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Miguel Í. Campos: "La República se vio abocada a aceptar chantajes y sobornos en el mercado negro de armas"

Quince datos que no conoces de la Guerra Civil y de la dictadura (y que te da vergüenza preguntar)
Una estampa durante la Guerra Civil española, en una imagen de archivo.

Las últimas investigaciones, mucho más certeras que las realizadas durante el franquismo, apuntaban que la asimetría entre el armamento recibido por los sublevados era incomparable con el que recibió la República por parte de la URSS y México. El pacto de no intervención, que no fue respetado, propició que los exaltados pudieran defenderse y atacar con un material bélico incomparable respecto al de los republicanos. Miguel Í. Campos, doctor en Historia Contemporánea, escarba en las operaciones que llevó a cabo el Gobierno legítimo de España para hacerse con un armamento que les negaban las democracias europeas y que nunca llegó en óptimas condiciones. Ahora, publica Armas para la República. Contrabando y corrupción, julio de 1936 – mayo de 1937 (Crítica, 2022) con todos los detalles sobre su investigación.

Empezamos con una mentira: la Italia fascista y la Alemania nazi apoyaron con tropas y armamento al bando sublevado después de que Francia hiciera lo mismo con el Gobierno republicano. De hecho, los exaltados contactaron con estos regímenes dictatoriales antes del golpe de Estado. ¿Cómo se desarrollaron estos hechos?

No es ninguna novedad señalar que la historia la escriben los vencedores, y aquí tuvimos 40 años de victoria y manipulación historiográfica. Ya en los años 60, gracias a los denominados hispanistas, cambia el paradigma a la hora de analizar lo que ocurrió en la Guerra Civil.

Hoy en día no queda ninguna duda de que la ayuda nazifascista fue pionera y primera, y no respondió a ninguna respuesta de intervención francesa. Todo apunta en el sentido contrario: la ayuda nazi se debió más al azar que a esos contactos previos que mantuvieron los sublevados porque no dieron sus frutos originalmente. En cambio, la Italia fascista mantiene contactos con los exaltados desde el mismo mes de mayo de 1931, días después de la proclamación. Esos contactos se hacen más fuertes en 1934, cuando llega la derecha al Gobierno español y cristalizan el 1 de julio de 1936, una quincena antes del golpe de Estado.

Francia estuvo mucho más dubitativa que Gran Bretaña a la hora de avanzar en la política de no intervención en la contienda española. Al final, todos los Estados europeos, menos Andorra, Liechtenstein, Mónaco, Suiza y Ciudad del Vaticano, suscribieron el Acuerdo de No Intervención. ¿De qué forma se desarrollaron esas conversaciones?

Hay que señalar que todos los grandes Estados y potencias armamentísticas se comprometieron con esa farsa, a quien hay que sumar a la URSS. Para entender bien el pacto de no intervención hay que ver cuál era la política exterior de esos países tras el golpe de Estado en España, que ni triunfa ni es sofocado.

En un primer momento, Francia sí quiere ayudar a la República, pues su Gobierno era frentepopulista, pero su problema es que no pueden mover ni un dedo si no cuentan con la colaboración de Gran Bretaña. A los pocos meses del inicio de la guerra, Leon Blum, primer ministro francés, fue a Londres, y allí las autoridades británicas le dijeron que si la ayuda que va a enviar a España provoca un enfrentamiento con Alemania, ellos no intervendrían en su defensa.

El origen de la no intervención está envuelto en nebulosas. Varios testimonios señalan que fue una iniciativa a nivel personal del propio embajador inglés en París que, después, hizo suya el Gobierno británico. La diplomacia inglesa y francesa trabajaron por toda la geografía europea ese julio y agosto de 1936 para sumar el mayor número de países, y el resultado fue un pacto de casi 30 Estados que se comprometieron a no enviar armas. No se respetó por parte de Italia, Alemania y la URSS, y esto tampoco tuvo consecuencias, y el resto no hizo nada a favor del Gobierno legítimo, así que los republicanos se vieron obligados a virar hacia el mercado soviético y el mercado negro de armamento.

La misma noche del 18 de julio de 1936, el entonces presidente del Consejo de Ministros, José Giral, envía un telegrama a su homólogo francés, a quien pide "armas y aeroplanos". Esa petición fue filtrada a la prensa a través del embajador, que se pasa al bando sublevado. ¿Con qué intereses lo hizo?

Muy sencillo: para que el pueblo francés estuviera en contra. No hay que olvidar que la sociedad francesa también era muy convulsa entre la extrema derecha, movimientos procomunistas y reformadores liberales. El embajador, que tardó cierto tiempo en ser destituido, lo sabía, y también tenía presente que el Gobierno francés no había hecho nada para evitar la militarización de Renania por parte de los alemanes sin respetar el pacto que tenían.

A través de periodistas como Mariano Daranas, corresponsal de ABC en París, la petición llegó a la prensa de derechas y extrema derecha, así que la opinión pública se opuso a la colaboración al saber que, si eso podía ser la puerta de entrada de un conflicto con Alemania, Francia no se podría defender sola.

Usted señala que hasta el 7-8 de agosto no hubo suministro militar alguno por las vías y cauces legales hacia el bando republicano, pero el contrabando por la frontera pirenaica ya se estaba produciendo. ¿Quiénes estaban implicados en ese contrabando hacia el bando republicano?

Pasar por la frontera un avión o un tanque es complicado, pero camuflar en un coche una escopeta y granadas, casi todo material de carácter defensivo, sí que ocurría, pero esa no es la clave.

El mismo Blum, y lo dijo años después, tras declararse la no intervención llevó a cabo una política de "no intervención relajada". Es decir, se abría y cerraba la frontera con la complacencia del Gobierno galo, mientras que una trama de funcionarios e inspectores de aduanas simpatizantes con la causa republicana hacían la vista gorda ante la llegada de material bélico. De todas formas, fueron cantidades irrisorias comparadas con las exportadas desde Italia y Alemania.

Como antes apuntaba, las dificultades para la República fueron a más al verse obligados a recurrir al mercado ilegal de armas a través de intermediarios de dudosa honestidad.

La República vio cerrados los cauces legales para conseguir armamento por parte de las grandes democracias, así que se tuvo que vender al mejor postor. Donde había armas, allá que iba. Terminaron cayendo en traficantes sin escrúpulos, muchos de ellos cercanos al pensamiento filonazi.

Al fin y al cabo, la República pagó el precio que le impusieron, no tenía escapatoria. Tuvieron que pagar elevadas comisiones a ministros extranjeros, sobornar a funcionarios, chantajear a los aduaneros… Muchas veces les obligaban a comprar material casi inservible, morralla, para adquirir una pequeña cantidad de mejor material. Fue una auténtica tragedia. A ello se sumó el problema que la propia República se creó a sí misma al enviar comisionados a cualquier parte del mundo a comprar armas sin ningún tipo de experiencia en el mercado clandestino. Se acabaron haciendo la competencia unas comisiones a otras. En definitiva, la República se vio abocada a aceptar chantajes y sobornos en el mercado negro de armas por el cerrojo de los demás países europeos.

¿Qué papel jugaron las entidades bancarias francesas, inglesas y norteamericanas para que Negrín trasladara las reservas de oro españolas a Moscú?

Juan Negrín hace algunas operaciones durante este primer año para ver cómo responde la banca y observa las continuas trabas y dificultades que operan en contra de las transacciones republicanas. Uno de los casos más paradigmáticos es el del embajador español en Estados Unidos, quien no consiguió que ninguna entidad le abriese cuenta, ni siquiera la propia banca de los sindicatos norteamericanos. Terminó invirtiendo en bonos del tesoro para poder conseguir algo más de dinero tiempo después, y perdiendo parte de él. Al final, el único Estado que permitía velocidad, opacidad y libertad de movimientos para las transacciones republicanas fue la URSS.

El Gobierno democrático español tuvo que hacer frente a los diplomáticos internacionales del país que engrosaron las filas sublevadas. ¿Cómo era el espionaje franquista?

Dentro del cuerpo diplomático había muchos dobles juegos. Algunos se pasaron directamente con los sublevados al inicio de la guerra, pero otros se quedaron camuflados. Así sucedió en Checoslovaquia, donde el partido pronazi del momento colabora con el antiguo embajador español, y cuando la operación de envío de armas a la República podía ser satisfactoria, montaban un escándalo mediático de proporciones descomunales que no solo frenaba esa operación, sino las siguientes.

Pablo de Azcárate, embajador fiel a la República, un hombre reconocidísimo a nivel mundial y número dos de la Sociedad de Naciones, lo dice en sus memorias. Se quejaba de que el cauce diplomático no le dejaba tener más relación que con otros homólogos o ministros, pero en cambio el Duque de Alba se podía entrevistar con quien quería y hablar de lo que le diera la gana.

México es el único país que sí apostó decididamente por auxiliar al Gobierno republicano, no solo con armamento, sino con acciones a nivel diplomático.

Sí, fue la única nación que verdaderamente, de forma altruista y solidaria, quiso apoyar al Gobierno republicano, incluso años después durante el exilio. Puso todo su cuerpo diplomático a favor de la República, aunque se daba una situación curiosa: los representantes mexicanos le decían a su presidente, Cárdenas, que no podían defender la causa porque la propia España republicana había aceptado la no intervención.

Aun así consiguieron, principalmente, hacer llegar mauser y cartuchería. El embajador español en México le dejó total libertad de movimiento para recibir material y enviarlo a España, y a su embajador en París le dio órdenes de que comprase todo el material posible en Europa y lo reportara a España en nombre de México. Desde luego, su solidaridad y disposición siempre estuvieron ahí, incluso se lo hizo pagar caro a todo aquel que estaba a favor de Franco en su terreno.

En este libro aborda las dificultades que el legítimo Gobierno republicano tuvo para hacerse con armamento extranjero, pero lo encuadra entre julio de 1936 y mayo de 1937. ¿Por qué ha elegido esas fechas?

La publicación parte de mi tesis doctoral, y ya en ella vimos que era imposible abarcar todo el periodo de la guerra. De todas formas, lo que ocurre este primer año es clave para el devenir final o, dicho de otra manera, cuando termina el primer año la guerra ya está sentenciada a favor del lado de los sublevados.