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Divorcios coronavirus Laura Rojas-Marcos: "La reflexión durante la cuarentena ha provocado más divorcios"

La psicóloga Laura Rojas-Marcos habla sobre la ansiedad, la depresión, el divorcio, la soledad, el maltrato o la tristeza durante el confinamiento por el coronavirus.
La psicóloga Laura Rojas-Marcos habla sobre la ansiedad, la depresión, el divorcio, la soledad, el maltrato o la tristeza durante el confinamiento por el coronavirus.

Laura Rojas-Marcos (Madrid, 1970) nos da algunas claves para afrontar los efectos del confinamiento provocado por la covid-19. Especializada en trastornos de estrés y depresión, atendió a las víctimas de los atentados del 11-S en Nueva York, donde ha vivido y estudiado.

Autora de libros como La familia. De las relaciones tóxicas a las relaciones sanas (Grijalbo), la psicóloga toma el testigo del profesor Vicenç Navarro en la serie de entrevistas Hoy es el futuro, donde aborda la soledad, la tristeza, el divorcio, la ansiedad, el alcoholismo y la ludopatía.

Sin olvidarse, por supuesto, de otros daños invisibles surgidos o acrecentados durante la cuarentena por el coronavirus, como la fiebre de la cabaña o el infierno de las mujeres maltratadas.

¿Cuáles serán lo efectos del aislamiento en las personas con y sin patologías previas, como la depresión o la ansiedad?

En general, evidentemente el confinamiento tiene un efecto en todos nosotros a nivel emocional y mental, así como respecto a la percepción del mundo y de nuestro entorno. En las personas con patologías previas, sean del tipo que sea, están aumentando o se intensifican.

Quienes no las sufrían antes quizás están descubriendo qué es la ansiedad y la fiebre de la cabaña, diferente al síndrome de la cabaña. Es decir: irascibilidad, ansiedad y angustia por estar encerrados. Por lo tanto, está más asociado a sentimientos de claustrofobia, que provocan cambios del estado de ánimo, mal humor, irritabilidad, etcétera.

¿Nuestro hogar ha sido refugio o jaula?

Ambas cosas. Para algunos ha sido una jaula y una habitación de tortura, sobre todo para quienes conviven con gente con la que tienen una mala relación y en hogares donde se respira un ambiente de agresividad. Para otros, en cambio, ha sido un refugio. De hecho, incluso han desarrollado el síndrome de la cabaña. Es decir, el hecho de salir de casa les provoca malestar, ansiedad y miedo agudo. No obstante, para la mayoría ha sido las dos cosas, al margen del tamaño de sus viviendas, una cuestión que también influye.

Respecto a quienes han pasado la cuarentena en soledad, el conflicto es con ellos. Debido a sus pensamientos, no son capaces de convivir solos ni consigo mismos. Y caen en las trampas mentales, como los sentimientos catastrofistas asociados al sentimiento de indefensión o como la incertidumbre angustiosa que les llevan a sentir que van a estar atrapados para siempre, cuando no es así.

Mujeres maltratadas forzadas a vivir con sus maltratadores. ¡Qué infierno!

Claro. Ahora bien, el maltratado no es necesariamente solo una mujer, pues también hay hombres que sufren episodios de maltrato, sobre todo niños y mayores.

Pero no los maridos o novios...

Afecta más a menores y ancianos, desde luego. Ahora bien, no debemos olvidar que al fin y al cabo la conducta del maltrato —no solamente la falta de respeto, sino también la agresividad, la violencia, el chantaje emocional, la humillación y el desprecio— puede corresponder a cualquiera, independientemente del sexo y de la edad.

Sin embargo, la mujer está mucho más expuesta tanto al maltrato psicológico como a la violencia física.

Mucho más. De hecho, están creciendo las conductas adictivas, sobre todo las asociadas al alcohol, al juego y a las drogas. Sobre todo a las dos primeras, porque el alcoholismo y la ludopatía han aumentado de una manera bestial. Por otra parte, hay muchas personas que están haciendo un trabajo de desintoxicación, aprovechando el desconfinamiento para desengacharse.

¿La fiebre o el síndrome de la cabaña nos hará más caseros?

Conviene insistir en la diferencia entre ambos. El síndrome de la cabaña es el miedo a salir, porque una persona se siente más segura en casa. La fiebre de la cabaña es el miedo a no poder salir, que provoca la sensación de sentirse enjaulado y atrapado, por lo que tiene que ver con la claustrofobia.

¿Seremos más caseros? ¿Habrá, por ejemplo, más cenas o fiestas domésticas?

Los afectados por el síndrome de la cabaña podrían hacerse más caseros. Una de las consecuencias psicológicas y emocionales del confinamiento es el miedo a estar en lugares donde haya mucha gente, porque parte del problema reside en el temor a ser contagiado por el coronavirus, ese monstruo que no vemos.

¿Encuentra algún aspecto positivo en que alguna gente se vuelva más casera?

Claro. De hecho, hay muchas personas que están aprendiendo a relacionarse con su familia y se están produciendo reencuentros entre parejas y familiares distanciados, pero que vivían juntos. Otras están aprendiendo o desarrollando habilidades, como hacer cursos o trabajar desde casa. De ese modo, terminaremos incorporando el teletrabajo como otra forma de hacer las cosas.

Si los divorcios aumentaban durante las vacaciones, qué ocurrirá cuando termine el desconfinamiento.

Definitivamente habrá más divorcios. Estoy trabajando con muchas parejas a las que el confinamiento les ha llevado a aclarar sus dudas respecto a lo que quieren hacer con su relación. Muchas han decidido separarse o divorciarse.

"Las mujeres maltratadas han sufrido un infierno durante el confinamiento, pero también los niños y mayores"

La cuarentena ha provocado tomas de decisiones por parte de gente que llevaba tiempo arrastrando incertidumbres respecto a cuestiones personales o profesionales, como cambiar de trabajo. Este momento de reflexión e introspección, con tiempo y sin prisas, les está ayudando a encauzar esa duda que los mantenía estancados.

La quietud y la calma los han llevado, paradójicamente, a reaccionar.

Exactamente. Han pasado de estar paralizados o sumidos en una espera —"No sé qué hacer ni qué camino tomar"— a salir de la encrucijada. O sea, gracias al confinamiento se han desatascado.

La psicóloga Laura Rojas-Marcos habla sobre el divorcio y el maltrato durante la cuarentena por coronavirus.

La soledad puede ser buscada o sobrevenida. Una cosa es estar solo y otra, sentirte solo. Luego está esa tristeza por la que se despeñan tantos mayores…

Sin duda, en los mayores ha aumentado el sentimiento de soledad. La inactividad obstaculiza las interacciones, tanto en la calle como en su casa o en una residencia de ancianos. Incluso se puede sufrir soledad estando acompañado, que es una de las peores. Cuando te sientes solo, aflora un sentimiento abrumador como un tsunami que te arrastra y te sume en la tristeza. Aunque también hay personas que están a gusto consigo mismas y no se sienten aisladas.

Mejor solas que mal acompañadas.

Claro, porque cuando la compañía te irrita se puede convertir en un infierno. No tiene que llegar al maltrato, basta la falta de química. Convivir con alguien con quien no tienes conversación ni compartes nada en común puede ser bastante aburrido. Y el papel del aburrimiento es muy importante...

¿Qué herramientas hay contra ese aburrimiento?

La distracción y la actividad. Desde leer un libro hasta ver una película, pasando por jugar a las cartas, por poner algún ejemplo de entretenimiento.

¿Puede compararse la soledad de la persona acompañada pero que se siente tristona con la depresión que puede sufrir alguien con aparente éxito en la vida? "Fíjate, tiene un buen trabajo, una pareja maravillosa, dos hijos preciosos… ¡y está hundido!". Algo incomprensible en su día debido a los tabúes de la sociedad.

La clave reside en diferenciar entre la tristeza motivada por una soledad causada por las circunstancias difíciles que alguien está viviendo y la depresión, una enfermedad que necesita un tratamiento médico y en muchos casos farmacológico.

Esa persona, independientemente de sus circunstancias externas —aunque todo vaya bien y posea lo que quiere—, siente desgana y hastío. Ni siquiera es tristeza, sino algo más grande: yo lo llamo el cáncer del alma. Ese vacío lleva al deseo de no querer existir.

Es muy distinto a encontrarte mal, tener un día espantoso, sentirte solo o sufrir una pérdida. La depresión no discrimina. Como te ataque, es una enfermedad horrible.

¿Los efectos del confinamiento son ya una certeza? ¿Tendrá que pasar el tiempo para verlos con nitidez porque se darán a largo plazo? ¿Cómo contempla el futuro tras el desconfinamiento?

Dependiendo de las circunstancias de cada uno. Evidentemente, todos vamos a tener un post. Hay un antes y un después, pero ya hay personas que están viviendo y experimentando ese post desde la angustia y la tristeza. No obstante, sin lugar a dudas la gran mayoría lo va a superar y volverá a su estado normal, de modo que podrá seguir gestionando su vida con naturalidad.

La psicóloga Laura Rojas-Marcos, en 'La aventura del saber'. / RTVE