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Llamazares busca sitio en el Gobierno de Zapatero

La victoria del presidente en los debates infundió ánimos en IU: el miedo al voto útil se alejaba. El coordinador quiere estar en Moncloa para girar a la izquierda y capitalizar logros sociales

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No lo quisieron ver en televisión sacando la piel a tiras a Mariano Rajoy y a José Luis Rodríguez Zapatero. No le reservaron sitio en el plató el 25 de febrero y el 3 de marzo. No tuvo la oportunidad de contrastar sus propuestas de “cambio de izquierdas” con los dos grandes combatientes a la Moncloa. Pero Gaspar Llamazares ganó el debate.

Él también. Paradójicamente. Deshecho el empate que las encuestas de comienzo de campaña otorgaban a PSOE y PP, la victoria a los puntos del presidente del Gobierno en el primero duelo televisivo y por holgada mayoría en el segundo alivió el agobio de Izquierda Unida. Era posible. Había hueco para colocar el mensaje, para explicar a los votantes que en 2004 confiaron en el PSOE que no hacía falta la “transfusión roja”, que el triunfo de Zapatero no corría peligro, que podían votar “libremente” a IU sin miedo a la vuelta del PP al poder.

Ese análisis inundó la cúpula de la federación, y al propio candidato, desde el primer superlunes y, con mayor intensidad, en la segunda semana de campaña. El discurso de Llamazares se vistió de una distinta urgencia. La primera prioridad para IU era luchar contra el “voto fútil, inútil” al PSOE. Lo subrayó en Zaragoza, Valencia, Murcia. En Pamplona, donde ejemplificó cómo la confianza a los socialistas en las autonómicas sólo sirvió para mantener en el Gobierno foral al conservador Miguel Sanz.

Pero Llamazares orientó después su mensaje hacia Zapatero. Con agresividad nada disimulada. Le acusó de “egoísmo” por querer “rebañar” sufragios en caladero ajeno, de llamar a IU “hipoteca” de la legislatura. De seguir una estrategia “fraudulenta” e “inmoral”, como denunció en Público.

Aunque si el adversario te roba, roba tú también. El candidato cogió carrerilla y se lanzó a pedir el voto a todos los electores potenciales. A los obreros en Gijón, a los “socialistas de verdad” en Valladolid, a los “cristianos de base” en Bilbao, a los jóvenes “normales” en Sevilla. Y mientras combinaba el palo al PSOE, le asomaba la zanahoria: la posibilidad de un pacto con IU con programa por delante y la garantía de una política de izquierdas mucho más expansiva que en esta legislatura. “Evitemos que Zapatero acabe como Felipe González”, con mayoría absoluta, alertó. Barricada al “absolutismo” y la “prepotencia” del Ejecutivo.

Sindicalistas, mujeres, intelectuales

Si en algo se ha empleado a fondo esta semana Llamazares ha sido en su postulación a Zapatero. IU quiere entrar en el Gobierno para cambiar, y no sólo reformar. Capitalizar también los logros sociales, que durante cuatro años ha patrimonializado el PSOE. “¿Y tú qué vas a hacer?”, le espetó al presidente en un inédito tuteo en Barcelona. “¿Negociarás una mayoría de izquierdas o te refugiarás en la derecha nacionalista?”. El reto se repitió en cada mitin. Zapatero debía aclarar quién sería su novio. Y si se decidía por CiU, o por PNV –con quien IU gobierna en Euskadi, y a quien no ha combatido en campaña–, Llamazares no estaría ahí.

El candidato ha intercalado sus propuestas –justicia fiscal, lucha contra la corrupción, mayor gasto social, laicización del Estado, educación, sanidad y empleo de calidad o derecho a la vivienda– con la censura al “bipartidismo feo” de ZapaRajoy y RajoyPatero y el apoyo de los sectores amigos. Los sindicalistas –más de 600 firmaron un manifiesto de respaldo–, las mujeres y un centenar largo de gurús de la cultura.

En IU están “satisfechos” con la campaña. Hasta anteayer. El zarpazo de ETA se leyó como trasvase al PSOE. Otra vez. La pesadumbre arreció. Difícil era amarrar el acta de Valencia tras la asonada interna. Difícil era trasladar que IU se juega los escaños con el PP, no con el PSOE. Difícil era sacar la cabeza en campaña. Difícil era sobrevivir, aguantar el 5% y los cinco escaños. Pero ETA sentenció. Nueva prueba para Llamazares. Y ahora los suyos no le pasarán ni una. Le rendirán cuentas en el siguiente asalto, la IX Asamblea.