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El espía que tuvo que huir de Euskadi y Perú

El ex agente Roberto Flórez se enfrenta a una condena de 12 años por traición, acusado de vender secretos a los rusos

PEDRO ÁGUEDA

A Roberto Flórez no le quedan muchos amigos en la Guardia Civil. Y menos en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). No son sitios donde la traición se considere un asunto menor. Y por un delito de traición se juzga a Flórez estos días en la Audiencia Provincial de Madrid. Por pretender, nada menos, que vender secretos del espionaje español a Rusia. Preguntar por el cabo Flórez a sus antiguos mandos y ex compañeros provoca un abanico de respuestas que van desde el silencio incómodo a la indignación absoluta.

Los testimonios recabados dibujan a Roberto Flórez como una persona de carácter afable, bromista, con una extraordinaria capacidad dialéctica que le valdría para vender unos prismáticos a un ciego. Nacido en 1965 en la localidad asturiana de Bayo, con 19 años ingresó en la Guardia Civil. Con siete más, en 1991, fue destinado al cuartel guipuzcoano de Intxaurrondo, feudo del ex general Galindo. Allí despuntó rápidamente por su capacidad para captar fuentes y conseguir información del entorno político de ETA. Ese tipo bajito, calvo, regordete y de tez morena era capaz de encandilar a la parroquia de una herriko taberna con su incendiario discurso independentista.

Bajito, calvo, regordete y de tez morena, era capaz de encandilar en las herriko tabernas

El cabo Flórez, según relatan los que con él trabajaron, no era un hombre de complicadas lecturas. Lo suyo no era plasmar por escrito la estrategia del Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV), pero conseguía información, el preciado tesoro sobre el que se construye todo el edificio de la lucha antiterrorista. De Intxaurrondo, el cabo Flórez pasó al Centro Superior de Información de la Defensa (CESID), el antiguo CNI. El espionaje español le reclamaba para continuar empapándose de lo que se cocía en el entorno etarra.

Pero había otras características del agente Flórez que no ayudaban en su trabajo. Excesivamente individualista e indiscreto, con un exagerado concepto de sí mismo, poco a poco fue creando desconfianza en sus compañeros. En San Sebastián se produjo un suceso, que no ha trascendido hasta ahora, que empezó a marcar la trayectoria de Roberto Flórez en el CNI. El espía decidió crear una tapadera con una falsa agencia de comunicación en la capital guipuzcoana. Incluso llegó a contratar a una joven periodista canaria, "una chica mona", según la recuerdan sus ex compañeros, que terminaría convirtiéndose en su segunda mujer. El trabajo para el CESID de Flórez seguía dando frutos, pero arriesgaba demasiado. Y fue descubierto, incluso el diario Egin llegó a publicar su foto, denunciando la verdadera ocupación. El CESID tuvo que montar un dispositivo a la carrera para cubrir su salida, con el consiguiente riesgo para todos los agentes que en él participaron. Flórez quedó tocado, pero con su proverbial facilidad para "hacer una y vender diez", en palabras de alguien que trabajó con él, convenció a sus jefes de que su siguiente cometido debía ser de altura. Estaba quemado y a Euskadi no podía volver. Su siguiente destino fue Perú.

En el país sudamericano llegó a infiltrarse en el equipo de campaña de Alejandro Toledo, que luego se convertiría en presidente del país, y lo hizo con el cargo de asesor. Otra vez apuntó demasiado alto. Fue el olfato de un periodista que seguía la campaña electoral de Toledo el que desenmascaró a Flórez. Indagó y comprobó que trabajaba en la Embajada española en Lima. No había dudas, todos los espías extranjeros figuran como personal diplomático acreditado. Otra vez la foto en los medios, el escándalo y la salida apresurada del país.

Cuando fue detenido, en julio de 2007, daba clases gratis a niños en la Orotava

De regreso a la sede del CNI en la Cuesta de las Perdices, Flórez se sintió desubicado. Pasó por un curso de reciclaje y en enero de 2004 fue destinado al área del CNI dedicada a Rusia. "Seguía enredando", cuentan de él, pero ya no tenía margen para brillar como a él le gustaba. Aguantó poco y solicitó la baja del Centro, que le fue concedida el 25 de ese mes.

Y voló a Canarias, a la tierra de su segunda mujer. Desde Puerto de la Cruz, en Tenerife, ofrecía su experiencia de 15 años en los servicios de Inteligencia para mediar en conflictos, realizar análisis de crisis y diseñar políticas de seguridad pública. Todo muy pomposo, pero cuando fue detenido, en julio de 2007, su ocupación era impartir gratis un curso a chavales de 15 años en una asociación de vecinos del municipio tinerfeño de La Orotava.

En los tres registros practicados junto a su detención en Puerto de la Cruz, los agentes encontraron información muy sensible. Parte de ella fue desclasificada por el Gobierno. Había un listado de agentes con sus nombres en clave, estructura del CNI, incluso identidades de los agentes dobles que trabajaban para el Servicio de Inteligencia español. Pero los documentos que podían indicar la finalidad con la que Flórez guardaba esa información después de haber salido del CNI eran dos cartas, destinadas a Petr Melinkov, número tres de la Embajada rusa en Madrid.

"Soy un directivo del CESID que tiene interés de comunicarle su disposición a colaborar con el servicio y el país al que usted representa", comenzaba una de ellas, fechada en 2001. En la misma, Flórez ofrecía al espionaje ruso informar de "quién es quién" en el CNI o facilitar la infiltración del antiguo KGB en el espionaje español. Todo porque se consideraba de izquierdas, admiraba al pueblo ruso y a su servicio de Inteligencia y se calificaba como antiamericano. Por todo eso y a cambio del ingreso en su cuenta de 200.000 dólares.

Durante la primera sesión del juicio, celebrada el pasado lunes, Flórez dijo que las cartas eran un anexo práctico a un trabajo encargado por sus superiores. Éstos le habían solicitado la redacción de una "monografía" para detectar las deficiencias del Centro, según él. Uno de esos superiores compareció esta semana, reconociendo el encargo del trabajo, pero descartando que las cartas fueran parte del mismo. Mañana, el juicio quedará visto para sentencia. El antiguo espía Flórez puede ser condenado a 12 años por un delito de traición o a cuatro por otro de revelación de secretos. El lo niega todo y espera resultar absuelo. En los últimos días, Flórez ha vuelto a ser el centro de atención de los periodistas, a los que dedicó una sonrisa tras descender esposado del furgo policial que le llevaba de la cárcel al tribunal.

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