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Raúl Zurita Raúl Zurita: "La poesía es la Casandra de nuestro tiempo"

El poeta chileno Raúl Zurita durante su entrevista con Luzes en A Coruña.- AMADOR LORENZO BLACH
El poeta chileno Raúl Zurita durante su entrevista con Luzes en A Coruña en 2018.- AMADOR LORENZO BLACH
LUZES-PÚBLICO | Dores Tembrás

Raúl Zurita ha sido galardonado con el Premio Sofía de Poesía Iberoamericana. Recuperamos esta entrevista de 2018 de Dores Tembrás en donde el poeta chileno aborda la poesía en toda su amplitud.

Impresiona conocerlo en persona, cómo tiende la mano y la mirada. Raúl Zurita (Santiago de Chile, 1950) visita A Coruña con motivo del ciclo Poetas Di(n)versos dirigido por Yolanda Castaño, ese lujo que la ciudad disfruta desde hace ya nueve años y que nos trajo algunos de los poetas más interesantes del panorama propio e internacional. Raúl Zurita en esta ocasión recita junto a X. L. Méndez Ferrín en un verdadero encuentro de titanes.

Estamos probablemente ante el poeta vivo más importante de Chile y parte de América Latina, un clásico que lleva una vida entera consagrada a la palabra. Premio Nacional de Literatura en el año 2000, además fue reconocido con muchos otros galardones de gran relevancia. Ingeniero de formación, Raúl Zurita lleva 40 años publicando y compartiendo su experiencia como docente en distintas universidades.

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Tan poderosa como su obra es su discurso, mientras conversamos la entrevista se llena de poetas recitados de memoria al vuelo, versos que apuntalan la lucidez de un hombre que había querido encarnar el poema. Sin duda, también el lector sentirá que muchas de estas respuestas son literatura. Raúl Zurita vivió el golpe militar y la dictadura en todo su peso. La tortura, la cárcel, el hambre. Y sin embargo en su obra escintila una fe en la humanidad que conmueve como pocas. Pienso en aquel escritor joven que en las peores épocas se dedicaba a robar libros en las librerías, al que no metieron preso a condición de no volver a pisar una. Al estrecharle la mano siento que sigue teniendo mucho de aquel que cuando publicó su primer libro solo podía mirar desde el escaparate.

Tu interés por la escritura fue muy temprano, pero ¿qué impacto tuvo tu formación como ingeniero en el trabajo poético? 

Estuve siete años en la Escuela de Ingeniería, siete años son siete años. El trabajo que hice sería imposible si no tuviese esa formación. Es definitiva. Algunos de los conceptos son fundamentales, absolutos: la idea de proyecto, la idea de construcción, de estructura... Los libros se estructuran, no son conjuntos de poemas, hay una arquitectura que los sostiene.

Eso es muy evidente cuando nos acercamos a tu obra. Porque hay una concepción clarísima de lo que es la estructura en un libro, en un poemario, que no un libro de poemas. Son cosas completamente diferentes. Así lo demuestran las estructuras de Purgatorio, de Anteparaíso, de otros libros... Pero detengámonos ahora en el proceso creativo. ¿De dónde nace el poema? ¿de la obsesión, de la herida, de la pulsión…?

De todo eso. Si uno supiese de dónde nacen los poemas… Cuando uno es joven, tiene la obsesión de la voz propia, cuando ya es viejo se entera de que la voz propia es de todo menos voz propia. Quién es esa persona que ocupa tu cuerpo y te hace escribir de un modo distinto a lo que hablas. Los griegos tienen una respuesta: las musas. Nosotros nos reímos de eso, pero en el fondo, no se superó esa respuesta. Creo que fundamentalmente es una compensación a tu vida. Compensación a esa desmesurada carencia, al daño que tú hiciste y al que te hicieron.

¿Ahora cuáles son las obsesiones poéticas de Raúl Zurita?

El poeta Raúl Zurita.- AMADOR LORENZO BLACH

Yo tuve dos obsesiones. En una me demoré mucho, nació en el año 1975 y pude finalizarla en el año 1993. Son estos tres libros: Anteparaíso, Purgatorio y La vida nueva. Purgatorio surge de la imagen de una mejilla, parte de una idea real que me aconteció en la vida, me quemé el rostro después de una serie de humillaciones en las que los militares son tan expertos. Recordé la frase de Cristo, del Evangelio: si te dan en una mejilla pon la otra. Fui y me quemé la mejilla. No me pasó nada. Me tuvieron detenido en la calle, como cuatro horas y después me dejaron marchar. No sabía por qué lo hacía, no era una performance. Estaba completamente solo, me cerré en un baño, puse un hierro a calentar y me quemé. Después entendí lo que había pasado. Yo escribí para no enloquecer, porque yo estaba tan mal, todo se me derribó, incluso la guerra de Chile. Estaba finalizando la carrera y me llevaron preso el mismo día del golpe. Me metieron en un barco. Estaba en una situación tan tan desesperada, con el mundo roto, acababa de separarme, tenía dos hijos, no tenía un peso, el hambre... Era un infierno. La única manera de no enloquecer fue imaginar cosas absolutamente delirantes, poemas en el cielo, y después para mi sorpresa algunas de esas ideas tomaron forma... Pero en ese momento era solamente mi reacción para no enloquecer.

¿De dónde nace la poesía? 

En mi caso nace de cierta desesperación, desolación, la idea solitaria de un hombre que pone la otra mejilla. La idea era algo así como vislumbrar la felicidad, no la felicidad, el verbo vislumbrar. Lo que se recoge en esa frase, que se ve desde lo alto: ni pena ni miedo. Ahí se vislumbra la felicidad.

Un lugar para comenzar. 

Pero después no morí, seguí vivo.

¿Es la obra poética un continuo? Pienso en el poeta joven que fue Zurita y cómo era su obra de aquella y en la actualidad, por ejemplo, en relación al silencio, ¿qué lugar ocupa en la obra poética de Zurita?

Ocupa un lugar muy fuerte. Primero porque el silencio es la fuerza desconocida que te impide escribir. Uno se estrella contra los muros del silencio. Vivir es casi una lucha agónica contra el silencio, contra esos muros. No puedes sacarle ni un grano a esos muros. Es una lucha casi física. En el último libro aparece eso, la vida llega ahí también, al abismo del silencio, y solo en el momento de la muerte esas fuerzas se juntan. La coincidencia antes de morir.

¿Es el poema un mecanismo para intentar comprender? 

No lo sé, los grandes poemas son objetos ambiguos, que poseen una cierta crueldad. Un poema como el de Ungaretti: "Hoy es aún ayer y no quiero que sea también mañana". Es tan perfecto que uno lo que hace es emocionarse, admirarlo, no puedes añadir nada. Uno no entra a la obra de arte, quedas fuera, te emociona. Entonces, los poemas son unos artefactos llenos de sentido, de palabras, de emociones, que no puedes explicar. La poesía huye del vicio de la interpretación, solo puedes inferirte y emocionarte. Pero a diferencia de obras magnas, como el Ulises de Joyce o El canto general de Neruda, ahí sí puedes quedar.

Me interesa mucho el sentido de la belleza en tu obra, que está cerca del concepto de límite también, como si llevaras de la mano al lector frente a un acantilado...

Yo busqué mil veces unos versos en la Ilíada de Homero sin poder encontrarlos, hasta tal punto que no sé si lo soñé, en cuyo caso mis sueños son increíbles... Una escena en la que Aquiles entra a la calle y comienza a masacrar a los troyanos. Entonces, en el borde del muro, los viejos chillan que están masacrando a sus hijos, las mujeres, que están matando sus esposos, y en ese momento entra Helena, y era tal su belleza que los que estaban asesinando no pudieron dejar de mirarla.

¿Es posible la experiencia de la poesía sin que la belleza participe en ella? 

Están ahí esas frases de Rimbaud y Rilke: "Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. —La encontré amarga. —La injurié" (Una temporada en el infierno). Y la de Rilke: "La belleza es ese ángel que pudiendo destruirte no te destruye". Creo en la belleza, pero casi como en un sueño.

Me gustaría preguntarte por tu concepto de poema como cruce de dos voluntades. La voluntad del que escribe y la voluntad de la lengua. ¿Por qué nos sorprende el poema?

Porque si tú preguntas a poetas que han reflexionado sobre esto, a Eliott u otros poetas teóricos, pueden explicarlo todo, menos por qué pusieron la mañana roja y no pusieron la mañana azul. Luego puedes sentir la lucha entre lo que la lengua quiere decir a través de ti y lo que tú quieres decir para la lengua. Por eso no hay poeta castellano que no sea firmemente cristiano. Si tú sacas a Dios de la lengua castellana se crearía un abismo más grande que el del Océano Pacífico. Dios existe en la lengua. Tú puedes no creer, yo soy ateo, cada día más, pero la lengua pone sus propias estructuras, su voluntad de ser. Finalmente, los grandes poemas son aquellos en los que triunfa la lengua y no donde triunfa la voluntad del poeta. Como sucede con el poema de Neruda Las alturas de Macchu Picchu:

Del aire al aire, como una red vacía,

iba yo entre las calles y la atmósfera,

llegando y despidiendo,

en el advenimiento del otoño la moneda extendida

de las hojas, y entre la primavera y las espigas,

lo que el más grande amor, como dentro de un guante

que cae, nos entrega como una larga luna.

Un hombre está hablando de una lengua que no se hablaba, de la celebración de un idioma que se reconcilia con sus hablantes.

El bolso y los zapatos de Zurita.- AMADOR LORENZO BLACH

¿Qué papel juega el descubrimiento, la fascinación en el proceso poético? 

Un papel tan importante como el hastío. Se escriben todos los sentimientos y emociones en el poema. Narrar la conquista de América como describir una gota de helada en una hoja. Tan importante es la llegada a la Luna... lo grandioso y lo cotidiano. Para mí son dos cosas que van unidas. La fascinación. En cada movimiento están contenidas todas las sinfonías del mundo. El arte es un recordatorio del asombro permanente.

Me parece muy interesante la parte de tu trabajo en otros soportes que no son el papel: el cielo, el desierto, los acantilados, el agua... ¿Me pregunto si la experiencia del lector es más rica por el contexto? 

Yo no hice eso por ampliar los límites de la literatura, ni por ninguna de esas cosas. Yo lo hice porque sentí la necesidad urgente, hasta el punto de que si no lo hago me muero. ¿Por qué escribes poemas sobre el cielo? Pues porque era hermoso... Todas las comunidades miraron siempre el cielo buscando las señales de sus destinos. Era hermoso mirar el cielo como una página, pero de aquella, son mis poemas más íntimos, son imágenes que llevan muchos años dentro de mí. Tú ves la imagen y de pronto se hace. Solo tú la ves. Durante años solo yo vi esas imágenes, en toda su demencia. Para mí son tan poemas como los que aparecen en los libros. Los cantares de Paón es una obra en la que un poeta incorpora los ideogramas chinos. Nadie tiene idea de lo que significan los ideogramas, es algo que se ve antes de leer, pero es algo que aporta una fuerza. Para mí es todo una sola obra y un solo viaje. Reacciono contra la sobresacralización del fragmento. Caídos los enigmas reales, dado el grado de especialización a lo que llegó la ciencia, únicamente podemos conocer aspectos parciales de la realidad. Mirar para la realidad sin pretender una visión que analice. Para mí, en una obra o hay un correlato con la totalidad de la vida o no lo hay.

¿Busca Raúl Zurita un lector cómplice? ¿Es la poesía exigente con el lector? 

Mira, te lo juro, nunca pensé en el lector. Ni un solo pensamiento. Si lo hiciera eso me dirigiría, sería un condicionante, nunca pienso en el lector. Cuando hice el poema en el cielo, lo vi como un espectador más y me fui, no estuve haciendo encuestas, quién lo vio, qué le pareció... Ahora creo que todo escritor, todo poeta, hasta el más vacilante, todos son personas que por el amor de un otro que vendrá o no vendrá, se hieren enteros, se cubren con la venda de las palabras, esperando que ese otro atraviese la venda de las palabras y le toque el corazón. Y ese otro es el lector. Hay unos versos de W. Whitman: "Lector, tú no estás leyendo un libro, tú estás tocando una persona".

¿Tiene la política lugar en la poesía? 

Un poema que no es político, para mí personalmente, no es nada. Los poemas son todos políticos. Un gran poema de amor es político. Pero hay grandes panfletos también. "A la calle futuristas, las calles son nuestros pinceles, las plazas son nuestras paletas, a la calle futuristas, tamborileros y poetas" ... Maiakovski.

En algún momento hablaste de la obra de arte como un eco de la realidad. ¿Tiene más valor, más peso la realidad que el poema? 

Si vamos a hacer esa distinción la realidad tiene más peso que el poema. Pero lo que nos está diciendo toda la creación artística es que se repite una frase: no fuimos felices, porque si hubiéramos sido felices el arte, la literatura, la música habrían sido innecesarias, la vida habría sido un poema, cada segundo de la vida sería una sinfonía… El arte no es sino los cascotes que quedan de una batalla cósmicamente perdida. La tarea no era pintar un cuadro o escribir un poema… La tarea era hacer del mundo una obra de arte, de la vida, una vida decente. En ese sentido es un fracaso absoluto. No vivimos en un mundo decente y ese es el sueño, ese es el fin, lo que queremos. Los poemas no son importantes en sí, lo importante es el amor, lo importante es tener una vida digna y los poemas y la obra de arte solo son un pretexto para ejercer la bondad.

¿Cuál es el papel de la poesía hoy?

Pienso en el mito de Casandra. Casandra es un personaje que lo ve todo, que todo lo sabe y que tiene el don de la adivinanza, de ver el porvenir, pero nadie la escucha y se esconde. La poesía es la Casandra de nuestro tiempo. La poesía es la esperanza de quien no tiene esperanza, es el corazón de un mundo que perdió infinitas veces, la posibilidad de lo que parece imposible.

Este artículo se publicó originalmente en gallego en la revista Luzes . Ahora Público lo reproduce como parte de un acuerdo de colaboración con la revista. Aquí puedes encontrar más artículos de Luzes en Público