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Políticos de Junts en el Parlamento Europeo, a 9 de noviembre de 2023, en Bruselas. Europa Press

Desagravio a Catalunya

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La amnistía a los procesistas catalanes no es una derrota ni una concesión, sino un desagravio justo y necesario de los españoles a los catalanes. Me da la ligera impresión de que nadie se atreve a decirlo. Los procesistas no cometieron ninguna ilegalidad hasta que el Estado español/judicial les cerró todas las ratoneras democráticas conque defender sus argumentos. España se negó a escuchar la voz demócrata y amparada en la Constitución del nacionalismo catalán.

Todo empezó en 2006, con la reforma del Estatut de Autonomía catalán. Fue estudiado y aprobado por las cortes catalanas, después enviado y también votado positivamente en el congreso español, y finalmente sometido a referéndum entre los catalanes. Tanto orden constitucional no lo supera ni Marie Kondo en sus armarios. Pero al PP no le convencen ni los parlamentos democráticos ni las urnas, y decidió llevar el Estatut al Tribunal Constitucional.

En aquel TC había bastante paridad entre magistrados conservadores y progresistas, y, como la cosa se alargó en el tiempo, se fueron muriendo algunos, pero con bastante orden, dejando las mayorías más o menos equilibradas. El 18 de mayo de 2008 murió el conservador García-Calvo y su puesto no fue cubierto. No estoy ironizando sobre la muerte de nadie. Pero la vigencia de aquel Estatut quedó al albur de la edad y la salud de unos muy provectos magistrados. Las votaciones a favor o en contra del futuro de España dependieron de quién se muriera. Si que se muera un juez te cambia la democracia, no imagino qué te pasará si cambiaras de camello. Lo digo por un amigo. Y es por eso que algunos lo llaman lawfare.

Al final se dijo, con mayoría progresista en el TC, que el Estatut catalán aprobado por las cámaras española y catalana, por el poder legislativo, era anticonstitucional. Se negaba, entre otras cosas, considerar a Catalunya nación o nacionalidad. Consideración que no se le había negado al pueblo andaluz, cuyo Estatuto de Autonomía aclama a Blas Infante, tanto en 1983 como en 2007, como “padre de la patria andaluza”. En su estatuto de autonomía, Andalucía se reconoce como patria. Y como nacionalidad. Y no le mandan los piolines. Es algo que no se le permite a los catalanes. Y es solo una cuestión semántica avivada por los que no saben nada de semántica. O sea, las derechas. Dejemos de bajar al subnivel intelectual de los fascistas y hagamos más caso al legislar que a los berridos.

En 2014, los catalanes nos pidieron a los españoles un favor de forma muy educada. Estáis jodiendo el Estatut que hemos votado y habéis aprobado en los parlamentos (o sea, en las urnas) tanto catalanes como castellanos. ¿Podríais dejarnos hacer un referéndum consultivo sobre si los catalanes queremos seguir o cambiar? El 151 de la Constitución, en su artículo octavo, hace legal “la ratificación por referéndum de la iniciativa autonómica”, por ejemplo. Antes incluso del golpe de Estado de Tejero, en 1980, el gobierno de Adolfo Suárez impulsó esta ley que permite a las comunidades autónomas celebrar elecciones consultivas. No fue Pablo Iglesias en el despacho del Doctor No diseñando bolivarianos venenos apocalípticos. Pero se les negó a los catalanes, también, ese derecho consultivo constitucional.

Ahora estamos hablando de si indultar a gente que solo puso unas urnas. Nosotros, los de la izquierda, nunca os hubiéramos pedido trece años de cárcel por poner unas urnas para que vuelva Franco. Los trece son los años que nuestra nefasta justicia le impuso a Oriol Junqueras por saltarse una constitución que se los había saltado a ellos. Condenar a trece años de años de cárcel es pena habitual para un homicida, pero que caiga esa pena sobre un político independentista que abre unas urnas, me provocó y me provoca vergüenza y rabia.