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"Dejaré la calle cuando termine de pagar la hipoteca"

Verónica, 27 años, nacionalidad ecuatoriana: historia de una prostituta de la calle Montera.

PATRICIA RAFAEL

Con tan sólo 27 años Verónica es toda una veterana de la profesión. Comenzó a prostituirse a los 13 años en su Ecuador natal y desde hace seis años trabaja en Madrid. Siempre en la céntrica calle de la Montera, donde a pesar de la presión policial de los últimos años, las meretrices nunca han dejado de tener clientes.

Cuenta Verónica que hace un año eran en la zona casi 200 chicas. Ahora no son más de 30. Las quejas vecinales han ahuyentado a muchas, pero ella se resiste a marcharse. “Por mucha policía que haya y por muchas cámaras que pongan los clientes no faltarán, los vecinos tienen que convivir con nosotras”, exclama esta mujer rubia y pizpireta, cuyos ojos aparentan más edad de la que tiene.

Tiene un hijo de 13 años que vive con los abuelos paternos en Ecuador. Su otra hija, de dos y medio, vive con ella en el piso que tiene alquilado en el distrito de Carabanchel, en el sur de la capital. La pequeña sale del colegio a las cuatro de la tarde y una niñera está con ella hasta poco después de las seis de la tarde, cuando Verónica vuelve de trabajar. Los fines de semana descansa para poder estar con su hija.

20 euros por 15 minutos

Cobra 20 euros por unos 10 ó 15 minutos de servicio. Al mes puede llegar a ganar entre 3.000 y 4.000 euros. Con este sueldo logró comprarse el año pasado una casa en Ecuador, “la herencia que le dejaré a mis hijos”.

Asegura que cuando termine de pagar la hipoteca dejará la calle. Por ahora no puede: además del crédito, paga el alquiler, mantiene a su hija y envía una cantidad mensual a su hijo, que estudia en un colegio militar. Pero para su retirada todavía le queda tiempo. 

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