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Los activistas europeos se movilizan en Londres para el 14-N

Reino Unido es uno de los países que no se han unido a la convocatoria europea de huelga general prevista para mañana

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Oliver es griego, vive en Londres y no se siente inmigrante: “Somos exiliados económicos, obligados a abandonar nuestros países porque no se puede vivir con menos de 400 euros al mes”. Mañana estará a las cinco de la tarde ante la sede de la Comisión Europea en Londres, protestando junto a otros exiliados europeos contra las medidas de austeridad.

Reino Unido es uno de los países que no se han unido a la convocatoria europea de huelga general prevista para mañana. Paul Mackney, sindicalista histórico de Londres y uno de los actuales impulsores de la Coalición de Resistencia y de la Campaña de Solidaridad con Grecia, explica que “aquí la legislación para secundar una huelga general es mucho más restrictiva que en otros países de Europa”. A pesar de ello y dado que, como explica Mackney, “los ingleses, sobre todo la gente joven o con hijos pequeños, están viendo con ira lo que está sucediendo a su alrededor”, sí que se prevén paros parciales a lo largo del día. A fin de cuentas, las medidas de austeridad por las que mañana protestarán en Europa hace tiempo que impactan también en la línea de flotación de las clases media y baja británicas.

“Todos los Gobiernos están cometiendo los mismos errores”, asegura el sindicalista que se ha convertido en uno de los puentes entre los cientos de inmigrantes europeos que se agrupan en Londres en colectivos como el 15-M London y la sociedad inglesa. Nacho es uno de los activistas españoles que mañana participará en los actos convocados en la capital británica con motivo del 14-N. “Es cierto que la sociedad inglesa aún no está del todo concienciada, en gran medida por estar fuera de la Eurozona, pero a nivel sindicalista lo tienen muy claro”, asegura, “porque las políticas del Gobierno de Cameron están dañando sectores básicos como Sanidad o Educación”.

Oliver califica de histórico el paro general del 14-N, “siendo la primera vez que se produce una huelga coordinada a nivel europeo”. Nacho coincide con su colega griego en esta valoración. “Se trata de un diálogo totalmente distinto, un planteamiento transnacional que da lugar a una respuesta unificada, de manera que elimina la posibilidad del chantaje económico de las grandes corporaciones”.

El activista español entiende que, dada la sintonía obrera en todos los países, las grandes multinacionales “o los magnates como Adelson con sus casinos, ya no podrán presionar a los Gobiernos diciéndoles o pago pocos impuestos o me voy a otro país, porque vaya donde vaya encontrará la misma respuesta de la clase trabajadora”.

Desde su punto de vista, “incluso los propios responsables de esta crisis están siendo conscientes de sus errores, como hace poco Andrew Haldane”, uno de los directivos del Banco de Inglaterra que reconoció que Occupy London tenía razón en sus críticas al sistema financiero. “Sin embargo”, aclara, “una cosa es que lo opina esta gente en un foro público y luego lo que realmente hacen”. El activista está convencido de que “los medios de comunicación están haciendo muy bien su trabajo aquí y continúan extendiendo la idea de que se trata de una crisis del euro, pero va mucho más allá y los efectos se perciben ya a pie de calle”.

Oliver rechaza las posturas que le tachan de idealista e ingenuo o aquellos que defienden que la huelga general no tendrá ningún efecto en las políticas de austeridad. Para él, “la huelga es la única arma que le queda al trabajador, se trata de parar la producción del capitalismo en los países donde más está sufriendo la población”.

Como griego y tras la aprobación en su país del último paquete de recortes esta misma semana, este activista reconoce que “las huelgas generales en Grecia han dejado tener sentido y toca ahora dar el salto a la huelga indefinida”. Sin embargo, apunta, “para poder realizar algo así es necesario montar antes todo un sistema de solidaridad social que ayude a mantener a quienes durante el paro se quedan sin sueldo ni soportes”.

En su mente está el referente de la huelga indefinida que se vivió en el transporte en Francia en 1995 –dos meses de paro- y que condujo a la dimisión del entonces primer ministro Alain Juppé. Una idea que ronda desde hace mucho tiempo en los movimientos sociales de toda Europa, capaces de haber tejido una red de información que va desde el Viejo Continente a los países árabes, América o Asia, a pesar de que existe cierta sensación de estar siendo investigados por las Fuerzas de Seguridad de los distintos países, que habrían elaborado listas negras de activistas.

“El problema de adoptar una medida así”, señala Oliver, “es que si eso también falla la clase trabajadora habría agotado todas sus armas de presión”. ¿Y entonces? “Entonces, sólo queda la radicalización”.

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