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Los barones se alían para anteponer las elecciones y aparcar las primarias

El 22-M, la preocupación por la estabilidad institucional y la llamada a la unidad alimentan todos los discursos

MIGUEL ÁNGEL MARFULL

El poder territorial del PSOE, con una fuerza capital en una formación de esencia federal, se juramentó para aparcar el debate sucesorio hasta la resolución de las elecciones municipales y autonómicas del próximo 22 de mayo. "Quien no esté a la altura, estará traicionando al partido", fue el pacto de sangre que formuló ante el Comité Federal el líder de los socialistas vascos, Patxi López, y firmaron uno a uno los responsables de todos los territorios.

Tras la puerta cerrada de la reunión que conoció la decisión de no ser candidato de Rodríguez Zapatero, los barones abrigaron a su jefe de filas en una sucesión de intervenciones 29 en total cuya sustancia resumió el secretario general de Castilla y León, Óscar López, con un enunciado más amable que el del lehendakari: "Las primarias son para el verano", como las bicicletas de Fernán Gómez.

"Quien no esté a la altura, traiciona al partido", advierte al PSOE Patxi López

La frase pasó por afortunada, ya que varios dirigentes se arrogaron después su paternidad para alimentar el mismo compromiso de aplazar el relevo hasta después del 22 de mayo. La importancia de los comicios, la preocupación por la estabilidad institucional y la apelación a la unidad fueron las tres constantes de todas las intervenciones.

El líder de los socialistas andaluces, José Antonio Griñán, abrió el turno que sigue, en cada comité ordinario, al secretario general. El responsable de la federación con más peso en militantes serán los afilados quienes decidan en unas primarias si hay varios aspirantes rompía el hielo de los apoyos y sacudía a un PSOE aún noqueado pidiendo cohesión: "El secretario general ha estado a la altura de un gran partido y espero que el partido esté a la altura de Zapatero".

Griñán insistió en la necesidad de "garantizar la estabilidad" partidaria e institucional ante el reto que encara el PSOE después de que el jefe del Ejecutivo mostrara "la expresión más alta de confianza del partido que haya visto jamás", según glosó. La épica se incorporó al discurso socialista de forma inevitable, aunque "en el grado justo", según calibró uno de los presentes. "No queríamos un funeral; no estamos enterrando a nadie", se justificó.

De cuerpo presente, Zapatero atendió las constantes llamadas al orden interno que disparó su anuncio. "Lo mejor para el partido es lo que suma y no lo que divide", advirtió Patxi López, que invitó al PSOE a "pensar en lo que más conviene al país y en lo más conveniente para los socialistas". Mantener la cohesión social y "dar la batalla, todos", el 22 de mayo, fueron sus dos grandes consignas.

El turno de las excusas

"Los rumores acaban cuando hay claridad", agradece José María Barreda

Uno de los dirigentes que más ha combatido para forzar a Zapatero a aclarar su futuro, el presidente extremeño, Guillermo Fernández Vara, aprovechó el atril para justificar su ansiedad: "Te pedíamos despejar las dudas, no que no te presentases", le dijo. "Si te hubieras presentado, estaríamos todos contigo", equilibró.

Vara agradeció al jefe del Ejecutivo haber puesto al PSOE "ante el espejo". "Ahora nos toca a nosotros estar a la altura", prometió el líder extremeño, que antecedió a otro de los barones que más se ha significado en clavar espuelas a Zapatero, José María Barreda, presidente de Castilla-La Mancha. "Los rumores acaban cuando hay información y claridad, que es lo que tenemos ahora", agradeció. "Cada momento tiene su afán y el de los socialistas, ahora, son esas elecciones que están a la vuelta de la esquina", priorizó.

Como los demás, Barreda ofreció "todo su apoyo" a Zapatero en un largo desfile de adhesiones al que se sumó desde el mismo territorio el presidente del Congreso, José Bono: "Ha hablado quien debía hablar. Lo único que tengo que decir es lealtad y respeto hacia el presidente".

Varios territorios pidieron al líder del PSOE que participeen sus mítines

El primer secretario del PSC, José Montilla, reclamó al PSOE, "unidad, lealtad y cohesión". Montilla abogó por plantar cara al PP en 2012 con una candidatura "sólida e integradora".

Candidato autonómico en Madrid e hijo de unas primarias ganadas al aparato oficial, el secretario general del PSM, Tomás Gómez, señaló que la incertidumbre que se abre en el liderazgo socialista se soluciona con la democracia interna, que es, según proclamó, "una fábrica de liderazgo", antes de girar su discurso a los comicios de mayo, "lo que toca ahora". "A partir de ahora, sólo eso y nada más que eso", le tomó la palabra el líder de los socialistas valencianos, Jorge Alarte. "Nadie entendería que hablásemos de nosotros mientras está en juego el cambio político en varias comunidades y ayuntamientos", insistió, enfundado en su papel de candidato.

El ceutí Carracao cambió su discurso por un abrazo a Zapatero

Tan combativo como el lehendakari en su arenga para apagar tentaciones ombliguistas en la carrera de la sucesión, el secretario general de Castilla y León, Óscar López, pidió al PSOE una "conjura colectiva" para ganar las elecciones de mayo y las generales. ¿Cómo? "El partido tiene que apoyar al Gobierno y el Gobierno seguir adoptando las reformas necesarias", prescribió.

Tres territorios, La Rioja, Canarias y Murcia, pidieron expresamente a Zapatero su presencia en campaña en las próximas semanas para afianzar sus candidaturas. Fue su forma de sumarse a un ejercicio de catarsis en el que nadie quiso salirse de la rima.

La única disonancia la pronunció el líder del PSOE balear. No acudió a la reunión del Comité y, desde Palma, fue el único que atizó las brasas que obviaron el resto, al alabar al vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba, transgrediendo un equilibrio que nadie más se atrevió a mover.

Así, el navarro Roberto Jiménez llamó a "cerrar filas", igual que la cántabra Dolores Gorostiaga. "Ni un minuto para pensar en la sucesión" reclamó el secretario general de los socialistas gallegos, Pachi Vázquez. "Sólo nos preocupan los candidatos", insistió.

El jefe del Ejecutivo acaparó una cita convertida en embrión de despedida. Tras la puerta de la sala Ramón Rubial, donde debate el máximo órgano de poder socialista entre congresos, una intervención levantó más aplausos que ninguna otra, paradójicamente, sin emplear una sola palabra. El líder del PSOE de Ceuta, José Carracao, protagonizó el momento más emotivo, según los presentes, al limitar su discurso a un abrazo al secretario general del PSOE.