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Ejército de Tierra El Supremo confirma una sanción a un legionario que se emborrachó de maniobras mientras Defensa asegura que hay controles

El soldado, encargado de conducir un blindado, se embriagó porque se sirvió alcohol en la última cena del ejercicio —a pesar de que no está permitido servir bebidas alcohólicas al personal que está de servicio— y llegó a perder su arma.

Legión. EFE

Hubo alcohol suficiente como para que un soldado legionario de 27 años y natural de Ecuador terminase durmiendo su borrachera en el asiento de copiloto de un vehículo militar sin su pistola asignada. Sucedió hace dos años y medio, en el campo de maniobras Álvarez de Sotomayor de Viator (Almería). Ahora, la Sala de lo Militar del Supremo confirma que durante la cena del último día de ejercicios se sirvieron bebidas alcohólicas (cerveza y vino) para todo el personal que había intervenido en las maniobras.

Todo ello pese a que desde el Ministerio de Defensa aseguran que "en ningún caso se permite el consumo de bebidas alcohólicas al personal que está de servicio (guardias, conductores, etc)", como es el caso de unas maniobras.

En una sentencia fechada el pasado 18 de diciembre de 2018, el Alto Tribunal confirma la condena a tres meses y un día de prisión al legionario, y fija como hecho probado que el soldado, "destinado en el grupo de Caballería Ligero Acorazado "Reyes Católicos II de la Legión de Ronda (Málaga), participó, con el cometido de conductor de BMR VEC [vehículo blindado sobre ruedas], en el ejercicio Black Dragon 17 que se desarrolló durante los días 10 a 16 de mayo de 2016 en el campo de maniobras "Álvarez de Sotomayor" de Almería".

"Se sirvieron bebidas alcohólicas (cerveza y vino) para todo el personal que había intervenido en las maniobras"

"Durante la cena del último día de ejercicios", prosigue la sentencia, "se sirvieron bebidas alcohólicas (cerveza y vino) para todo el personal que había intervenido en las maniobras". En dichas  maniobras, el condenado tenía la tarea de conducir un pesado vehículo blindado de seis ruedas.

"Sobre las 06:00 horas del día 16 de mayo de 2016 fue encontrado en el interior del un vehículo militar Aníbal, concretamente en el asiento del copiloto, por un sargento y un cabo [paracaidistas, es decir, no legionarios]. El vehículo se encontraba situado a un kilómetro aproximadamente de su vivac [campamento utilizado durante la maniobra]".

"Los citados militares procedieron a abrir la puerta del vehículo para despertarlo, notando un fuerte olor a alcohol", reza la sentencia, que añade: "Movieron al soldado pero éste no respondía a ningún estímulo, por lo que decidieron trasladarlo dormido hasta la entrada de la Base Militar haciéndose cargo del mismo la Policía Militar".

Una hora más tarde, el legionario, ya despierto, se presentó primero ante su sargento y ante su teniente jefe de sección, con síntomas de embriaguez, y confesó "que se había quedado dormido a varios kilómetros del vivac porque había bebido alcohol y que había perdido la pistola que portaba, asignada por razón del servicio que prestaba, y que estaba bajo su custodia durante el desarrollo del ejercicio militar.

"La pérdida del arma motivó que su Jefe de Sección le relevara de su cometido como conductor de vehículo", apunta el texto, que añade que el soldado buscó el arma y encontró finalmente la pistola "a un kilómetro aproximadamente de la cantina".

Cantina de maniobras

En las cantinas de los cuarteles está permitida la venta de bebidas alcohólicas, aunque no debería ser así durante los ejercicios de maniobras al estar todos los militares participantes de servicio.

Según una respuesta oficial de Defensa a este diario, "sólo se podrá llevar a cabo la venta, dispensación y consumo de bebidas alcohólicas en los locales destinados a bares, cafeterías y comedores que estén designados como tales por la autoridad correspondiente", de modo que "fuera de estos locales no se permite la venta ni el consumo y, por supuesto, se controla por los respectivos Jefes de Unidad".

"En ningún caso se permite el consumo de bebidas alcohólicas al personal que está de servicio (guardias, conductores, etc)"

No obstante, desde el Ministerio apuntan que la norma dice que "de forma excepcional y puntual, por parte del Mando, con motivo de la celebración de eventos especiales, se podrá autorizar que el consumo se produzca en una ubicación distinta a las mencionadas en el párrafo precedente", algo que parece encajar en este supuesto.

"En todo caso", finaliza Defensa, "en el Ejército de Tierra se realizan controles habituales de consumo de alcohol y drogas, y en ningún caso se permite el consumo de bebidas alcohólicas al personal que está de servicio (guardias, conductores, etc)".

No obstante, el Tribunal Supremo recoge y valora como hecho "acreditado que esa noche se sirvieron bebidas alcohólicas en la cantina que se había instalado durante las maniobras pues todos los testigos han corroborado esta circunstancia".

En este sentido, un capitán que declaró durante el proceso "manifestó que no entendía como durante unos ejercicios se sirve alcohol, que no es un hecho normal". También un teniente y otros tres militares de inferior grado confirmaron que "la noche que finalizaron los ejercicios se consumieron bebidas alcohólicas". Y no explica nada más.

¿"No es un hecho normal"? Algunos ex militares confirman a este diario que se sirve alcohol de servicio. José C. se licenció este mismo año como cabo tirador de élite —francotirador— tras 12 años en el Tercio Tercero Juan de Austria, octava bandera, de la Legión, con base precisamente en Viator (Almería). Comenta a Público que "algunas veces, en el último día de maniobras, se organiza una barbacoa". Asegura que en su bandera, cada una de las cinco compañías tiene su bar. "A las maniobras se lleva alcohol", zanja.

En relación con el contenido de la sentencia que apunta a que el legionario borracho perdió el conocimiento "tras ingerir dos cervezas", este ex legionario tira de ironía para declarar a este diario que "con un vaso de vino o con una cerveza uno no pierde el conocimiento, parece muy ridículo".

"Yo creo que el caso de este legionario ha terminado en los tribunales porque lo encontraron unos paracaidistas", comenta José a este diario, "porque si lo llegan a encontrar otros compañeros legionarios el caso se habría tapado y a él, como mucho, le hubieran arrestado por descuidar el material o algo parecido: así se arreglan las cosas allí".

Por último, respecto de los controles que Defensa asegura que se realiza, este ex militar se muestra muy escéptico. "En 12 años no vi nunca un control de alcoholemia", comenta, y afirma que algunos de sus ex compañeros "se intercambian la orina" para evitar que se detecten restos de estupefacientes en los controles antidroga. "Sobre el papel ha descendido mucho el consumo, pero la gente no ha dejado el porro ni drogas ni nada", afirma, "lo único que se comprueba es que la etiqueta del bote de orina y la del papel sea la misma".

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