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El 15-M defiende las ocupaciones sin 'k'

Integrantes del movimiento temen que las últimas tomas de edificios, desorganizadas y sin un fin político, mermen su imagen

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Todo comenzó como la última y a veces la única respuesta posible a un drama que ha dejado en la calle en los últimos meses a miles de familias desahuciadas de sus casas por no poder hacer frente al alquiler o a una hipoteca firmada en los años de bonanza. O como la 'reivindicación legítima' de un lugar desde el que promover un ocio alternativo o unos servicios que no siempre proporciona el Estado.

Las movilizaciones del pasado 15-O dejaron algo más que el rastro de miles de personas en todo el mundo clamando por un 'cambio global'. La noche de aquel 15 de octubre, indignados de Barcelona ocuparon un edificio en Nou Barris, un barrio obrero del nordeste de la capital catalana, en el que viven desde entonces diez familias sin recursos. A principios de noviembre el juez Miguel Ángel Tabarés decidió archivar la denuncia contra los nuevos ocupantes interpuesta por la propietaria, Cajamar, por un presunto delito de usurpación.

La identificación del 15-M con los okupas preocupa a los indignados

En Madrid, un grupo de personas afines al 15-M ocuparon también esa noche un hotel en el centro de la capital. Hasta su desalojo el pasado 5 de diciembre, el edificio fue utilizado como un espacio de trabajo para las comisiones del movimiento, pero también como un techo bajo el que se cobijaron desahuciados, personas sin hogar e integrantes del movimiento okupa.

Entendidas como 'un rescate de la exclusión' o la respuesta a la inaccesibilidad al derecho a una vivienda digna, estas 'ocupaciones sin k', reconocen en el movimiento, no levantaron muchas discrepancias en el 15-M. A las tomas del Hotel Madrid y del edificio de Nou Barris siguieron otras en estas dos ciudades, pero también en otras urbes españolas como Sevilla, Santiago, Granada o León.

Las divergencias llegaron cuando grupos de personas, identificadas en algunos casos como afines al 15-M, sin serlo, comenzaron a ocupar edificios 'sin control alguno y sin organización', admiten fuentes del movimiento en Madrid. Es el caso de algunas improvisadas ocupaciones de edificios en el centro de Madrid algunos propiedad de particulares durante la última semana, tras una manifestación de protesta por el desalojo del Hotel Madrid y de un antiguo mercado reconvertido en espacio vecinal también en la capital.

El movimiento apoya estas acciones pero insiste en que hay que explicarlas

A partir de ahí, este asunto empezó a convertirse en sujeto de debate para los indignados, que temen que 'una minoría de la minoría' haga que se termine poniendo en duda 'el valor de la ocupación organizada con un fin social y político', explica un joven que participa de forma muy activa en varias comisiones y grupos de trabajo del movimiento en Madrid. 'Esto es política, no se puede abrir una casa así como así', prosigue.

'Hay que matizar qué ocupamos y qué no. No es un tema sin importancia, estamos cuestionando la propiedad privada, que es la base del sistema capitalista', acota otra joven, que forma parte del grupo de trabajo de Política de la Puerta del Sol.

Chema Ruiz participa en la Oficina de la Vivienda que surgió en el ocupado Hotel Madrid para buscar alternativas habitacionales a desahuciados, pero también para crear conciencia de la importancia de reivindicar el derecho a la vivienda digna. Ruiz asegura que a los integrantes de este grupo les preocupa que los últimos acontecimientos les puedan 'salpicar' y 'enturbiar' su trabajo. 'El objetivo de la oficina es hacer política, difundir nuestro mensaje. Cuando recuperemos edificios abandonados avisaremos a los medios. No nos identificamos con los que ocupan y se tapan la cara cuando les toman fotos', declara. 'Nuestra tarea es a la inversa, primero trabajamos con los afectados para que se involucren en el proyecto y luego buscamos los espacios', amplía Ruiz.

'Lo difícil es saber dónde se ponen los límites', aseguran en Democracia Real Ya

De hecho, este grupo trabaja en la elaboración de un censo de edificios abandonados en propiedad de grandes corporaciones financieras o compañías que han especulado con la vivienda al calor de la burbuja inmobiliaria con el objetivo de recuperarlos para familias sin recursos.

En cualquier caso, entre las personas que participan de forma asidua en el 15-M existe la certeza de que adueñarse de edificios de propiedad privada es algo que 'no todo el mundo entiende'. Asumen, asimismo, que asociar la imagen del 15-M a la del movimiento okupa, tradicionalmente muy estigmatizado, puede deteriorar su imagen y hacerles perder respaldo social. ¿La fórmula para evitar esto? 'Explicarlo muy bien', coinciden todas las fuentes consultadas.

Pedro Herreros, portavoz de Democracia Real Ya (DRY), una de las plataformas que integra el 15-M, admite también que el tema de la ocupación genera 'división de opiniones'. 'En DRY estamos de acuerdo en que debería primar el derecho a la vivienda y entendemos que se ocupen viviendas para personas desahuciadas. Lo controvertido es saber dónde se ponen los límites', señala.

Integrantes de varios grupos de trabajo, así como portavoces de la Oficina de Vivienda o DRY aseguran que el 15-M mantiene 'el mismo trasfondo político' y no está avanzando hacia posturas más radicales. 'Si radical es ir a la raíz de los problemas, sí, entonces nos estamos radicalizando', ironiza Herreros. 'El movimiento se está haciendo más lógico. Antes del 15-M era impensable que una persona con corbata participara en una asamblea en un edificio ocupado', concluye otro joven indignado. D

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