bien que no se nota que están actuando.

Dos de los personajes de 'La última primavera'. El Sur Films