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La doble vara de medir de González Pons

El PP tacha de "radicales" a los manifestantes en defensa de Garzón, pero se olvida de algunos lemas de las marchas conservadoras

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Hay ejercicios de memoria a largo plazo, aquellos que deben retrotraerse al pozo de los tiempos, y otros a corto plazo, como los que nos devuelven escenas que deberían sacarle los colores a los políticos que hoy tildan de 'radicales' a unos ciudadanos que sólo piden la recuperación de los huesos de sus difuntos.

El vicesecretario de Comunicación del Partido Popular, Esteban González Pons, parece que carece de memoria, sea cual sea su alcance: llama extremistas a miles de familiares de víctimas de la represión y a personas comprometidas con los derechos humanos, sin percatarse de que hace tres años eran los simpatizantes de su partido quienes gritaban Zapatero, a prisión.

Los conservadores sacaron a las calles de Madrid a unas 340.000 personas, según cálculos de la Delegación del Gobierno, para protestar contra la política antiterrorista del Gobierno y la prisión atenuada al sanguinario etarra José Ignacio de Juana Chaos, que se había sometido a una huelga de hambre. En aquella manifestación, celebrada el 10 de marzo de 2007, se corearon lemas como Zapatero, ¿quién está detrás del 11-M?, El que ayuda a un asesino es complice de un asesinato, Zapatero, traidor o Zapatero, anticristo.

Al frente de la marcha, el líder conservador, Mariano Rajoy, secundado por significados rostros del PP como María San Gil, Esperanza Aguirre, Alberto Ruiz Gallardón o el propio José María Aznar. Algunos de los presentes llegaron a ondear banderas rojigualdas preconstitucionales y a lucir, brazo en alto, el saludo fascista. El problema de hablar mal del vecino es que, tres años después, las hemerotecas y Google se encargan de sacar a relucir lo que se esconde bajo la alfombra. Y la marcha citada es sólo un ejemplo de las formas de ciertos militantes conservadores, puestas en práctica en otros actos multitudinarios.

Los ciudadanos que el pasado sábado salieron a las calles madrileñas —indignados por el proceso abierto por el Tribunal Supremo al juez Baltasar Garzón por investigar el franquismo— blandieron banderas republicanas, legales hasta que un golpe de Estado llevó a este país a una Guerra Civil, echó por tierra el estado democrático existente y sembró de cadáveres cunetas, tapias y fosas. Y pedían, porque en su derecho están de tener un lugar en el que llorar a los suyos, que sean localizados y se los devuelvan.

González Pons censura a los que clamaron ¡España, mañana, será republicana!, pero respeta que los herederos ideológicos del falangismo y el franquismo desenfunden sus yugos y flechas, proclamen que La lucha continúa y se muestren Orgullosos de nuestra historia (ver fotogalería). Los primeros, 'de moderados, nada', aseguró.

'Yo no soy quien para tachar de legal o ilegal una corriente de pensamiento', dijo respecto a La Falange

Respecto a los segundos, que convocaron también el sábado un acto ultraderechista en el que participaron apenas 150 personas, se limitó a decir:

'Yo no soy quien para tachar de legal o ilegal una corriente de pensamiento. Desde luego, no me gusta que haya partidos fascistas, pero lo tolero. Porque en mi condición de demócrata está tolerar desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha', indicó Pons, informa María J. Güemes.

La 'corriente de pensamiento' coreó Con nuestros caídos no se juega, Carrillo, muérete o Garzón, masón, vete a prisión. El vicesecretario de Comunicación del PP, en este caso, no tachó de radicales los gritos xenófobos y las peticiones para que el juez de la Audiencia Nacional juzgue a Zapatero. Los exaltados, para él, eran los del No pasarán. 

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