Público
Público
ENTREVISTA CON EL AUTOR DE 'C3PO EN LA CORTE DEL REY FELIPE'

Pedro Vallín: "Conforme el perfil de Yolanda Díaz tome más relieve, veremos las costuras de la coalición tensarse"

Pedro Vallín
Pedro Vallín, en la presentación del libro en Casa Seat, Barcelona. Casa Seat

Ya van dos, en el 2019 publicó ¡Me cago en Godard! y en 2021, C3PO en la corte del rey Felipe, ambos en Arpa. El primero, un ensayo cultural, una excusa para meterse con los progres a los que les gusta el cine de culto francés; el segundo, una recopilación de algunos de sus análisis políticos en La Vanguardia durante los últimos años y alguna nueva creación. Y es que Pedro Vallín (Colunga, Asturias, 1971) lleva años pasando buena parte de su tiempo entre las bambalinas del Congreso, escondido en su cabina de prensa o fumeteando en el patio al acecho de la conversación. Por ello, este libro da sentido a una década que en política parece siglos. Unos años que en España se explican bajo una premisa: la constante resistencia a que los cambios en la voluntad política de la ciudadanía se plasmaran y materializaran. 

En el libro, define parte de la política de la que estamos siendo espectadores (y narradores) como la conjunción entre un viejo nacionalcatolicismo y un momento trumpista. ¿Qué augura el 2022 a esta unión estelar?

"Veremos crecer a estas opciones a costa de los espacios de la derecha democrática"

Soy mal augur. No quiero decir que tenga malos augurios, sino que las previsiones del futuro no son lo mío. La impresión que da es que la combinación del viejo nacionalcatolicismo irritado de Vox y el iliberalismo de carácter trumpista de Isabel Díaz Ayuso han cooptado y destruido por completo cualquier otra forma de política en la derecha. Ni siquiera el nacionalismo fanático de Ciudadanos parece en condiciones de sobrevivir a 2022. De la democracia cristiana y el liberalismo conservador, antes integrados en el PP, ni hablamos, porque han pasado a mejor vida. Todo lo que fue moderantismo y conservadurismo ha sido suplido por reaccionarismo. Incluso dentro de las mismas cabezas de sus intelectuales de cabecera, que ya no saben ni lo que dicen. Así que temo que aún veremos crecer a estas opciones a costa de los espacios de la derecha democrática. La duda es si también a costa de la izquierda.

El libro refleja cómo algunos medios y periodistas han sido causantes de que estos reaccionarios estén de celebración, medios que se cebaron contra el independentismo y Podemos sin medir las consecuencias, todo valía. ¿A qué ha tenido miedo el periodismo progre de este país en la última década?

"La equidistancia tiene la longitud exacta de un 'grand écart'"

A dejar de mandar, creo. Simplemente, el periodismo de corte progresista decidió que Pedro Sánchez solo era albacea de una secretaría general que pertenecía a Susana Díaz, que a su vez había usado a Sánchez para frenar a Eduardo Madina. La verdad es que ese ciclo en el PSOE ilustra muy bien la decadencia de lo que el analista Jaime Miquel llama "el posfranquismo", definiendo la etapa bipartita que va de 1982 a 2016. Fueron las bases del PSOE, en las que el surgimiento de Podemos y el triunfo de Pablo Iglesias en Vistalegre II en febrero de 2017 tuvieron un gran impacto, las que pusieron de nuevo a Sánchez al frente del partido en mayo de ese año.

En términos más generales, es una constante histórica española que ante las encrucijadas históricas, y la obsolescencia del pacto constitucional lo es, se produzca una división entre lo que Dioni López llama "atrasistas y progresistas". En cuanto a nosotros, los periodistas, solo quiero decir que cuando el barco empieza a separarse poco a poco del pantalán tienes que decidir de qué lado te pones y asumir que eres peatón o marinero. Si no lo haces, estás en el agua. Dicho de otro modo, la equidistancia tiene la longitud exacta de un grand écart. Un spagat.

Siguen los malos vicios. Javier Negre se está haciendo el amo y señor de la sala de prensa del Congreso.

"A lo mejor todo sale bien y hacen alguna imbecilidad para que los echen"

Esto no tiene solución buena. Sigo preguntándome quién, cómo y por qué toma la decisión de que un streamer que opera como agente del iliberalismo, similar a otros personajes del estilo que hemos visto en ficciones más o menos caricaturescas, disponga de acreditación. Es obvio que no todos los periodistas ni todos los medios pueden estar acreditados en el Congreso por las propias características del espacio disponible. En ese marco, las altas y las bajas son un asunto delicado.

Pero no sirve llorar por la leche derramada. Una vez hecho, ya no tiene arreglo bueno. Hay una cierta irreversibilidad en lo que ha ocurrido, y entiendo las quejas de los responsables de comunicación de los grupos, pero retirar la acreditación sin causa es casi peor, es regalar el victimismo que esa derecha tan gallarda tanto gasta. De todos modos, estaba convencido de que esta vez, a diferencia de lo que vimos hace unos años, no cometerían el error de dar la coartada para su expulsión haciendo el memo con sus cámaras, grabando robados más o menos teatralizados. Pero después del bulo de la agresión del fotógrafo de Moncloa en los pasillos empiezo a dudar si son lo suficientemente espabilados para verlo. Vete a saber, a lo mejor todo sale bien y hacen alguna imbecilidad para que los echen.

Otro tema del libro, el secuestro durante cuatro años de la voluntad popular que quería a Sánchez en la presidencia, a Unidas Podemos en el Gobierno y a una mayoría plurinacional dirigiendo políticamente el país desde el Congreso. ¿Qué salud tiene la mayoría de la investidura? La reforma laboral es una prueba de fuego.

"Las reformas laborales han avanzado en la misma dirección desregulatoria durante cuarenta años"

El proceso que vivimos es el de la ciudad sitiada. O el bote salvavidas. Dentro de ellos puedes llevarte bien, regular o mal, pero mientras haya víveres la alternativa es peor. Nadie huirá de la ciudadela rodeada por los uruk hai ni abandonará el bote salvavidas. Salvo que sea un fanático. Que los hay, claro. O salvo que alguien quiera empujar a un compañero fuera del bote. Que también es posible.

En todo caso, y a pesar del esfuerzo del periodismo capitalino por hacer ver que cada pacto dentro del Gobierno es un Rubicón, yo no veo la delicadeza de la hora. No veo la coalición en riesgo. No la vi con los ERTE, con el IMV, con la subida del SMI, ni con la ley Trans o la de Vivienda, que fueron temas discutidísimos. Y mucho menos la veo con una reforma laboral que está avalada por sindicatos y patronal. Lo que sí me llama la atención es la banalidad con la que se la juzga. Las reformas laborales han avanzado en la misma dirección desregulatoria durante cuarenta años. Al margen de cuánto se avance en sentido contrario, no apreciar que el simple cambio de rumbo es histórico es miope. Es un fenómeno idéntico al escepticismo de una parte del electorado progresista en cuanto a la muerte de la doctrina neoliberal en la UE.

Me lleva a pensar que hay una comprensión muy ingenua, pueril, de la política que alguien piense que se puede desandar mediante una reforma legal lo andado durante medio siglo y que cualquier cosa que no sea eso es insuficiente. Eso sí, conforme el perfil de Yolanda Díaz siga tomando relieve y se acerque el ciclo electoral, entonces sí veremos las costuras de la coalición tensarse. Pero se venda como se venda, no será por ninguna ley, será por motivos puramente electorales.

"Mueran los intelectuales, viva la muerte". Alguna mención en el libro hay a la frasecilla. El Ayuntamiento de Madrid está siendo uno avanzadilla de este grito, ya lo vimos con lo de Largo Caballero e Indalecio Prieto. Lo del alcalde con Almudena Grandes clama al cielo. ¿Qué siente un vividor de la Villa al oír esas palabras de  Martínez Almeida?

"No está escrito que el óxido de la pandemia no pueda ser el alfa y el omega de Isabel Díaz Ayuso"

La característica principal del trumpismo, en tanto fenómeno específicamente contemporáneo, es vender como virtudes políticas los vicios públicos: la estupidez y el bullying, es decir, la ausencia de inteligencia y la ausencia de bondad, son los atributos políticos principales de Donald Trump. Ahora bien, la experiencia de estos años nos demuestra dos cosas: por una parte, que en momentos delicados estas excentricidades tienen las patas cortas. La pandemia destruyó el prestigio político de Boris Johnson, Jair Bolsonaro o Donald Trump. Y no está escrito que el óxido de la pandemia no pueda ser el alfa y el omega de Isabel Díaz Ayuso.

Y en segundo lugar, que esos atributos no se pueden fingir. Hay que poseerlos para que sean funcionales. No cabe el teatro, porque se vuelve obsceno, porque en este presente nuestro todo es muy patente. En ese sentido, el esfuerzo de algunos políticos del PP, incluido el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, pero también Pablo Casado, por asimilarse a Isabel Díaz Ayuso y a su particular forma de pensar y comunicarse creo que está condenado al fracaso. Ella no finge. Y en cuanto a las palabras del alcalde sobre Almudena Grandes, sospecho que siento la misma vergüenza ajena que cualquier persona que viva en esta ciudad y no sea un bobo o un indeseable.

Rivera e Iglesias ya se han echado a un lado y se han apeado de la cuadriga testosterónica. ¿Cree que cambia la política nuevos liderazgos femeninos como el de Yolanda Díaz?

"En el PP hoy no hay nada más que Isabel Díaz Ayuso"

Sí, sí lo creo. Tampoco Pablo Casado atraviesa su mejor momento. Y el otro que ya no está es Santiago Abascal, que, desde el turno de cierre de su moción de censura, lleno de un extraño patetismo, ha desaparecido de la vida pública española. Alguien en Vox piensa con la cabeza y se ha dado cuenta de que su futuro crecimiento está ligado al liderazgo de Macarena Olona, que ha logrado sintetizar los elementos idiosincráticos de la ultraderecha española, tradicionalista, nacional-católica, iliberal, ofensiva, retadora…, con algunos rasgos de la ultraderecha contemporánea europea de raíz lepenista. Y en el PP hoy no hay nada más que Isabel Díaz Ayuso, todo lo demás carece de cualquier vínculo con el electorado. Así que la feminización no se va a quedar solo en el proceso de Unidas Podemos y sus socios sino que alcanza a todo el espectro político. Si yo fuera el PSOE, estaría pensando ya en ello.