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¿Hasta cuándo, Andalucía, abusarás de nuestra paciencia?

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Habría bastado con que unos pocos cientos de miles de andaluces más de los que lo hicieron hubieran votado el domingo como Dios manda para que Andalucía diera un salto de gigante en la consideración de los analistas, sociólogos, articulistas, pensadores e intelectuales orgánicos e inorgánicos de la derecha española. Y eso que llevaban tiempo aguantándose. Arrumbado desde hace años y cogiendo polvo en los desvanes de la terminología derechista el entrañable concepto de ‘voto cautivo', con el que en otro tiempo los portavoces de las Derechas Autónomas Antisocialistas sintetizaban hegelianamente las razones de su sempiterna derrota en Andalucía, la verdad es que últimamente tales portavoces se habían moderado mucho. Apenas hablaban ya del régimen, de los subsidios o del PER.

Sin duda temían irritar imprudentemente a muchos votantes de izquierdas, con el grave riesgo de despertar sus peores instintos electorales. Si estaban dormidos y decididos a no votar, mejor no tentar la suerte. Se ve que los inmortales cráneos estaban esperando a ver qué pasaba el día 25 de marzo para así poder dictaminar, como habían soñado, que esta tierra se liberaba al fin del vergonzoso lastre de su dependencia clientelar del Estado o que, por el contrario, seguía optando durante los próximos cuatro años, como en efecto ha ocurrido, por pasarse todo el santo día sesteando en los bares y las plazas de la Andalucía interior a la espera de que los presupuestos públicos les sigan resolviendo la vida.

Pues bien, unos cientos de miles de votos y los cinco diputados que separan al PP de la mayoría absoluta y de la posibilidad de gobernar han impedido que las élites ilustradas de la derecha española se hayan visto dolorosamente obligadas a mantener viva su tesis de toda la vida: los andaluces siguen siendo unos paniaguados, unos vagos, unos pícaros y unos perezosos, una gente deseosa de vivir del cuento a costa del Estado y la España que se esfuerza como tiene que esforzarse, emprende como tiene que emprender y, sobre todo, vota como tiene que votar.

¿Pero son así todos los andaluces? Por fortuna, no todos son así. De hecho, ni siquiera la mayoría de ellos son así. En concreto, sólo lo son 1.523.465, que es el número de votos cosechados por las diabólicas siglas socialistas, encabezadas por Pepe Griñán, también conocido como Pepe Satán, si bien a esa cifra hay que sumarle los 437.445 votantes medio comunistas que han votado a Izquierda Unida. La fijación, no obstante, de la derecha es sobre todo con los pesebreros que votan al PSOE. Uno de los cráneos privilegiados del periodismo andaluz lo ha explicado con este sencillo razonamiento aritmético: 'Si se hace el ejercicio de dividir el número de votos del PSOE en las últimas elecciones por cuatro -término medio de una familia-, saldrá muy aproximadamente el número de aquellos que viven de alguna manera del presupuesto público'.

Pero, gracias sin duda a Dios y a los periódicos de derechas, no todo está perdido. Frente a ese 1.523.465 se alza otro 1.567.207, que ha sido el número de votantes del PP. Seguro que si lo dividimos por cuatro -término medio de una familia- nos sale aproximadamente el número de aquellos andaluces que viven por sus propios medios, sin milongas, sin PER, sin subsidios, sin sopa boba. En las manos de ese 1.567.207 dividido por cuatro está el futuro de esta tierra. No son muchos, pero tampoco era muy numeroso aquel puñado de griegos que vencieron a los persas innumerables en Salamina y todavía se sigue hablando de ellos.

¿Hasta cuándo, Andalucía, seguirás abusando de la paciencia de los mejores? ¿Hasta cuándo viviendo del esfuerzo de 1.567.207 partido por cuatro? ¿Cuándo podrán de una vez por todas, oh tierra ingrata, hablar bien de ti las mentes más lúcidas de este país? ¿Cuándo te decidirás al fin a pensar lo que hay que pensar y a votar lo que hay que votar, pues solo cuando lo hagas podrá quedar limpio tu nombre y recuperar el antiguo brillo y el recordado esplendor que tuvo en tiempos no tan lejanos, cuando tu gracia y tu salero eran reconocidos en el mundo entero y tus hijos sabían de verdad lo que era el respeto y la consideración a las personas de bien y jamás olvidaban cuál era y dónde estaba verdaderamente su sitio, ya que si lo olvidaban se veían obligados a emigrar a otras tierras o incluso a acabar con sus huesos en sitios peores donde ya les enseñarían lo que es bueno?

Pues bien, eso y no otra cosa, hacerles saber lo que es bueno y lo que más les conviene, eso es lo que persiguen el Partido Popular, el Gobierno de España y sus finos propagandistas y hábiles pensadores. 1.567.207 andaluces ya lo saben, pero queda 1.523.465 que todavía se resiste. Convencerlos es solo cuestión de tiempo. Es verdad que 30 años no han bastado para lograrlo, pero, salvo cuando se le cruzan los cables, la derecha acostumbra a ser paciente, pues no en vano suele estar sobrada de tiempo y de dinero. Y de periódicos, por supuesto.

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