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"El mayor ataque al Estado desde el 23-F"

Artistas e intelectuales apoyan un encierro hasta el día en que el Poder Judicial decide si suspende a Garzón. Ver fotogalería

D. B.

Almodóvar, José Sacristán y Pilar Bardem, en un acto de este martes. AFP

De vuelta a la universidad para luchar contra los mismos enemigos. Una decena de artistas e intelectuales mostró ayer su solidaridad con el juez Baltasar Garzón, acusado de prevaricación a petición de Falange Española por tratar de investigar los crímenes de los golpistas de 1936. Indignados por tener que volver a la lucha antifranquista, los creadores acudieron a la llamada de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) a un encierro permanente en protesta hasta que el Consejo General del Poder Judicial tome la decisión de inhabilitar al juez Garzón, acusado de prevaricador.

"Como si tuviera 18 años, vuelvo a la calle de San Bernardo, donde estaba la Facultad de Políticas, a las mismas aulas donde nos encerraba la policía franquista", recordó la actriz de 71 años Pilar Bardem en un pequeño auditorio de la Universidad Complutense de Madrid. "Dirán que he dicho una barbaridad, pero lo que está sucediendo es el mayor ataque a la democracia desde el 23-F", añadió.

Almodóvar: "En mis peliculas negaba a Franco por venganza"

El encierro servirá como foro público en solidaridad con el juez. El colectivo de familiares de víctimas del franquismo prevé organizar en el número 49 de la calle de San Bernardo actividades culturales para cuya colaboración se ofrecieron ayer artistas como el poeta Luis García Montero. "Como el verso de Rafael Alberti, esta mañana amor tenemos 20 años. Es imposible no sentirse así al volver a una asamblea de universidad para defender la dignidad frente a Falange Española. Eso nos dice que algo se ha hecho mal. Si el Estado hubiese depurado las responsabilidades del franquismo y hubiera reparado a sus víctimas, no habría sido necesario el caso abierto por Garzón ni este acto", expresó el autor granadino de Habitaciones separadas.

La sensación de vuelta al pasado de las pancartas de facultad fue explicada por el director de cine Pedro Almodóvar. "Cuando hice mis primeras películas en 1980, tenía como norma no citar a Franco. Negaba su existencia. No era falta de memoria, sino que me parecía la mayor de las protestas. Las chicas delirantes de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón no habían nacido en la dictadura. Mi venganza era no recordar su existencia".

"Ninguna ley del mundo amnistía genocidios", dice Juan Diego Botto

El realizador expresó que detrás de los movimientos de apoyo a la memoria histórica no se mueve la venganza o el odio. "Pongo como ejemplo al poeta Marcos Ana que, después de pasar más de 20 años en prisión, en sus memorias oculta la identidad de los que lo detuvieron. Y se acuerda perfectamente, pero no le mueve el odio", añadió.

Un ex preso político, Gervasio Puerta, que estuvo condenado a muerte, completó la impresión de Almodóvar: "Aceptamos la reconciliación y renunciamos al odio pero hay parte de la Justicia con la que no puedo estar de acuerdo".

Como portavoces de una nueva generación que creció en la democracia, hablaron el actor Juan Diego Botto (1975) y el cantautor Ismael Serrano (1974). Botto, como familiar de desaparecido de la dictadura argentina, criticó la negativa de la Justicia a investigar: "Ninguna ley del mundo amnistía los genocidios".

Serrano explicó que su canción Papá cuéntame otra vez fue un "reproche" a la generación de sus padres "por abandonar sus ideales".

El actor José Sacristán, de 72 años, inauguró la retahíla de críticas al auto del Supremo que acusa de prevaricador al juez Garzón. "Corren malos tiempos para la democracia. Tengo una edad y acumulo una serie de datos que me hacen pensar que el escrito contra Garzón es de una moral intolerable", reflexionó. "Ayer fui a un reestreno de Casablanca en Callao que se proyectó con una pieza del NoDo. A la salida del cine, pensé: ¡Pero qué coño es esto!", añadió.

La mayor parte de los intelectuales descartó entrar al debate jurídico que envuelve la acusación a Garzón con el objetivo de no desviar el foco del debate a los libros de Derecho. "No es cuestión de un tecnicismo. Si la democracia hubiera roto sus vínculos con el pasado, no sería necesario este acto ni siquiera el proceso abierto por Garzón. He oído a un juez decir que nadie está por encima de la ley. La Justicia sí está por encima de la ley. Lo único infalible hasta ahora era el Papa y parece que últimamente está un poco falible", ironizó la escritora.

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