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"No se tiene en cuenta el riesgo de nuestro trabajo"

Las mariscadoras gallegas están obligadas en la práctica a seguir faenando más allá de los 65 años

MARIOLA MORENO

Encaramadas a una roca, guardando el equilibrio mientras sortean las olas; o encorvadas en la playa, armadas con un sacho y un rastrillo. En Galicia, el marisqueo a pie, profesión dura como pocas, es cosa de mujeres.

"Lo mínimo que deberíamos ganar al mes son 900 euros, pero no los sacamos", cuenta Mari Carmen, mariscadora en Corme, municipio coruñés con fama de criar el mejor percebe del mundo. Por jornadas que nunca bajan de las cuatro horas diarias, que transcurren en las condiciones ambientales más extremas, estas mujeres obtienen unos ingresos próximos al salario mínimo. "No se tiene en cuenta el riesgo que lleva aparejado nuestro trabajo", reprochan a continuación las percebeiras de A Costa da Morte.

La economía doméstica de estas mujeres apenas mejora con la jubilación. A pesar de que por ley tienen derecho a una pensión similar a la del régimen agrario y que en ningún caso supera los 600 euros, para cobrarla es imprescindible que hayan cotizado durante al menos 15 años. El problema al que se enfrentan muchas de las mariscadoras es que hasta el año 2000 no era obligatorio el pago de las cuotas a la Seguridad Social. Además, esta norma, pilló con edad muy avanzada a muchas de estas trabajadoras. Para evitar que quedaran en la indigencia con el paso a la inactividad, ya que con la jubilación pierden el permiso legal para mariscar, el bipartito (PSOE y BNG) estableció una ayuda de 557 euros mensuales para estas mujeres, al tiempo que la Xunta de Galicia cotizaba por ellas hasta que completaban los 15 años requeridos para acceder a la pensión.

Sin embargo, el pasado 19 de enero el Gobierno de Alberto Núñez Feijóo (PP) eliminó el subsidio del que se beneficiaban en torno a un millar de mariscadoras.

"Hay situaciones sangrantes de mujeres que viven solas y que de la noche a la mañana se han encontrado con que ya no tienen nada y que la única alternativa que desde la Consellería do Mar se les ofrece es volver a salir a mariscar", cuenta Natalia Laíño, presidenta de la Asociación Galega de Mariscadoras (Agamar).

"No se tiene en cuenta el riesgo que lleva aparejado nuestro trabajo"

Por este motivo, el colectivo acusa al Ejecutivo gallego de "discriminar" a estas mujeres. "El nuestro es un trabajo muy duro como para seguir realizándolo más allá de los 65 años. Entendemos que son tiempos difíciles y que hay que hacer ajustes y recortes, pero el ahorro que supone la medida es mínimo comparado con los derroches en los que se incurre muchas veces", añade.

Se refiere Natalia Laíño a la licitación de una goleta sacada a concurso por valor de un millón de euros "para recuperar las embarcaciones gallegas tradicionales". "Se ha eliminado el único modo de subsistencia de muchas mujeres. Además, obligar a volver al mar a una mujer de esta edad significa no dejar paso a personas más jóvenes. ¿Y qué empresa va a querer contratar a unas mujeres que llevan toda la vida dedicadas al mar?, se interroga la presidenta de Agamar.

La asociación de mariscadoras considera que la decisión supone un "atropello" para estas trabajadoras y la oposición acusa al Gobierno de "cebarse con los más débiles". Por su parte, la conselleira do Mar, Rosa Quintana, ha zanjado el problema argumentando que "no quiere un sector subvencionado" que se dirija a ella "arrodillado".

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