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Grandes movimientos políticos, pequeños cambios de voto

En un contexto sin cambios en el juego de PSOE y PP, las tendencias de voto a las fuerzas menores sí han evolucionado significativamente

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Pese a los importantes movimientos que se han producido en las políticas del Gobierno desde mediados de diciembre, no hay cambios significativos en las perspectivas de voto de los dos partidos principales. Más bien parece que los movimientos del Ejecutivo consolidan las tendencias electorales tal como estaban ya en octubre y como quedaron a finales del año pasado tras el breve fulgor del nuevo Gabinete, con 13 puntos a favor del PP. Tampoco han variado significativamente las valoraciones de los líderes del PSOE y el PP. De octubre a enero la puntuación media de José Luis Rodríguez Zapatero ha variado una décima de 3,3 a 3,2, y lo mismo la de Mariano Rajoy de 4,2 a 4,1.

Con pequeñas fluctuaciones coyunturales, ambos están clavados en la misma posición: el presidente del PP, desde el principio de esta legislatura; el jefe del Ejecutivo, desde que se consumó el giro de las políticas económicas que motivó la huelga general del pasado 29 septiembre.

La intención de voto a IU es muy lábil: podría subir o decaer, según las circunstancias

Esto no significa que las cosas estén claras para todos los electores. Por el contrario, la proporción de indecisos sigue creciendo, y en enero ha alcanzado el máximo, subiendo un par de puntos respecto a diciembre y casi cuatro respecto a octubre. Entre abstencionistas e indecisos que son también probables abstencionistas estamos ya en las tasas de intención de voto más reducidas desde que empezó la crisis.

En este contexto de baja participación, en el que no ha cambiado la correlación entre los dos partidos principales desde octubre, las tendencias electorales de los partidos menores han evolucionado significativamente.

Izquierda Unida se mantiene, en las tendencias de voto, en una posición que duplica casi su resultado electoral anterior. Es una posición que se ha consolidado durante estos últimos meses, en paralelo con las fuertes pérdidas de voto del PSOE y como consecuencia directa de ellas.

El espejismo de UPyD, que antes ilusionaba a electores de PSOE y PP, se está esfumando

Lara, refugio de la izquierda

Con el 7,5% del voto válido recuperaría el tercer lugar, claramente por encima de los demás partidos menores. Sin embargo, las intenciones de voto a la federación liderada por Cayo Lara son muy lábiles, porque no se fundan ni en su discurso político ni en sus líderes.

Esas intenciones podrían mantenerse, e incluso subir o decaer, según circunstancias que afectan sobre todo a su electorado potencial. Por una parte, la tendencia a funcionar como voto de refugio de electores de izquierdas, que es lo que refuerza hoy su posición y lo que podría mantenerla en las elecciones si el PSOE no lograse superar el rechazo que sufren entre sus votantes las políticas del Gobierno. Pero, por otra parte, está la tendencia al voto estratégico, o voto útil, al que induce la polarización electoral, que le haría perder en las urnas muchas de las intenciones declaradas antes.

Parece probable que se condense el voto en torno a una futura lista verde unida

Unión Progreso y Democracia ha ido experimentando durante esta legislatura un deterioro de sus perspectivas electorales que se ha precipitado en enero. Hace dos años, en enero de 2009, superaba en voto a IU (6,0% frente a 5,0%). En enero de 2010, la formación había perdido ya algo de voto y empataban (5,1% frente a 5,2%). Ahora, en enero de 2011, la tendencia de voto del partido de Rosa Díez ha caído por debajo del 3%, menos de la mitad que IU.

Las pérdidas de hoy tienen el mismo origen que las ganancias de sus comienzos: las transferencias de votos del PSOE y el PP. Hace dos años la opción de Díez producía una ilusión de alternativa tanto a votantes conservadores como a votantes socialistas y restaba votos a uno y otro partido. Ahora parece estarse esfumando el espejismo, precisamente por la dificultad de que parezca verosímil desde perspectivas tan opuestas.

También han evolucionado significativamente las tendencias de voto de los principales partidos nacionalistas. Los del centro derecha civilizado, que son hegemónicos en su campo en Catalunya y en Euskadi, CiU y PNV, han consolidado sus posiciones, con tendencias de voto claramente superiores a su resultado electoral. Ahora tendrían, tendencialmente, entre un cuarto y la mitad más de votos que en 2008.

Los nacionalistas minoritarios más radicales de los que en las tablas del Publiscopio sólo se estima individualizadamente ERC, pero entre los que hay que contar también a Eusko Alkartasuna y la izquierda abertzale parecen haber perdido parte de su voto, reducido a menos de la mitad en el caso del partido catalán.

En Galicia no hay partido nacionalista de centro derecha, porque ese espacio (y quienes lo ocupaban) fue fagocitado por el PP de Manuel Fraga antes de consolidarse. La evolución de las expectativas electorales del BNG es en parte, por ello errática. Después de perder el Gobierno autonómico subió, paradójicamente, su tendencia de voto para generales, como una reacción transitoria. Ahora ha vuelto a su posición inicial, la que ocupaba en los resultados electorales últimos, con un 0,8% del voto nacional.

Las estimaciones sobre Coalición Canaria, el partido que lleva ahora las riendas del Gobierno del archipiélago en solitario, y que normalmente no se publican en el Publiscopio por ser su muestra demasiado reducida, se han mantenido desde octubre en torno al 0,7% del voto nacional, que es también su resultado electoral último.

En cambio, las listas extraparlamentarias, que van en la categoría Otros, han ido subiendo entre octubre y enero hasta un par de puntos por encima de las estimaciones anteriores (y de su resultado electoral), hasta sumar aproximadamente un 5% del voto. Se necesitarían muestras más amplias para afirmarlo con seguridad, pero parece probable que esos dos puntos de crecimiento haya que atribuirlos a una incipiente condensación del voto a una futura lista verde unida, que se ha ido configurando durante estos meses.

Todos estos pequeños movimientos en las tendencias de voto van a ser afectados, con seguridad, por las movilizaciones de las próximas elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo, y está por ver si salen de ellas fortalecidos o debilitados, cuando, a partir del verano, se encaren las elecciones generales. Y en ello será también decisivo lo que suceda, a partir de entonces, con las tendencias de voto de los dos partidos principales.

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