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Inmigrantes sin papeles denuncian maltratos y vejaciones en Valencia

La jefatura de policía niega que existan irregularidades

BELÉN TOLEDO

'Se me acercó el director del turno de noche y me insultó. Luego me dijo: Qué derechos humanos y qué Papá Noel, tú tienes todas las de perder', y me dio un golpe con fuerza en el cuello'. Es el testimonio, escrito a mano, de uno de los internos del Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Valencia. Su carta, firmada también por otros compañeros que presenciaron los hechos, forma parte de la denuncia que 21 asociaciones y ONG formalizaron el martes en un juzgado valenciano.

Fuentes de la Jefatura Superior de la Policía en Valencia aseguraron sin embargo, preguntadas por este diario, que 'la policía lo desmiente todo' e indicaron que existe un informe de la fiscalía competente que dice que el CIE funciona correctamente y no existen irregularidades, aunque no quisieron dar más detalles.

Por su parte, los colectivos denunciantes, agrupados en la plataforma Campaña por el Cierre de los CIE, han puesto en conocimiento del juez que en el centro se registran palizas, insultos y castigos colectivos. Acompañan su denuncia con varios testimonios y decenas de firmas. Recuerdan que los inmigrantes que ocupan los CIE no han cometido delito alguno, 'más allá de no tener permiso de residencia, que es una falta administrativa, como una multa de tráfico', destacó ayer Salva Lacruz, portavoz de la campaña. La ley permite que los inmigrantes sean recluidos durante un máximo de 60 días en estos centros. Después, deben ser expulsados del país o liberados.

La Ley de Extranjería permite a la policía tomar medidas contra los internos, consistentes en 'contención física personal o separación preventiva del agresor en habitación individual'. Pero los agentes, siempre según la denuncia, van mucho más allá. Los testimonios detallan una paliza a uno de los internos que le dejó inmovilizado el brazo durante días. Y cómo un grupo de internos fue obligado a permanecer en el patio con los brazos en alto, bajo la lluvia, una hora y media, en respuesta a una huelga de hambre.

Además de los malos tratos, los inmigrantes narran rutinas humillantes. Por ejemplo, afirman que durante toda la noche no se les permite acudir al inodoro y tienen que orinar en botellas de plástico o en el lavabo de la celda, que comparten seis personas, que durante varios días de diciembre no hubo agua caliente en las duchas o que sólo hay mantas de 1,50 metros, de forma que a los más altos solo les cubre 'hasta el ombligo'.

Sus familiares tienen que hablar con ellos a través de pequeñas ventanas en una sala vigilada. Los internos no pueden tocarlos. '¿Cómo puede ser que un asesino tenga bis a bis y nosotros, por extranjeros, no podamos ni tocar a nuestras familias?', se preguntaban ayer.

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