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Navarra, un territorio hostil para el PP

Es improbable que se marchen con Rajoy miembros del Gobierno o diputados forales

AMAIA URIZ

La que fuera la sede del PP antes del pacto de 1991 está en obras. Se trata de una entreplanta de un edificio anodino en la plaza Príncipe de Viana, en el centro del ensanche de Pamplona. En esta misma plaza, UPN tiene su sede. El local desde el que presidió Jaime Ignacio del Burgo la entonces recién nacida formación conservadora (refundada de tres partidos, uno de ellos el del propio Del Burgo) es propiedad de Caja Navarra. El presidente de la entidad financiera es Miguel Sanz. Aunque disponible, todo indica que Del Burgo no volverá a su antiguo baluarte. También está en duda con quien emprenderá la mudanza. En UPN no queda casi nadie del PP.

No se cuentan conservadores ni en los órganos del partido (sólo Calixto Ayesa, protegido de Del Burgo, forma parte del Comité Ejecutivo), ni en las instituciones forales. Los cinco consejeros y las cuatro consejeras del Gobierno de Navarra son fieles a Sanz. Los 22 parlamentarios forales de UPN están ligados al partido regionalista, algunos desde hace lustros, al igual que los alcaldes de ciudades importantes como Tudela, Barañáin y Estella.

Los pocos nombres no regionalistas que habían aguantado el paso del tiempo ya están en Madrid: José Ignacio Palacios y José Cruz Pérez Lapazarán en el Senado. El diputado Santiago Cervera nunca fue del PP, ni de Sanz. Tampoco su compañero en el Congreso Carlos Salvador, que proviene de las Juventudes de UPN y mantiene un papel más discreto. En Bruselas está Javier Pomés, con carné de UPN, pero que debe sus años de parlamentario europeo al PP.

Con esta situación, el PP no lo tiene fácil para refundar el partido. Del Burgo siempre ha contado con sus seguidores, pero el grupo ha ido mermando con los años. Y Cervera, recordado como un buen consejero de Sanidad, está ligado a episodios controvertidos difíciles de aceptar en ámbitos conservadores. Rajoy necesita a otra persona en Navarra.

La opinión pública foral asegura que la maniobra de estar presente con sus propias siglas no es tan descabellada, pues son muchos los que afirman que tiene crédito entre los votantes de la derecha. Pero el impulso tiene que venir de las alturas y Rajoy demostrar capacidad de conquista. Todo apunta a que le gustaría que su hombre en Navarra fuera una mujer: Yolanda Barcina, alcaldesa de Pamplona. Fue consejera del Gobierno de Navarra, pero no se afilió a UPN hasta que se presentó a la
Alcaldía de Pamplona. No consta que perteneciera al PP en su juventud.

Ha sido Barcina la principal interesada en que el pacto no se rompiera. A ella se deben maniobras para que el desencuentro entre el PP y UPN quedara en un cese temporal de convivencia. Barcina se postulaba sin contrincante a la Presidencia de UPN, que Sanz aseguró que pensaba abandonar en el congreso que el partido celebra la próxima primavera.

Sólo esta última semana, se ha escuchado el nombre del secretario general de UPN, Alberto Catalán, como otra alternativa para sustituir a Sanz.

Barcina llegó a manifestar que ella no pensaba en futuro si UPN y el PP se rompían. Los hay que dentro de UPN comienzan a tildar su postura de tibia. Pero el lunes votó con todos los demás (salvo Ayesa) a favor del comunicado con el que UPN ha roto con el PP.

En el grupo municipal de Pamplona nadie habla. Es un grupo compacto, elegido personalmente por quien lo preside, Barcina. Si algo caracteriza su hacer político es que su organigrama funciona más como un gabinete ejecutivo que como grupo municipal. No en vano, en los mentideros del Ayuntamiento a Barcina no se la conoce como la alcaldesa. Todo el mundo se refiere a ella como "la presidenta".

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