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La colaboración de Francia fustigó a ETA a partir de los noventa

París se resistió a prestar ayuda antiterrorista a España en el inicio de la democracia

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En el año 1989, la Guardia Civil obtuvo el plácet del Gobierno francés para operar al otro lado de la frontera. El Cuerpo Nacional de Policía tuvo que esperar a una ampliación de ese primer acuerdo y no trabajó en el terreno hasta 1996. Estos acuerdos con Francia dieron un vuelco en la efectividad contra la banda terrorista, hasta el punto de que sin la ayuda del país vecino, ETA nunca habría dejado la violencia, coinciden los responsables de la lucha antiterrorista.

Este compromiso deja muy lejos la rudimentaria relación con la que comenzaron a trabajar Madrid y París, que llegó a cuantificarse económicamente: un millón de pesetas por cada miembro de ETA entregado a la Policía española en la frontera. Esa era la tarifa establecida para los agentes galos a finales de los ochenta por su colaboración, un mecanismo más ágil que las escasas extradiciones que se producían desde 1984.

Hoy, nada queda de aquella práctica, sustituida por acuerdos de cooperación y protocolos de entre las policías de los dos países. Antes de que un grupo del RAID, los geos franceses, derriben la puerta de una casa del sur de Francia y detengan a un jefe de ETA se ha producido una larga investigación de los servicios de información españoles. Pero los agentes españoles no campan a sus anchas por territorio francés: deben informar puntualmente de sus movimientos a sus colegas franceses, con los que trabajan codo a codo.

España cuida con esmero la labor antiterrorista del país galo

Tanto la Comisaría General de Información de la Policía, como el Servicio de Información de la Guardia Civil tienen agentes destinados permanentemente en Francia que colaboran con las dos grandes estructuras antiterroristas francesas, la Subdirección Antiterrorista (SDAT) de la Policía Judicial y la Dirección Central de Información Interior (DCRI), dependiente también del Ministerio del Interior. Al tiempo, Francia tiene agentes como enlaces permanentes en Madrid.

La camaradería que impera en la relación entre los policías antiterroristas de ambos países quedó retratada a los pocos días del atentado de Capbreton en diciembre de 2007. Por primera vez, ETA asesinaba a dos guardias civiles que trabajaban en territorio francés. Entonces, uniformes de diferentes colores -y de ambos países- se acercaron hasta el lugar donde fueron tiroteados Raúl Centeno y Fernando Trapero para depositar flores.

La intensa relación
policial ha liquidado el antiguo ‘santuario francés’ de la banda

Pero a pesar de avances como el acuerdo firmado en agosto de 2002 para que Policía y Guardia Civil accedan de forma inmediata a pruebas y documentos incautados a los terroristas, los agentes españoles se quejan de la excesiva rigidez de los procedimientos que marca la legislación gala y que, por ejemplo, impidió acceder durante meses a los ordenadores de la cúpula de ETA detenida en mayo de 2008 en Burdeos.

El lunes pasado, el director de la Policía y la Guardia Civil, Francisco Javier Velázquez, viajó a París para imponer 39 medallas a policías por su cooperación en distintas materias, entre ellas el terrorismo. Es un gesto que prodiga el Gobierno español en su esmero por cuidar la cooperación policial con Francia. Ese mismo día, un exministro del Interior francés, Pierre Joxe, firmaba la declaración de Aiete, a la que se ha acogido ETA para anunciar su 'cese definitivo de las acciones armadas'.

Los agentes españoles informan a Francia de todos sus movimientos 

La imagen de Joxe en Donostia devolvió muchos recuerdos a los mandos de la lucha antiterrorista en los años ochenta. Él fue el responsable de paralizar en 1988 las extradiciones de terroristas a España por el procedimiento de urgencia con el argumento de que eran 'poco eficaces'. El mismo que guardó en un cajón la cinta de vídeo que Interior llevaba a todas sus reuniones de trabajo con otros países. En ella, aparecían imágenes de los atentados más sangrientos de ETA y de sus víctimas. Interior buscaba que Francia y otros países europeos y latinoamericanos entendieran de una vez que ETA no era un ejército de liberación nacional sino una banda terrorista con métodos crueles.

La permisividad de los franceses con ETA había sobrevivido al paso en España de la dictadura a la democracia. El conocido como 'santuario francés' era una realidad que permitía, por ejemplo, a José Antonio Urrutikoetxea, Josu Ternera, renovar en San Juan de Luz su documentación de refugiado político, aún dirigiendo los comandos operativos de la banda.

El camino hacia la colaboración fue lento, según un mando de la época, y en él influyeron varios factores: la progresiva confianza francesa en la joven democracia española y sus autoridades, el temor por los primeros atentados de Iparretarrak -versión gala de ETA- y los crímenes de los GAL, que tenían el objetivo confeso de hacer reaccionar a París. El mismo mando se pregunta con amargura cuántos muertos podría haber ahorrado una colaboración como la que impera en la actualidad. D

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