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'Puta' Zahara: "Siento que he transformado el maltrato en una obra de arte que me protege"

Zahara
Zahara presenta 'Puta'. Sharon Lopez

Puta, el nuevo disco de Zahara, es algo más que un volantazo. Es material sensible. Contiene los restos de un naufragio y un buen puñado de vísceras. La de Úbeda se las ha visto con un pasado que quiso mantener dormido y que despertó en pleno confinamiento. Sufrió acoso escolar y abuso sexual. También maltrato psicológico. En Puta se encomienda al arte para nombrar lo innombrable, un historial de agravios y culpas que ocupaban demasiado.   

Da la impresión de que se ha cargado a Zahara...

Yo creo que más que matarla lo que he hecho ha sido aceptarla. Un nuevo punto de partida desde el que pegar un salto y no tener miedo ni a lo que había ni a lo que puede haber. Quizá sea un cambio muy radical, primero fui hacia abajo y luego inicié la escalada, me dejé las uñas por el camino y casi la vida para poder sobrevivir.

¿Por qué 'Puta'?

Mi idea era evidenciar el daño. Parece que decir puta no provoca ningún daño, por eso lo de llevar esta banda [Zahara porta durante la entrevista una cinta con la palabra puta bordada], para que todas esas veces en las que alguien me ha podido llamar puta lo vea escrito, sea consciente del lugar que ocupa ese insulto en la persona que lo recibe. También para hacer visible la cruz que he ido cargando durante toda mi vida, siento que es un escudo en lugar de un insulto. 

¿Como si se reapropiara del término?

Sí, así pierde su valor. Es curioso, a veces recibo fotos de algunos fans que se ponen delante de la típica pintada en la calle en la que se puede leer PUTA, les veo sonrientes y pienso en mi disco, como si hubiera dejado de ver el daño que puede hacer esta palabra. En ese sentido, creo que es algo positivo, no busco enorgullecerme, sino provocar malestar e incomodidad en el que la pronuncia.

¿Cuánto hay de terapia en esta vomitona?

Siempre digo que las canciones no pueden sustituir nunca a una terapia psicológica. Las canciones sólo abren, tienen ese poder, pero luego necesitas a alguien que sepa ayudarte a cerrar. Es cierto que en este disco hay un ejercicio como muy bestia de sacar la víscera, y si esa víscera está recubierta de pus no importa, la saco. Pero también es cierto que he sido capaz de hacerlo gracias a que he tenido apoyo psicológico. De hecho cuando empieza el confinamiento y me deprimo, siento que me voy hundiendo pero siempre que miro arriba mi terapeuta está ahí, asomada, dispuesta a agarrarme.

¿Fueron las canciones una redención?

Cuando peor estaba es cuando empiezo a escribirlas, cuando decido sumergirme en el pantano de la tristeza. Así que no es que empiece a componer y automáticamente me sienta bien, sino todo lo contrario. Mi peor momento es entre junio y julio, que es cuando estoy terminando el disco. 

¿Cómo lleva lo de desvelar algo que ni su familia conocía?

Ha sido un impacto en mi familia. En mi entorno casi nadie sabía nada, apenas pequeñas cosas aisladas que no habían relacionado entre sí. Yo me he preocupado durante todo este tiempo de que no lo supieran porque no es algo que me hiciera feliz haber vivido y mucho menos contar. Pensaba que todo era mi culpa, que era una persona que estaba dañada y que tenía un defecto tan grande que no podía dejar que nadie lo viera porque me avergonzaba completamente de él. Creía que era mi culpa.

¿Qué tal lidia con el pudor?

Una vez que lo sueltas pierdes la vergüenza a un nivel muy bestia. Ahora eres tú el que sabe que abusaron de mí, yo ya lo viví y lo estoy procesando, ahora lo trabajas tú tanto si quieres como si no. El hecho de contar que fui abusada no me vuelve a colocar en la posición de víctima, sino que me pone en un sitio de poder con respecto a mí misma. Lo que me pasó no pude impedirlo, tampoco el hecho de que mi personalidad se viera determinada por estos acontecimientos que viví en mi infancia, pero ahora el hecho de poder cantarlo es liberador. 

Como exorcizar demonios...

En los ensayos noto que hay momentos en los que al cantar determinadas frases conecto con la Zahara niña a la que le insultaban o con la Zahara joven que sufrió maltrato. Lo que siento es que todo eso está transformado en una obra de arte que me protege, y que la canción es más grande que yo y es mi escudo. Entonces me siento como Iron Woman o como Terminator, protegida por la música dejo de sentirme víctima.

¿Y en qué lugar deja la Zahara presente a la precedente?

Todo lo que cuento en Puta ha estado de algún modo presente en mi música pero soterrado por muchísimas metáforas y hablando de otra. Mi propia personalidad y mi propio miedo me impedían hablar directamente de lo que me había ocurrido. A pesar de querer contarlo me sentía vulnerable, así que prefería hacerlo a través de metáforas y de las historias de otros, bajo capas de papel de burbujas. ¿Que por qué lo cuento ahora y no antes? Pues por vergüenza, o porque el trabajo psicológico que he hecho me lo ha permitido, por no hablar de que la pandemia me ha puesto frente a mis problemas, sin poder evadirlos, día tras día, sola en mi casa delante de mis traumas.

Contrasta la asepsia de los sintetizadores con todas esas vísceras que se van desparramando, ¿cómo ha sido la producción?

El sonido de este disco creció a medida que se creaba junto a Martí Perarnau, mi compañero en Juno. Ocurre que en los últimos años he puesto mi atención en la música electrónica, que para mí siempre había sido algo fría pero que he descubierto que no tiene por qué serlo. Ese descubrimiento de que las máquinas también lloran, y de que una máquina puede hacerte llorar, forma parte de mí y tenía que estar en el disco.