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Jaime Rodríguez Z.: "No creo en tíos feministas, ni en libros que puedan escribir tíos feministas"

Jaime Rodríguez Z.
Jaime Rodríguez Z. en una foto en Madrid en septiembre de 2021. Marisa Kohan / Público

Si algo se puede decir de Solo quedamos nosotros sin temor a equivocarse, es que se trata de un libro honesto y descarnado. En ocasiones risible. En otras amargo. En todas, ameno. Los 12 relatos que conforman el volumen no componen la novela que el autor confiesa en sus páginas que lleva más de diez años intentando escribir, sino un puzzle entrelazado de historias en el que aborda todas las facetas más personales. Tan personales, que en ellos Jaime Rodríguez Z. (Lima, 1973), poeta y editor, realiza un ejercicio de streaptise y se desnuda de sus fantasmas, de sus miedos, de las paranoias que no lo abandonan, de la complicada relación con su padre, de su propia paternidad, de su relación de poliamor con dos mujeres y de la lucha por deconstruir la masculinidad tóxica. Una labor en la que, confiesa, se está siempre en proceso. Nunca es una obra acabada.

P: ¿Por qué el titulo? ¿Quiénes somos nosotros? 

Todo esto arranca con la pandemia. Yo enfermo de covid serio y en un relato cuento la experiencia de estar horas y horas esperando sentado en una silla con otra gente y viendo cómo eso me expone a una vulnerabilidad que yo no quiero asumir. En este relato hay una señora, que se llama Rosmary y nos estamos acompañando en ese momento. Y nuestra forma de medir el tiempo, que fueron como 35 horas, fue ir viendo a la gente que estaba alrededor, a nuestra promoción de los que esperábamos. En un momento entre que duermes y despiertas, ella me dice: "Sólo quedamos nosotros". Éramos los dos últimos que quedábamos de los que llevábamos horas allí.

Esa frase es resignificada en el libro. Una de las veces es algo que tiene que ver con mi padre, en que yo pregunto que qué tal si al final de toda esta vida que estamos viviendo, sólo quedamos nosotros, tú y yo. Porque es un libro que tiene mucho que ver con mi relación con él y con mi propia paternidad. Hay un tercer nivel que tiene que ver con la pandemia, que nos ha convertido a todos en supervivientes, y este 'nosotros' somos los que quedamos a esta cosa tan bestia que nos ha tocado vivir.

Y hay otro nivel más, que es lo que le digo a mis amigos, como últimos dinosaurios de esta masculinidad en proceso de transición, en proceso de cambio y que nos resistimos a ellos aunque queremos ser parte de este cambio.  Pero esa transformación cuesta para un señor de mi edad. Es difícil aunque hagamos nuestros esfuerzos, y ahí también hay un 'sólo quedamos nosotros'. Nos estamos quedando ahí solos.

En el libro habla mucho de las masculinidades y la deconstrucción. ¿Considera que es un libro feminista?

No, para nada. No creo en tíos feministas, ni en libros que puedan escribir tíos feministas. El feminismo es una cosa exclusivamente de las mujeres, me parece. Yo hablo en el libro de lo que llamo La Gran Discusión. Creo que hay algo que podemos hacer los tíos, que es entablar esta Gran Discusión. Hablar de nuestras cosas, de cómo tenemos que ponernos al día en tantas cosas. De acompañar a otros procesos que se están dando y que han sido para mí muy emocionantes, más que algo que me genere rechazo. Esos cambios son emocionantes y me parece importante que los hombres hablemos de esas cosas, pero no me voy a atribuir ningún discurso feminista, ni muchísimo menos.

Esa Gran Discusión de la que habla ¿es la del feminismo o la que tienen que tener los hombres para saber dónde están y que hacer con estos retos?

Sí, es la de los hombres. Es esa discusión que tenemos que tener y necesitamos urgentemente entablar. Primero porque los tíos tenemos esa necesidad de expresarnos que a veces la reprimimos muchísimo. Y en el libro hay un poco eso. Hay un texto en el que hablo de mi relación con mis amigos en grupos de WhatsApp, con el machismo tóxico, y cómo siento la necesidad de que nos expresemos de otras maneras. Pero no sólo por llorar o expresar lo que siento, sino porque tenemos que razonar y pensar realmente en cambios urgentes que se nos están pidiendo y debemos asumir.

En ese relato, 'Brother in arms', en el que narra las conversaciones en grupos de WhatsApp con colegas, habla además de que están al borde de la extinción. ¿Y tras la extinción qué hay?

Quiero pensar que tenemos un pequeño espacio para la evolución todavía. Es un poco hipócritas para gente de mi generación, e incluso una más adelante de la mía, decir que somos hombres deconstruidos. Hay cosas que son difíciles de aprender. Pero eso no quita que seamos capaces de evolucionar, reconducir algunas cosas, que podamos mesurar nuestras conductas. Incluso en los grupos de WhatsApp de los que hablo, usamos el sentido de humor a veces como último refugio para la masculinidad tóxica. Es como el vertedero donde podemos seguir hablando de las gilipolleces de las que hemos hablado siempre. Como chistes sexuales u homófobos. Pero incluso en estos espacios el discurso va cambiando. Creo que poco a poco nosotros mismos vamos acotando eso y la costumbre de ir pensando tanto en esto va a hacer que, al final, acabemos cambiando. Y eso me parece muy positivo, incluso saludable.

Uno de los relatos lo titula 'El hombre perfecto'. ¿Existe ese hombre perfecto o es un falacia?

solo quedamos nosotros
Sólo quedamos nosotros. Galaxia Gutemberg

El título de ese relato es bastante irónico. No hay nada parecido a la perfección en lo que a los seres humanos se refiere y mucho menos en una identidad de género como la masculina. Es más bien un ejercicio poético en el que intento mirarme a mí mismo. De hecho es mirarme a mí mismo y a mis fantasías de cómo debería ser. O de mirarme a mí mismo con cierta indulgencia. Ir mirando mis defectos, mis aspiraciones, mis frustraciones... Mis deseos como hombre, reconociendo su masculinidad e intentando no castigarme. Porque en el libro hay bastante de autocrítica y en este texto intento mirarme con cierta compasión. Hay una parte en el libro en que digo que la compasión es una emoción que tiene muy mala prensa, pero yo la defiendo mucho. Me gusta mucho la compasión e incluso la autocompasión. Creo que hay veces que hay que autocompadecerse de uno mismo.

También habla de que los hombres están acojonados con esos procesos internos…

Cuando digo que a veces estamos acojonados es porque ahora hay un nivel escrutinio de lo que hacemos o lo que decimos, sobre todo públicamente, pero también en entornos más íntimos, familiares incluso. Ocurre mucho ahora que estás en una mesa y el cuñado de turno dice la tontería de toda la vida y ya no se le mira igual. Me refiero a eso. A ese estado que puede ser un poco paranoico para algunos tíos, porque a veces no controlamos cómo actuamos, lo que decimos o cómo percibimos a las mujeres, y esto puede generarte un estado de acojone. Hasta cierto punto es un poco risible. Hay que tomárselo con humor. Desde luego, estar acojonados no es lo peor que nos puede pasar y desde luego no tiene ni punto de comparación con lo que pasan las mujeres con respecto a nuestras conductas.

Además de la deconstrucción de macho, en el libro habla de muchas cosas: de la salud mental, la relación con su padre, los sentimientos... ¿No le da vértigo desnudarse tanto?

Llevo bastante tiempo lidiando con una ansiedad de largo plazo, que es permanente, y he aprendido a convivir con ella. Es una pequeña compañía constante para mí. En parte porque tengo respeto a la medicación. No estoy en contra, para nada, y creo que quien la necesita, que se medique y de puta madre. Pero a mí personalmente me cuesta asumir eso, y antes de medicarme he preferido aprender a vivir con la ansiedad. Esto está también atravesado en el libro: esta compañía perpetua en forma de pensamiento paranoide o de inquietud constante.

En el libro se puede percibir esa inquietud, incluso a nivel de lenguaje, literario. Para mí ha sido difícil hablar de eso, pero al final lo he hecho porque era una necesidad expresiva importante y porque creo que es bueno visibilizar el tema de la enfermedad mental. En un tema que está muy estigmatizado y que ahora, a raíz de la pandemia y especialmente en la gente más joven, están saliendo a flote un montón de cosas que no queríamos ver. Y es que hay mucha peña joven que está padeciendo ansiedad o depresión y el encierro lo ha potenciado y lo ha hecho más visible. Tenía un punto importante para mí hablar de esto. Creo que nos daremos cuenta del efecto que ha tenido la pandemia en la salud mental un poco más adelante, cuando estos jóvenes lleguen a su lugar, a definir sus identidades a expresarse creativamente…

En varios relatos, pero sobre todo en 'Stand up'(for your rights)' ahonda en su relación de poliamor con dos mujeres y de esa vivencia que ha tenido de pensar que estaba en la centralidad a desplazarse hacia un costado, a los márgenes... 

Sí, es exactamente eso. Ir dándote cuenta de la no centralidad de lo masculino o del varón. Cuando estás con tus amigos y les cuentas por primera vez esto, que estás en una relación de poliamor con dos tías, siempre quedas como un campeón, como un machote. Y entonces me toca explicar que no. Que es mi novia la que tiene novia, porque al final nuestra relación se reconfiguró así. Empezamos tres, pero la relación que tenía con Rocío a nivel romántico no dio para más y que es Gabriela, mi otra compañera, la que tiene la relación con Rocío y conmigo. Y cuando explicas esto pasas inmediatamente de que te digan "eh, campeón", a un "¿pero eres gilipollas o qué?".

Eso es algo que ha sido muy interesante, ir explorando las reacciones. Pero como decíamos antes, se trata de mirar las cosas con humor. En este texto lo que intenté es desacralizar un poco la cosa. Y también del tema de los que se reivindican como feministas y aliados. Quería no tratarlo de una manera seria. El libro ya tiene momento graves y serios y por eso quería escribirlo con cierta ironía, porque es saludable reírnos de nosotros mismos. Yo estoy en un proceso de repensar la masculinidad, pero también me gusta reírme de eso.

Me hablaba de la distinta atención que ha percibido al escribir prosa, en relación a cuando escribe poesía. En el libro habla a menudo de que quería escribir una novela. ¿Con este libro está a medio camino?

El libro expresa una frustración en ese sentido. Creo que he construido un narrador que va explorando varias voces, porque está buscando su propia voz narrativa. Creo que eso es lo más sincero que puedo decir del libro. Lo que me ha quedado es como el esqueleto de un novela, el intento o la exploración que está haciendo un narrador para intentar llegar a una novela, sin lograrlo del todo. Es el intento de buscarse en la narrativa.