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Manuel Jabois: "El Gobierno ha cometido errores justificables e inevitables, pero le ha faltado mucha humildad"

Manuel Jabois
El periodista y escritor Manuel Jabois. Alfredo Arias / LUMEN

Acercarnos a la verdad no es tarea fácil. Su naturaleza esquiva convierte en problemático cualquier intento de aproximación. Máxime cuando se trata de averiguar qué sucedió hace 25 años en un pequeño pueblo ficticio de las Rías Baixas. El tiempo horada hasta lo real. Una niña de tres años desparece la misma noche en la que su madre se casa. Una reputada periodista tendrá que recomponer las piezas que componen un puzle hecho de silencios y medias verdades. Miss Marte (Alfaguara, 2021), el nuevo libro del periodista y escritor Manuel Jabois (Pontevedra, 1978), ahonda en la verdad, en sus aristas y en la idoneidad de callarla o revelarla.

¿Por qué es tan escurridiza la verdad?

Es escurridiza porque nos mentimos a nosotros mismos continuamente y porque el pasado depende siempre de nuestra memoria, y nuestra memoria tiende a ser mentirosa. Solemos decir que idealizamos el pasado, pero en realidad lo único que idealizamos es a nosotros mismos.

¿Tiene sentido aspirar a ella?

La verdad es importante para tener un hecho sólido sobre el que poder debatir, discutir, elucubrar... Si no existe ese hecho, cualquier cosa puede ser susceptible de ser dicha y terminamos debatiendo sobre si algo es verdad o no, en lugar de debatir sobre una verdad concreta. Y así el debate se va haciendo más y más tóxico.

Pero mentirse es también un modo de sobrevivir...

Claro, es necesario soltar mucho lastre en la vida, cada uno manipula su memoria a su manera. Otra cosa es que pregones esa memoria manipulada o tergiverses la de los demás, en cualquier caso todos tenemos nuestras pequeñas miserias personales que queremos olvidar y que a lo mejor se quedan ahí. ¿Sabes?, siempre he pensado que es mucho más importante saber para lo que uno no vale que para lo que vale, y eso es algo que te puede llevar décadas.

Y a veces cuando lo descubres es demasiado tarde...

Sí [ríe]. Existe la creencia, y así lo escribo en el libro, de que vivir mucho es que te pasen muchas cosas, pero yo creo que vivir mucho es saber qué cosas te están pasando... Me refiero a esa predisposición natural a tratar de abarcar las maravillas que te ofrece la vida, cuando es algo imposible. Al final uno se tiene que limitar a elegir lo bueno, aquello que quiere tener cerca, y trata de alejarse de aquellas compañías y lugares que no le hacen bien... ¿Eres gallego?

No tengo el gusto

Pues hay un refrán en gallego que dice, Deus é bo pero o demo non é malo [Dios es bueno, pero el demonio no es malo], pues es algo así... Entiendo que haya verdades que se reduzcan a incógnitas porque te puede hacer mal o porque ya no se gana nada. 

¿Como verdades piadosas?

Sí, son verdades que no vale la pena decir precisamente porque son ciertas. Qué gana una abuelita diciéndole a su marido después de 85 años de feliz matrimonio que tuvo un affaire hace 45 años. Nada. Una verdad a destiempo es más jodida que una mentira.

Quizá por eso nos mienten los políticos...

Bueno, yo creo que un gobernante debe entender que uno se equivoca prácticamente todos los días. Es más, no pasa nada. Se pide perdón y si tu votante es inteligente lo entenderá. ¿Que eso puede suponer combustible para la oposición? La oposición si no tiene combustible se lo inventa, a ti eso te tiene que dar igual. Creo que este Gobierno ha cometido errores justificables e inevitables, pero le ha faltado mucha humildad.

Pasa mucha factura asumir la verdad

Pues yo creo que un Gobierno como este de bipartito, que reúne a una masa muy amplia y crítica de votantes de izquierda, no puede pensar que sus votantes sean tipos de sí señor, y creo también que hay muchísima gente descontenta con la gestión que no tolera el hecho de que se agite el espantajo de la extrema derecha para tapar las críticas. No habría pasado nada con reconocer tranquilamente que se ha equivocado, que quizá no se midió bien el alcance de una situación que, por otra parte, ha terminado afectando a todo el puto planeta.

La pandemia ha desdibujado nuestro presente, lo ha convertido en bruma, ¿cómo recordaremos estos días iguales?

Quizá no pase nada en nuestras vidas pero está pasando todo en los lugares en los que no debería pasar nada, que son los hospitales y los cementerios. Vivimos una paz muy incómoda, porque se nos obliga a permanecer en casa sin movernos ni tocarnos, a no relacionarnos, pero al mismo tiempo el mundo se está tambaleando bajo nuestros pies. Es como si nada se moviese en nuestra pequeña baldosa mientras todo alrededor se desmorona. Esto genera una sensación de culpa o de cierta incomodidad, porque lo mejor que podemos hacer es no hacer nada.

Dentro de unos días se cumple un año de la muerte de Gistau, de quien usted fue muy cercano, ¿qué verdad le legó?

A nivel profesional, el coraje. La valentía para ser libre e independiente ya no sólo en el medio en el que trabajes, sino con tus lectores. Cuando llegué a Madrid empujado por él, yo tenía la tentación de querer agradar a todos mis lectores y él me dijo que si tenía cinco o seis lectores sería muy complicado decepcionarlos, pero que si tenía muchos sería inevitable. Es una lección valiosa para cualquier periodista, no puedes estar siempre pendiente de querer agradar a tu clan, ni siquiera de tener un clan. Esto no va de enseñar el número a tu gradería, sino de asumir que a veces te silbe. Y de ser valiente...

Ser valiente es, también, un estatus, ¿no cree? No siempre se tiene esa independencia, máxime con la precarización que hay.

Yo soy muy respetuoso cuando una persona decide autocensurarse. Antes de cargar contra él hay que saber las circunstancias que le rodean, por otro lado no tenemos que confundir la autocensura con la mentira. No estás engañando a nadie, simplemente te has callado. Si tienes dos hijos, tu mujer está en paro y tienes un sueldo de mierda que es lo que más abunda en esta profesión, es obvio que uno asuma determinadas cosas. Lo que nunca admitiré es la intoxicación o la manipulación, como nunca entenderé que alguien para dar de comer a su hijo mate a alguien, entiendo que robes, pero no que mates.