Público
Público

¿Ganará la niña?

La metáfora de Rajoy acabó adueñándose de su campaña

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Aquí he venido a hablar de dos cosas: de Iñaki Gabilondo y de los problemas que preocupan a los españoles”. Ese ha sido su arranque, día tras día, mitin tras mitin.

Durante toda esta campaña, el líder del PP se ha retroalimentado de las palabras que, fuera de micrófono, le grabaron a Zapatero en una entrevista para Cuatro. Le han dado mucho juego. Tanto que, incluso, le han permitido mostrar sus dotes interpretativas.

Al principio, Rajoy se subía al escenario y criticaba que el jefe del Ejecutivo socialista hubiera pedido “tensión, dramatismo y crispación”, aunque ésta última palabra no la llegara a pronunciarla jamás el presidente del Gobierno.

Era lo de menos. Después, comenzó a teatralizar. Era una escena en tres actos. En el primero pedía silencio a su auditorio. En el segundo introducía el misterio, señalando que Zapatero “habló muy bajito, lo hizo a hurtadillas, como si le diera vergüenza…”.

En el tercero llegaba al súmmum cuando, con un grito, declaraba: “¡Y le cachamos en las patatas!”, (que quiere decir, le pillamos con las manos en la masa) una expresión que excepto en Galicia, pocos entendían pero todos le reían al ver sus ojos como platos.

De anécdota a espectáculo

Desde luego lo que comenzó siendo una anécdota, terminó siendo un auténtico espectáculo. Pero no fue el único. La niña de Rajoy, aquella con la que se despidió en los dos debates con Zapatero, dejó la televisión para sumarse a sus intervenciones.

El presidente nacional del PP, quien se sirvió de una niña para explicar su proyecto para España tuvo la ocurrencia de trasladarla a los polideportivos y plazas de toros que iba visitando con gran éxito de público.

Así, la niña cobró vida: desde su nacimiento, -momento en el que el PP le garantizaba una guardería-, hasta su jubilación -con pensión y todo. Pero también adquirió un nombre y una fecha de nacimiento: Victoria si llegaba el 9-M.

Y Victoria Esperanza si el bautizo se retrasaba hasta el 10-M. Frente a las sombras de una posible sucesión, Rajoy se sacudía el tema aclarando que el nombre podía ser compuesto por la esperanza que le podía aportar a la sociedad un triunfo del PP.

Gracias a la criatura, Rajoy supo hasta por un momento lo que es sentirse estrella de cine con club de fans. Una corte de jóvenes, y no tanto, le acompañaron durante sus últimas intervenciones, luciendo camiseta y subidas al escenario, bajo la consigna de “Yo soy la niña de Rajoy”.

La economía, en el eje

Pero no todo iba a ser el Club de la Comedia. Y el dirigente conservador tenía claro que además de la parte que entretenía a su público también debía dar a conocer sus planes. Su prioridad, la economía.

De hecho y para apoyar sus palabras, el líder del PP se llevó un día a Manuel Pizarro a pasear con él por tierras burgalesas y otro a Rodrigo Rato, con parada en Barcelona.

También tuvo tiempo para defender su contrato de integración para los que vienen de fuera y para hablar de educación. En cada lugar hizo una defensa del castellano y anunció su firme intención de suprimir Educación para la Ciudadanía.

Y junto a todos estos asuntos, el agua también cobró relevancia. Sobre todo porque Rajoy no pronunció la palabra trasvase ni en Murcia, ni en la Comunidad Valenciana y, menos aún en Aragón. Sólo se le escapó en uno de los debates.

Para ahorrarse líos, trato de contentar a todos con la promesa de que se cumplirá el Pacto del Agua y luego el excedente se repartirá. Lo que no explicó es cómo se van a realizar las obras y menos aún si puede garantizar que sobre agua.

“Con cabeza y corazón” era su lema y se convirtió en su declaración de principios. “Una idea, una campaña” era su estrategia y se mantuvo fiel a ella a pesar de que tras el segundo cara a cara con Zapatero se imponía un giro.

El enredo de Irak

En sus filas esperaban que el PSOE atacara con las declaraciones de Gabriel Elorriaga a Financial Times, pero no que su “jefe” se enredara más de la cuenta con la guerra de Irak.

La “victoria rotunda”, según el PP, del primer debate fue más descafeinada en el segundo por mucho que le esperara otra fiesta de puro marketing electoral.

Con los suyos bien amarrados, el presidente nacional del PP se encargó de pedir el voto de los socialistas desencantados, de los de CiU, de todos aquellos que “no entendían nada”… Había que ir arañando de donde se pudiera. Pero la incursión de Aznar, pidiendo el apoyo del electorado de la izquierda no tenía sentido.

El gran protagonista de sus actos ha sido siempre Zapatero, el que tiene “cara de ursulina o de seminarista”. Para él es una persona que “huye de la moderación y del equilibrio” para ir “como un poseso pidiendo el voto de los radicales”.

Rajoy cree y así lo ha repetido hasta la saciedad que “otros cuatro años de Zapatero es jugar a la ruleta rusa” y que lo que “le conviene a España es un gobierno del PP”.  

También le ha tocado abordar asuntos espinosos. Sobre todo aquellos que calificó como “los dos grandes fracasos de Zapatero durante esta legislatura”: el diálogo con ETA y las reformas territoriales.

Se comprometió  a no negociar nunca con la organización terrorista, acusó al presidente del Gobierno de mentir a los españoles, defendió a la nación española por sus más de 500 años de historia... Su mensaje final fue el de que hay que buscar “todos juntos y unidos” la derrota de la banda terrorista.

Pero ya no era en un mitin sino en una declaración en la sede del partido, justo después del asesinato de Isaías Carrasco. Ayer, por culpa de ETA, la campaña quedó muda.