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Jornadas en Vitoria Exconcejalas del PSE perseguidas por ETA comparten su historia con víctimas de la guerra sucia y la tortura

El Foro Social Permanente organiza en Vitoria una emotiva conferencia, en la que sus participantes coinciden en la necesidad de reconocer todos los sufrimientos vividos. “Hace unos años esto era inimaginable; estamos avanzando hacia la paz”, destaca un experto internacional.

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Varios participantes convocados por el Foro Social Permanente para contar su historia de sufrimiento por distintos tipos de violencia. / D. A.

Maite Berrocal y Kandi Gómez han crecido en la misma ciudad, pero sus vidas han transcurrido totalmente separadas. Maite fue concejala socialista en el Ayuntamiento de Vitoria, motivo por el cual recibió amenazas y tuvo que llevar escolta. Kandi sufrió la muerte de su hermano en un atentado del Batallón Vasco Español, el grupo parapolicial que precedió al GAL. Este sábado, ambos han coincidido por primera vez en una misma mesa. Venían a hablar de sufrimientos. De los suyos, pero también de los de otros. De todos.

Fuera del Palacio de Congresos de Vitoria hacía frío, pero al menos había sol. Dentro, la calefacción permitía olvidarse de los abrigos. En una de sus salas, varias personas se quitaban también las mochilas que les acompañan día y noche desde hace ya muchos años. Convocadas por el Foro Social Permanente —una plataforma que busca impulsar el proceso de paz en Euskadi—, víctimas de distintas violencias soltaron el peso que llevaban encima y accedieron a compartir, por primera vez, los dolores acumulados.

La conferencia tenía un título esclarecedor: “Escuchar para construir la convivencia”. Para que este acto se hiciera realidad, el Foro Social realizó previamente un trabajo discreto, sin focos ni micrófonos, que ha durado meses. "De hecho, hubo otras tres o cuatro personas que participaron en ese proceso, pero que hoy han preferido no participar en el acto", comentó a Público el portavoz de esa entidad, Agus Hernán.

"Tenemos que poder mirarnos a los ojos, poder hablar, poder entender el sufrimiento del otro"

Quienes sí han decidido tomar parte en el encuentro han sido —además de Berrocal y Gómez— la exconcejala y exparlamentaria del PSE Blanca Roncal, quien también sufrió amenazas por parte de ETA; Encarni Blanco, detenida en 1992 en Santurtzi y torturada por la Guardia Civil —su caso llegó incluso al Comité Contra la Tortura de la ONU, que emitió un dictamen contra el Estado español—; Pepe Moulia, exfuncionario de Prisiones; Rafa Isasi, quien denunció torturas tras ser detenido por la Guardia Civil en 1989 y que, además, perdió a su hermano en un accidente de tráfico cuando volvía de visitar a un amigo encarcelado en Zamora.

Sin embargo, el encargado de romper el hielo no fue ninguno de ellos. El primer testimonio de la mañana estuvo a cargo de Alan MacBride, una víctima del IRA que se desplazó hasta Euskadi para relatar su terrible experiencia. Su mujer, de 29 años, fue asesinada en un atentado cometido en 1993 en la pescadería de su padre, miembro de las milicias unionistas en Belfast. Durante un buen tiempo, MacBride se dedicó a seguir al mítico líder del Sinn Fein Gerry Adams allá donde iba. Su objetivo era interpelarle en persona por el atentado que le había destrozado la vida. También se sentaba junto a la tumba de su mujer y le escribía cartas. El dolor era insoportable. “Me quedé solo con mi hija de dos años”, contó.

Alan MacBride, una víctima del IRA que relató la terrible experiencia del asesinato de su mujer, de 29 años, en 1993.

Entre tanto sufrimiento, esta víctima decidió preguntarse quiénes eran los que estaban al otro lado del muro y cómo era la sociedad en la que vivían. “Yo no voy a justificar jamás a los que han arrebatado la vida a otros, pero sí hay que tener cuenta el contexto en el que se ponían las bombas y se asesinaba”, afirmó. Hoy MacBride forma parte de la iniciativa Wave Trauma Centre, un grupo de apoyo a víctimas de la violencia política en Irlanda del Norte. “Si queremos salir de la locura que vivimos, necesitamos las voces de todas las víctimas. Todas las voces tienen que ser escuchadas”, subrayó.

Luego hubo lágrimas. Lloró Blanca Roncal cuando recordó a su amigo y compañero Isaías Carrasco, el concejal de Arrasate que ETA asesinó en marzo de 2008. También lloró Encarni Blanco al traer a su memoria el infierno que vivió 1992 cuando la Guardia Civil le mantuvo incomunicada, un periodo en el que sufrió torturas. A Mouliá se le puso un nudo en la garganta cuando pensó en los funcionarios de Instituciones Penitenciarias que murieron en atentados. Por su parte, la ex concejala Maite Berrocal dijo que no quería llorar. Le costó, pero lo consiguió.

“No hay ninguna excusa para matar a una persona. La violencia está mal, me da igual que sea la de GAL o la de ETA”

“Voy a contar algo que poca gente sabe. En 1978 nos detuvieron a tres jóvenes por pegar carteles contra Martín Villa. De aquellas tres personas que estuvimos detenidas, uno acabó en ETA, otro es ertzaina y yo he sido concejala socialista”. En tal sentido, la exedil habló de lo que le supuso llevar escolta. “Dejé de ir de compras con mi hija, de subirme al coche con ella… No quería poner a mi familia en riesgo”, contó. “No hay ninguna excusa para matar a una persona. La violencia está mal, me da igual que sea la de GAL o la de ETA”, remarcó.

Su compañera Blanca Roncal describió cómo empezó su particular calvario. “Al principio solo eran insultos. Españolaza, fascista, asesina. Pero eso fue creciendo. Luego llegaron las amenazas, el señalamiento, las dianas”, contó. Su testimonio giró principalmente en torno a su etapa como concejala en Arrasate, donde se produjo el asesinato de Isaías Carrasco. “Era un chaval que se preocupaba por su barrio. Lo mataron porque no llevaba escolta”, dijo entre lágrimas. En esa línea, Roncal se refirió además a los 12 años en los que ella se vio obligada a vivir con vigilancia. “Yo le llamo libertad vigilada”, ironizó.

'Escuchar para construir la convivencia' era el lema de las jornadas.

“Un largo camino en soledad”

La sala Gasteiz del Palacio Europa también enmudeció con el relato de Encarni Blanco. “Estoy muy nerviosa. Es complicado desnudarse públicamente”, fueron sus primeras palabras. Poco después resumió su historia —y sus nervios— con una frase contundente: “Yo fui torturada por la Guardia Civil durante el tiempo en el que estuve incomunicada en comisaría”. Denunció además que el “Estado español ha permitido que eso ocurra” y lamentó que las personas que fueron víctimas de malos tratos por parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado han tenido que “recorrer un largo camino en soledad”. Lo más duro para mí, y para todas las personas que han sido torturadas —continuó—, es que no nos sentimos arropadas”. “He aprendido a sobrellevar esta mochila y vivir con ella”, subrayó.

"Lo más duro para mí, y para todas las personas que han sido torturadas es que no nos sentimos arropadas”

Rafael Isasi también habló sobre las torturas que sufrió al ser detenido por la Guardia Civil, aunque su relató se centró principalmente en la muerte de su hermano Alfonso y de Pilar Isasi en julio de 1990, cuando se dirigían a la cárcel de Zamora para visitar a un preso. “Yo sé que no los mató nadie, efectivamente fue un accidente, pero detrás hubo una decisión política”, afirmó. Por tales motivos, Isasi se preguntó “qué objetivo tiene continuar con la dispersión”. A su juicio, tal medida sólo puede estar justificada por un sentido de “venganza y provocar dolor”.

El alejamiento carcelario que se aplica contra los reclusos vascos también fue criticado por el exfuncionario de Prisiones Pepe Mouliá, quien tras revivir los duros años de las amenazas y atentados recordó que “ETA ya está desaparecida” por lo que ahora corresponde que “el Gobierno cambie de actitud”.

“Mirarnos a los ojos”

La mañana dejó otros momentos de especial dolor, como el ofrecido por Kandi Gómez cuando revivió el viaje desde Baiona hasta Vitoria para traer el cadáver de su hermano Enrique, asesinado por el BVE en 1979. “Estoy aquí para relatar mi experiencia y escuchar otras. Tenemos que poder mirarnos a los ojos, poder hablar, poder entender el sufrimiento del otro”, afirmó. Tras un largo aplauso, la última reflexión la dejó Kristian Herbolzheimer, representante de la organización internacional Conciliation Resources. “Este foro se tendría que haber hecho antes, pero no se pudo. Hace unos años era inimaginable. Hoy es posible; estamos avanzando hacia la paz”, resumió.

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